Separación y no tanto
Cualquiera tiene derecho a preguntarse si se puede romper con una fuerza y seguir siendo parte de ella.
hÉctor mauriño vasco@rionegro.com.ar
El brote rebelde que enfrenta Quiroga en la fuerza propia tuvo su expresión esta semana con el minué de Contardi y Neculqueo. Que sí, que no, al final de cuentas el antiguo pollo del intendente y la concejala de Nuevo Compromiso Neuquino terminaron haciendo rancho aparte. Pero no tanto. El planteo que encarna Contardi tomó estado público en diciembre pasado, con su oposición a la polémica ordenanza oficial que apunta a urbanizar la Isla 132. Pero aquello sólo fue el emergente de un malestar que anida desde hace rato en la familia radical-quiroguista y que tiende a hacerse más intenso con el tiempo. Aquello le valió al antiguo presidente del Concejo Deliberante que el jefe comunal lo arrojara por la ventana y pusiera el cuerpo legislativo municipal en manos de su nueva apuesta, esta vez evangélica. Ocurre que en sus discursos Quiroga fustiga todos los autoritarismos, pero en los hechos no es muy afecto a dar margen para matices entre los suyos. Más bien, el que está a favor acata y el que no, se va. Los entretelones del culebrón que desembocó en la creación de un bloque aparte del oficialismo tuvieron bastante de esto último y también una cuota de malentendido. En la semana, Contardi llamó al presidente del bloque de NCN y le dijo que armara las comisiones como quisiera. Leandro López interpretó el mensaje como una señal de continuidad, tanto que se apresuró a anunciar que los dos díscolos se quedaban en el oficialismo. Pero no era tan así. O al menos faltaba algo. Contardi admitió luego que quería comunicarle personalmente su decisión a Quiroga, y con ese propósito mantuvo una entrevista con él. Qué pasó allí no se sabe, pero se supone que cuando el antiguo pupilo le reclamó al intendente mayor autonomía, éste le dijo claramente que no. Lo demás ya se sabe, hay una nueva bancada que se llama Nuevo Compromiso Neuquino-UCR. “Vamos a acompañar las cosas que creemos que son buenas para la ciudad y no acompañaremos aquellas que antes no se compartieron o aquellas que no se compartan en el futuro”, sintetizó Contardi al anunciar esta separación de hecho. El mensaje fue claro: apoyamos, pero no hay vuelta atrás con cuestiones de principios como lo de la Isla 132. Una fuente cercana lo explicó así: “Ya se tuvo que hacer gárgaras para votar la ordenanza que hizo posible los también polémicos loteos de Valentina, “tragar otro sapo ya era demasiado”. Entre los radicales ‘puros’ que integran el proyecto de Quiroga hay cuestionamientos filosos a ciertas conductas de su jefe. Le endilgan haberse entregado a amanuenses del PRO y rodearse de “hombres de negocios”. En una palabra, de estar más inclinado para ese lado que para el de la política. Aseguran, en fin, que “este Quiroga ya no es aquel” de los primeros años que ponía todo para un proyecto. El tema de la Isla 132 no es menor, ni lo serán de ahora en más todos y cada uno de los proyectos del Ejecutivo que resulten controvertidos, porque este año el equilibrio de fuerzas en el Concejo Deliberante no será favorable para el oficialismo. Cual baile de la escoba, los concejales de las distintas fuerzas han dejado atrás antiguas alianzas para aprestarse a componer unas nuevas. Los aliados de fierro que subieron con el oficialismo ahora son opositores tibios y los críticos más duros se abrazan con los antiguos oficialistas. Después de todo nada que le quite el sueño al intendente, acostumbrado como dice que está a gobernar en solitario. Aunque resulta difícil que entre correligionarios la sangre vaya a llegar al río, lo cierto es que cualquiera tiene derecho a preguntarse si se puede romper con Nuevo Compromiso y seguir siendo de esa fuerza. En realidad, las diferencias van más allá de los nombres, están instaladas en el interior del quiroguismo. Algunos radicales no se reconocen en ciertas políticas que hoy lleva adelante su jefe. Eso, sin dejar de apreciar su liderazgo y su potencialidad como eventual candidato a la gobernación. Lo necesitan pero no quieren darle más cheques en blanco. Se dirá que es una mirada interesada y seguramente lo es, sólo que no es subalterna. Además de los intereses, que existen y pesan en política, la gente se junta o se separa por las ideas. En el otro extremo de todos los reproches que se le formulan está la mirada del propio Quiroga. El intendente siente que es el único entre sus correligionarios que ha hecho algo durante los últimos 50 años para construir un proyecto de poder alternativo en la provincia. Está convencido de que sin él cualquier puja por la gobernación será poco menos que imposible y por lo mismo le molestan los cacareos a su alrededor. Tal vez lo acertado esté a mitad de camino entre una y otra postura. Por lo pronto, los radicales díscolos tienen la esperanza de que “‘Pechi’ reflexione” y pegue un volantazo. “No hay como un buen susto para hacer reaccionar a un mamado”, dijo uno de ellos, que se jacta de conocer todas las mañas de su antiguo jefe. Los tropiezos de Quiroga no son sólo internos. Massa es la tercera vez que lo deja plantado y la alianza con Rioseco es todavía metafísica. Será difícil en una Argentina fracturada por el encono, juntar “k” y “no k” en un mismo proyecto. ¿Podrá sobrevivir Pechi a estas dificultades? ¿Retener a los que forman parte de su espacio, ganar a los que lo ven con desconfianza y catapultarse con posibilidades a la Gobernación? Pechi ha demostrado que puede sobrevivir a base de un pragmatismo a toda prueba. La pregunta que surge inevitable es si realmente quiere.
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