La casa revuelta

Weretilneck busca un equipo comprometido con su sector.

Redacción

Por Redacción

alicia miller amiller@rionegro.com.ar

El gobernador Alberto Weretilneck hizo y dijo todo lo que estuvo a su alcance para evitar que el debate por su sucesión se acelerara. No fue suficiente. Hoy, su propio gabinete es el tablero en el cual varios grupos juegan los movimientos decisivos de esa compulsa. No es una buena noticia para el mandatario. Durante dos años buscó generar disciplina y ordenar la acción y la expresión, reservando una y otra en sus manos y la de sus más fieles aliados. Hoy, ministros salen a cuestionar sus decisiones. Y Weretilneck manda a responder a legisladores de segundas líneas, lo que lo muestra débil de espaldas. Además, cuando un funcionario se va sólo cuenta para reemplazarlo con su entorno más cercano. Esto sucedió, por caso, cuando designó a Jorge Maljasian al frente de Tren Patagónico. Integró su municipal en Cipolletti, y llega sin conocimiento del tema ferroviario a una empresa con problemas serios. Aun así, el escenario del conflicto tiene hoy dos ejes centrales: los excesos verbales del ministro de Obras Públicas, Fernando Vaca Narvaja, y la rebeldía del titular de Desarrollo Social, Ernesto Paillalef, que ahora rehúsa pedir la renuncia a dos integrantes de su equipo de colaboradores. Vaca Narvaja es una personalidad política fuerte y reacio a la sumisión. Desde su asunción en el Ejecutivo, accedió a ocupar un lugar que nadie envidiaba y para el cual tampoco tenía formación previa: estar a cargo del Tren Patagónico le dio siempre más problemas que réditos. Después de algunos tropiezos, logró consolidar un equipo con el personal técnico y de planta, y mejoró las condiciones del servicio. Por su gestión, precisamente, Weretilneck lo ascendió a ministro de Obras y Servicios Públicas. Ahora, Weretilneck no le objeta resultados sino palabras. Le molestó que ante el gabinete cuestionara la política de restricción de gastos señalando que va en desmedro de las obras y políticas públicas. Cuando, hace unos días, el ministro dijo a este diario que esperaba que Economía le enviara los fondos de asignación específica y habló de “errores políticos” del gobierno, colmó la paciencia del mandatario. Ni siquiera el empeño del vicegobernador Carlos Peralta –que defendió a Vaca Narvaja por su condición de peronista– bastaría para mantener al exmontonero en su sillón. Weretilneck se fue de vacaciones y mandó de recaderos a hablar en público a los legisladores Arroyo y Barragán. Pero todo lleva a suponer que, si bien preferiría la renuncia de Vaca Narvaja, a su regreso lo relevará del cargo. Si no lo ha hecho aún es porque mide los costos políticos de tal decisión. Principalmente, el malestar que podría generar en integrantes del gobierno nacional. Varios de ellos se comunicaron en estos días con Vaca Narvaja para expresarle su solidaridad. Por un camino similar transitan los escarceos con Paillalef y otros dirigentes del Movimiento Evita. La diferencia, en todo caso, es que Vaca Narvaja no tiene un soporte político orgánico, al estilo del que sí respalda al ministro roquense. Paillalef, en un principio, había accedido a los cambios en su equipo que le pidió Weretilneck. Fue la legisladora Silvia Horne, referente del Movimiento Evita, la que influyó luego para modificar su postura: no habría cambios sin un acuerdo marco sobre acciones de gobierno, sobre la base de lineamientos políticos. Tal condicionamiento, y la eventualidad de que el Movimiento Evita diera un portazo y se fuera del gobierno argumentando que éste había dejado de ser kirchnerista, irritó y preocupó al gobernador. Ese sector ingresó al gobierno en septiembre del 2012, al finalizar el enfrentamiento de Weretilneck con el senador Pichetto y como un intento de aquel “peronizar” el gobierno, pero incorporando grupos ajenos tanto a la influencia del senador como a la del intendente de Roca, Martín Soria. Así, es claro que tanto Vaca Narvaja como Paillalef representaron alianzas a la hora en que el interés del gobierno era mostrarse amplio y contenedor, sobre todo para calmar a la dirigencia justicialista. Hoy, para el gobernador, han dejado de tener igual relevancia. Cuando la carrera hacia el 2015 ya se corre en todos los partidos políticos, Weretilneck está más interesado en conformar un gabinete menos diverso pero mucho más comprometido con su propio sector. El punto es ¿qué tan sólidos son los límites del “albertismo”? Hasta el momento, además de los dirigentes del Frente Grande, el vicegobernador Carlos Peralta ha sido el principal sostén de Weretilneck desde el peronismo y, con menor incidencia, los legisladores que se mantienen fieles al oficialismo. En estos días, ese rol central de Peralta quedó averiado, luego de que éste mostrara un activo respaldo a los dos ministros que están “en capilla”. Según la opinión del gobernador, el vice se extralimitó en esa actitud de defensa. La presencia de Miguel Pichetto en el despacho de Peralta –el mismo día en que el “albertismo” veía conspiraciones en cada rincón– subió aún más la tensión. Aunque el senador buscó aventar sospechas diciendo que sólo pasó “a saludar”. Habrá que ver si las heridas cierran y si, cuando regrese, Weretilneck logra su objetivo de reafirmar su autoridad sobre el gabinete sin abrir nuevas brechas en el ya fragmentado panorama de sus aliados políticos. Si, como dijo Vaca Narvaja, no es posible hacer política sin recursos, la tarea no será sencilla para el gobierno. Desde los municipios, los intendentes reclaman a Economía el envío de fondos comprometidos para obras públicas y para pagar a prestadores de servicios ligados con Educación. El control que el gobernador aplica en cada desembolso –a través de Isaías Kremer– demora los expedientes. Pero el temor es que, más allá de los tiempos, el dinero no alcance. ARSA es la empresa que más obras tenía comprometidas en las ciudades. Y, si Economía no le aporta dinero para el pago de anticipos financieros, varios millonarios contratos correrían el riesgo de caer por incumplimiento estatal. En Educación, lo que para algunos es un “ajuste” es, para el gobierno, una reestructuración de cargos lógica que acompaña a las variaciones de la matrícula. Cierto es que la adecuación no se hizo a fines del año pasado, lo que ahora agrava el paso dado por el gobierno. La reacción airada de la UCR y del gremio Unter, no obstante, se vincula con la escasa coherencia de un gobierno que pregona la austeridad pero pocas veces la practica hacia quienes lo conducen. Con obras paralizadas y una actividad ganadera devastada por la sequía y las cenizas; con los servicios públicos llenos de problemas que resolver, la estrechez sería sobrellevada de mejor manera si el Ejecutivo diera el ejemplo con sus propios actos.


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