Protestas en Turquía tras el derrumbe de la mina

La tragedia minera ocurrida el martes pasado causó al menos 283 muertos. Responsabilizan al primer ministro por haber ignorado las advertencias de seguridad

Redacción

Por Redacción

EL MUNDO

La policía antidisturbios lanzó este jueves gases lacrimógenos para dispersar a una multitud de 20.000 manifestantes que denunciaban en Esmirna lo que consideran la negligencia industrial más grave del gobierno registrada en Turquía, según la agencia de prensa Dogan.

Kani Beko, presidente de DISK (Confederación de los Sindicatos Revolucionarios de Turquía), uno de los principales sindicatos de obreros del país, fue hospitalizado tras la violenta carga policial.

En Ankara, la policía recurrió a las granadas lacrimógenas y a los cañones de agua para dispersar a 200 personas concentradas en la céntrica plaza de Kizilay.

“Esto no es ni un accidente ni el destino, es una masacre”, proclamaba una banderola desplegada en la capital por un militante sindicalista que llamaba al gobierno a dimitir.

Cuatro sindicatos decretaron este jueves una jornada de huelga en todo el país en homenaje a los mineros muertos en el accidente de la mina de carbón de Soma, a un centenar de kilómetros la noreste de Esmirna.

Acusan al gobierno de haber ignorado repetidas advertencias sobre la inseguridad de las minas en Turquía.

El miércoles el primer ministro de Turquía, Erdogan, se desplazó personalmente a Soma, donde fue increpado por decenas de habitantes enfurecidos y prometió que se llevarían a cabo investigaciones sobre la causa del desastre, pero rechazó las acusaciones, afirmando que “estos accidentes ocurren”.

Un asesor de Erdogan fue fotografiado dando patadas a un manifestante en Soma, lo que desencadenó la ira en las redes sociales.

Según las autoridades, todavía quedan en la mina unos 90 mineros, pero las posibilidades de que haya sobrevivientes son casi nulas.

Los familiares de los trabajadores que murieron en esta catástrofe comenzaron a recuperar los cadáveres de sus parientes en un almacén que se utiliza como morgue improvisada en Kirkagac, a pocos kilómetros de Soma.

La catástrofe aumentó la presión sobre Erdogan, quien tuvo que enfrentar protestas masivas a mediados del año pasado y un gigantesco escándalo de corrupción que involucró a sus familiares y aliados en los últimos meses.

“Si las acusaciones de negligencia en la mina se demuestran, tendrán un precio político”, declaró a la AFP el profesor Ilter Turan de la Universidad Bilgi de Estambul.

En total, unos 787 mineros se encontraban en las galerías subterráneas el martes pasado en el momento de la deflagración, cuyas causas no se han determinado.

Según los medios locales, tres semanas antes de la catástrofe, el Parlamento se negó a formar una comisión para hacer un informe sobre la seguridad en las minas de Turquía. Los tres partidos en la oposición sometieron propuestas que han sido rechazadas por el AKP, el Partido para la Justicia y el Desarrollo en el poder.

El ministerio de Trabajo respondió que la mina de Soma fue controlada en marzo y que no se informó de ninguna violación de la reglamentación en vigor.

Las explosiones en las minas de carbón son comunes en Turquía, principalmente en el sector privado, donde a menudo no se respetan las reglas de seguridad.


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