Perdidos en Tokio

Reflexiones, pensamientos, anécdotas y sueños sobre viajar.

Redacción

Por Redacción

En el Camino

Irene Caselli irenecaselli@gmail.com “Es difícil orientarse aquí”, comentó mi pareja mientras explorábamos Tokio y su enredo multinivel de rascacielos, calles y pasajes peatonales parecido a un hormiguero. “Nah”, le respondí. “Saná, la capital de Yemen, despista mucho más. Y en Managua sería bien complejo, ahí las calles ni tienen nombre. En comparación esto es fácil”. Justo ese día había leído que en Tokio muchas calles tampoco tienen nombre. Las direcciones están formadas por el ideograma del barrio más tres números que indican la zona del barrio, la manzana y el edificio. De alguna manera te dan los instrumentos para ubicarte, pensaba. Aún más si ya estudiaste el mapa. Y sí, me considero una genia con los mapas. Uno de mis orgullos es saberme orientar rápidamente en una ciudad nueva. ¿Por qué en Tokio debería ser diferente? A las pocas horas de hacerme la superada, llegamos a Shibuya, una de las mayores estaciones de metro. Al bajar del vagón nos encaminamos hacia la salida… pero nos resultó imposible encontrarla. En las señales aparecían sólo kanjis, los símbolos utilizados en la escritura del japonés, idioma que ninguno de los dos habla. Llegamos a un ascensor. “¿Exit?”, preguntamos en inglés, pero nadie entendió. Bajamos del ascensor con toda la gente y nos dimos cuenta de que estábamos adentro de en un centro comercial. “Estamos perdidos”, pensaba, pero no me atrevía a decirlo en voz alta. No había ventanas ni otra referencia para saber en qué piso estábamos. Así que a medida que íbamos bajando por escalera mecánica, fuimos preguntando, sin éxito. Seis pisos después, encontramos la salida. Igual, yo seguía arrinconada en mi interior: debía admitir que me había desorientado, que durante un rato no tuve idea de cómo salir de ese monstruo de cemento. Suspiré y lo solté: “Tienes razón, no es fácil ubicarse aquí. Salimos del metro y ya estábamos perdidos”. Sentí mis propias palabras como una condena. Fue resignarme a que no sabía nada de Tokio. Mi pareja me dijo: “En realidad, perderse es una linda forma de explorar porque ayuda a descubrir rincones inesperados”. Y sí, así fue que me choqué con la posibilidad de admitir que me había equivocado. “Eso es un gesto de humildad”, me dijo él, sonriendo. Ahora sé que a veces es mejor callarse y pensar un poco más, ya que –si es que existe en algún lado– no me interesa ganar el título de Mejor Turista del Año. Periodista italiana @irenecaselli


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