Distinta, a un paso

Piedras Coloradas es una playa situada a sólo 5 km de Las Grutas. Sus peculiares rocas le dan una fisonomía única junto a los barcos de pescadores.

Redacción

Por Redacción

A sólo 5 km al sur de Las Grutas, el verano transcurre a otro ritmo. El rumor de las olas es la banda sonora que acompaña las tardes de los turistas, que si llegan aquí es porque privilegian el contacto con lo natural.

La calma, que a veces escasea en otros puntos de la costa, es el lenguaje que comparten tanto los visitantes como los prestadores de servicios, que vuelven más amena la estadía en el lugar.

Al llegar, el paisaje sorprende, porque conjuga los elementos que los amantes de distintos estilos de playa buscan a la orilla del mar. Tanto los que ansían tenderse en un mullido colchón de arena como los que disfrutan de la caprichosa arquitectura que diseñan las rocas estarán satisfechos con este rincón. Las dunas, que en algunos puntos se vuelven abruptas, se muestran ideales no sólo para disfrutar de ese confortable contacto que transporta al relax, sino también del sandboarding. Ese deporte es el que se practica con tablas llamadas sandboard, que permiten deslizarse desde la cúspide de los médanos. En uno de los paradores del balneario estos implementos se alquilan, para que los aficionados o los que quieran probar la disciplina puedan animarse al vértigo.

En el caso de las rocas, sus rojizos destellos son los que le aportan su nombre al sector. Ese matiz encendido se debe a la presencia de un mineral llamado feldespato. Ese dato y su antigüedad, ya que poseen cerca de quinientos millones de años, debido a que datan del período precámbrico, hacen que muchos mencionen su particular “energía”. Al atardecer, en las cercanías de algunas de ellas, es común divisar a alguien realizando alguna postura de yoga, o entregado a ejercicios de meditación.

La galería de imágenes que depara el lugar parece inagotable. Es que a sus atractivos naturales se suman detalles pintorescos, como el trajín de las lanchas de pesca artesanal. Antes de la caída del sol las rústicas lanchitas, pintadas de amarillo, retornan a la costa luego de la jornada de pesca. La labor de descarga y el desfile de cajones que suelen mostrarse repletos de piezas relucientes es un espectáculo digno de presenciar. La bella postal se completa con una pequeña biblioteca construida en adobe, que alberga títulos que se prestan a todos los que quieran acercarse, para sumergirse en el universo de la lectura y deleitarse al borde del agua.

(Agencia San Antonio)

Las

Grutas

La jornada de playa se disfruta ya sea desde la sombra de las pintorescas carpitas o al borde del agua.


A sólo 5 km al sur de Las Grutas, el verano transcurre a otro ritmo. El rumor de las olas es la banda sonora que acompaña las tardes de los turistas, que si llegan aquí es porque privilegian el contacto con lo natural.

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