El nuevo alcalde de Nueva York ya recibe muchas críticas
Cuando apenas tiene unos cien días en su nuevo cargo de alcalde de Nueva York, el populista Bill de Blasio obtiene menos apoyo popular del que seguramente creía que iba a lograr. Ocurre que algo menos de la mitad de los entrevistados en una reciente encuesta realizada con la participación del “New York Times” manifestó aprobar su gestión; concretamente, un 49%, lo que contrasta relativamente mal con el 53% de aprobación con el que su antecesor, Michael R. Bloomberg, cerró y dejó su gestión municipal. Además, un 19% de los encuestados contestó que aún no tiene opinión formada sobre la gestión de De Blasio. Y un 31% se pronunció, en cambio, por la desaprobación abierta de lo hecho hasta ahora por el alcalde. Esta última cifra de desaprobación es nada menos que del 49% entre la población de raza blanca y del 27% entre los hispanos. Duro, porque comienza a mostrar algo de impaciencia popular en una labor municipal que recién se inicia. No es nunca fácil gobernar. Nada. Menos aún cuando se promete audazmente el cielo en la tierra. Por esto, de cara a las muchas promesas electorales de De Blasio, un 52% de los encuestados se pronuncia contra su gestión en materia de vivienda, un 50% se opone a sus esfuerzos por promover la igualdad entre los habitantes de la gran ciudad, un 49% cuestiona su política educativa y un 45% reprueba su manejo del empleo. Claro viento de frente, en contra entonces. No un vendaval, es cierto, pero más críticas que loas, como era previsible. Entre las gestiones más ponderadas por la gente aparecen sus esfuerzos para brindar a los niños programas “prejardín” (“pre-kindergarten”), para lo que obtuvo del Estado un apoyo del orden de los 300 millones de dólares, y la extensión del tiempo de las licencias por enfermedad a quienes trabajan en Nueva York, una medida populista que anunció en el curso de su campaña. En la encuesta seguramente pesó la derrota de De Blasio a manos del gobernador del Estado de Nueva York, Andrew M. Cuomo, cuando De Blasio decidió empujar por la obtención de un aumento de la presión fiscal sobre aquellos de mayores ingresos y Cuomo, más prudente, vetó –como ciertamente lo había anticipado– esa iniciativa, también populista. Tratándose de un gobernador demócrata, la derrota fiscal de Bill de Blasio duele más aún. De Blasio, que no tenía experiencia administrativa alguna, manifiesta estar sorprendido por la “intensidad” de su turbulento y complejo trabajo. Duerme apenas seis horas diarias de promedio. Y su curva de aprendizaje luce algo más empinada de lo previsto. Eso sí, su fotografía y su nombre aparecen por todas partes, en infinidad de carteles y lugares, a la manera de los conocidos populistas latinoamericanos. De acuerdo a las cifras preliminares, la criminalidad no ha aumentado en la ciudad, sino caído levemente. El manejo de las tormentas de nieve –en un invierno particularmente crudo– ha sido satisfactorio, aunque lo cierto es que lo hizo sobre la base de equipos, programas y sistemas preparados y diseñados por su antecesor. La mayor preocupación que flota en el aire tiene que ver con la posibilidad de que el populista de Blasio ceda fácil y demagógicamente a la presión sindical y otorgue aumentos salariales importantes a los empleados públicos de la ciudad, con el riesgo de desequilibrar las finanzas municipales y tener que recurrir inevitablemente a un aumento de impuestos. Hasta aquí el resumen de cómo la gente evalúa hoy la gestión de un alcalde que, pese a la sobriedad de su exitoso antecesor, ha elegido el populismo como bandera y lo está practicando activamente. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional
GUSTAVO CHOPITEA (*)
Cuando apenas tiene unos cien días en su nuevo cargo de alcalde de Nueva York, el populista Bill de Blasio obtiene menos apoyo popular del que seguramente creía que iba a lograr. Ocurre que algo menos de la mitad de los entrevistados en una reciente encuesta realizada con la participación del “New York Times” manifestó aprobar su gestión; concretamente, un 49%, lo que contrasta relativamente mal con el 53% de aprobación con el que su antecesor, Michael R. Bloomberg, cerró y dejó su gestión municipal. Además, un 19% de los encuestados contestó que aún no tiene opinión formada sobre la gestión de De Blasio. Y un 31% se pronunció, en cambio, por la desaprobación abierta de lo hecho hasta ahora por el alcalde. Esta última cifra de desaprobación es nada menos que del 49% entre la población de raza blanca y del 27% entre los hispanos. Duro, porque comienza a mostrar algo de impaciencia popular en una labor municipal que recién se inicia. No es nunca fácil gobernar. Nada. Menos aún cuando se promete audazmente el cielo en la tierra. Por esto, de cara a las muchas promesas electorales de De Blasio, un 52% de los encuestados se pronuncia contra su gestión en materia de vivienda, un 50% se opone a sus esfuerzos por promover la igualdad entre los habitantes de la gran ciudad, un 49% cuestiona su política educativa y un 45% reprueba su manejo del empleo. Claro viento de frente, en contra entonces. No un vendaval, es cierto, pero más críticas que loas, como era previsible. Entre las gestiones más ponderadas por la gente aparecen sus esfuerzos para brindar a los niños programas “prejardín” (“pre-kindergarten”), para lo que obtuvo del Estado un apoyo del orden de los 300 millones de dólares, y la extensión del tiempo de las licencias por enfermedad a quienes trabajan en Nueva York, una medida populista que anunció en el curso de su campaña. En la encuesta seguramente pesó la derrota de De Blasio a manos del gobernador del Estado de Nueva York, Andrew M. Cuomo, cuando De Blasio decidió empujar por la obtención de un aumento de la presión fiscal sobre aquellos de mayores ingresos y Cuomo, más prudente, vetó –como ciertamente lo había anticipado– esa iniciativa, también populista. Tratándose de un gobernador demócrata, la derrota fiscal de Bill de Blasio duele más aún. De Blasio, que no tenía experiencia administrativa alguna, manifiesta estar sorprendido por la “intensidad” de su turbulento y complejo trabajo. Duerme apenas seis horas diarias de promedio. Y su curva de aprendizaje luce algo más empinada de lo previsto. Eso sí, su fotografía y su nombre aparecen por todas partes, en infinidad de carteles y lugares, a la manera de los conocidos populistas latinoamericanos. De acuerdo a las cifras preliminares, la criminalidad no ha aumentado en la ciudad, sino caído levemente. El manejo de las tormentas de nieve –en un invierno particularmente crudo– ha sido satisfactorio, aunque lo cierto es que lo hizo sobre la base de equipos, programas y sistemas preparados y diseñados por su antecesor. La mayor preocupación que flota en el aire tiene que ver con la posibilidad de que el populista de Blasio ceda fácil y demagógicamente a la presión sindical y otorgue aumentos salariales importantes a los empleados públicos de la ciudad, con el riesgo de desequilibrar las finanzas municipales y tener que recurrir inevitablemente a un aumento de impuestos. Hasta aquí el resumen de cómo la gente evalúa hoy la gestión de un alcalde que, pese a la sobriedad de su exitoso antecesor, ha elegido el populismo como bandera y lo está practicando activamente. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional
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