“Rumbo al desarrollo económico”
El desarrollo es la cuestión fundamental de la que debe ocuparse la ciencia económica. Otros temas pueden estar circunstancialmente de moda, requerir herramientas más sofisticadas y hasta ser más divertidos o exóticos. Pero la economía pierde su razón de ser si no puede ayudar a mejorar la calidad de vida y el bienestar de la gente. Debemos ser capaces de comprender cómo ha tenido lugar el desarrollo en un número significativo de países para poder extender las mejoras al resto del mundo. Quizás por eso Keynes, uno de los economistas más grandes, escribió que “el estudio de la economía parece no requerir ningún don especializado de un orden excepcionalmente superior”. ¿No es una disciplina verdaderamente fácil comparada con otras ramas de la filosofía y de la ciencia pura? Sin embargo, los economistas, no ya buenos, sino solo competentes, son auténticos mirlos blancos. ¡Una materia fácil, en la que pocos se destacan! Esta paradoja quizás pueda explicarse por el hecho de que el gran economista debe poseer una rara combinación de dotes. Tiene que llegar a mucho en diversas direcciones y debe combinar facultades naturales que no siempre se encuentran reunidas en un mismo individuo. Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y en vistas al futuro. Alberto Félix Suertegaray, DNI 14.169.481 – Roca
Alberto Félix Suertegaray, DNI 14169481 – Roca
El desarrollo es la cuestión fundamental de la que debe ocuparse la ciencia económica. Otros temas pueden estar circunstancialmente de moda, requerir herramientas más sofisticadas y hasta ser más divertidos o exóticos. Pero la economía pierde su razón de ser si no puede ayudar a mejorar la calidad de vida y el bienestar de la gente. Debemos ser capaces de comprender cómo ha tenido lugar el desarrollo en un número significativo de países para poder extender las mejoras al resto del mundo. Quizás por eso Keynes, uno de los economistas más grandes, escribió que “el estudio de la economía parece no requerir ningún don especializado de un orden excepcionalmente superior”. ¿No es una disciplina verdaderamente fácil comparada con otras ramas de la filosofía y de la ciencia pura? Sin embargo, los economistas, no ya buenos, sino solo competentes, son auténticos mirlos blancos. ¡Una materia fácil, en la que pocos se destacan! Esta paradoja quizás pueda explicarse por el hecho de que el gran economista debe poseer una rara combinación de dotes. Tiene que llegar a mucho en diversas direcciones y debe combinar facultades naturales que no siempre se encuentran reunidas en un mismo individuo. Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y en vistas al futuro. Alberto Félix Suertegaray, DNI 14.169.481 - Roca
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