“Cuando las cosas se hacen con corazón y convicción”

Redacción

Por Redacción

Hace muchos años, Carlos Reutemann recreó el diálogo casual que había mantenido con un argentino en una playa de estacionamiento en la ciudad de Buenos Aires. Mientras el expiloto bajaba de su auto, el conductor de otro vehículo lo reconoció y sin más lo increpó duramente respecto de su performance deportiva en la Fórmula Uno. Palabras más palabras menos, le reclamaba que siempre abandonaba, que salía segundo, que era un “mufa” y otras tantas críticas que mucha gente sostenía en aquellos tiempos y que lo mejor que podía hacer era retirarse del automovilismo. Saliendo de su sorpresa y viendo al hombre vestido de traje y riguroso maletín, Reutemann le preguntó amablemente: R: –Discúlpeme, ¿a qué se dedica Ud.? H: –Soy vendedor de seguros aquí en Capital, ¿por qué? R: –Ah… ¿y cuántos vendedores de seguros hay en Capital? H: –¿Qué sé yo? R: –¿Y en el país? H: –¡Ni idea! R: –¿Y en el mundo? H: –¡No sé! ¡Mire lo que me pregunta! R: –¿Y qué lugar considera Ud. que ocupa en el mundo respecto de los demás vendedores de seguros? H: –Pero ¿qué tiene que ver con lo que le estoy diciendo? Reutemann, con su habitual parquedad, le manifestó: –Mire, en las carreras de Fórmula Uno todos los domingos compiten sólo 22 corredores y yo soy uno de ellos. Esta anécdota viene a cuento de lo que mucho se ha dicho, se dice y posiblemente se dirá criticando a la selección argentina de fútbol. Sólo sé que los 23 jugadores y el cuerpo técnico que la integran son los subcampeones de la Copa Mundial FIFA 2014, un torneo internacional en el que aproximadamente 203 países participan en una ardua competencia que otros tantos seleccionados disputan en distintas instancias eliminatorias hasta lograr posicionarse dentro de los 32 equipos que participan de la etapa final. El resto ya lo sabemos. Nuestra selección, por esas circunstancias propias del juego, ocupa nada más ni nada menos que el segundo lugar entre las mejores del mundo. A cualquier mortal le asiste el derecho de opinar y criticar, pero del mismo modo –y siendo consecuente con ese derecho– cada quien (y pienso que cierto periodismo y los “todólogos” que abundan en nuestro país) debería ser el primero en mirarse al espejo y responderse a sí mismo qué lugar ocupa en el “ranking mundial” de la actividad que ejerce. Quizás eso nos sirva para ser más reflexivos y prudentes a la hora de emitir una opinión. A la selección, mi admiración, reconocimiento y agradecimiento por el hacer y el decir dentro y fuera del campo de juego y por la garra y la tenacidad que pusieron en cada jugada pero también por el tenor de sus declaraciones en una constante prédica de valores: “humildad”, “equipo”, “trabajo”, “sacrificio”, “solidaridad” y “sueños” fueron las palabras más utilizadas por estos días. Nunca se les escuchó buscar excusas en terceros o achacar culpas fuera del grupo. Esta conducta habla de la responsabilidad absoluta que todos ellos asumieron cuando aceptaron el desafío de representar futbolísticamente a su país. Y la intensidad del compromiso asumido se ha visto reflejada en sus rostros desolados cuando el silbato final dijo basta. Esta gente, además de una serena pero inmensa alegría, nos ha dado una lección que, si somos inteligentes, debemos aprovechar. Nos mostró que cuando las cosas se hacen con corazón y convicción tal vez no siempre se consiga el éxito, pero es seguro que estaremos a un paso de alcanzarlo. Como a la Copa. Carlos A. D’Amico, DNI 11.110.780 Allen

Carlos A. D’Amico, DNI 11.110.780 Allen


Hace muchos años, Carlos Reutemann recreó el diálogo casual que había mantenido con un argentino en una playa de estacionamiento en la ciudad de Buenos Aires. Mientras el expiloto bajaba de su auto, el conductor de otro vehículo lo reconoció y sin más lo increpó duramente respecto de su performance deportiva en la Fórmula Uno. Palabras más palabras menos, le reclamaba que siempre abandonaba, que salía segundo, que era un “mufa” y otras tantas críticas que mucha gente sostenía en aquellos tiempos y que lo mejor que podía hacer era retirarse del automovilismo. Saliendo de su sorpresa y viendo al hombre vestido de traje y riguroso maletín, Reutemann le preguntó amablemente: R: –Discúlpeme, ¿a qué se dedica Ud.? H: –Soy vendedor de seguros aquí en Capital, ¿por qué? R: –Ah... ¿y cuántos vendedores de seguros hay en Capital? H: –¿Qué sé yo? R: –¿Y en el país? H: –¡Ni idea! R: –¿Y en el mundo? H: –¡No sé! ¡Mire lo que me pregunta! R: –¿Y qué lugar considera Ud. que ocupa en el mundo respecto de los demás vendedores de seguros? H: –Pero ¿qué tiene que ver con lo que le estoy diciendo? Reutemann, con su habitual parquedad, le manifestó: –Mire, en las carreras de Fórmula Uno todos los domingos compiten sólo 22 corredores y yo soy uno de ellos. Esta anécdota viene a cuento de lo que mucho se ha dicho, se dice y posiblemente se dirá criticando a la selección argentina de fútbol. Sólo sé que los 23 jugadores y el cuerpo técnico que la integran son los subcampeones de la Copa Mundial FIFA 2014, un torneo internacional en el que aproximadamente 203 países participan en una ardua competencia que otros tantos seleccionados disputan en distintas instancias eliminatorias hasta lograr posicionarse dentro de los 32 equipos que participan de la etapa final. El resto ya lo sabemos. Nuestra selección, por esas circunstancias propias del juego, ocupa nada más ni nada menos que el segundo lugar entre las mejores del mundo. A cualquier mortal le asiste el derecho de opinar y criticar, pero del mismo modo –y siendo consecuente con ese derecho– cada quien (y pienso que cierto periodismo y los “todólogos” que abundan en nuestro país) debería ser el primero en mirarse al espejo y responderse a sí mismo qué lugar ocupa en el “ranking mundial” de la actividad que ejerce. Quizás eso nos sirva para ser más reflexivos y prudentes a la hora de emitir una opinión. A la selección, mi admiración, reconocimiento y agradecimiento por el hacer y el decir dentro y fuera del campo de juego y por la garra y la tenacidad que pusieron en cada jugada pero también por el tenor de sus declaraciones en una constante prédica de valores: “humildad”, “equipo”, “trabajo”, “sacrificio”, “solidaridad” y “sueños” fueron las palabras más utilizadas por estos días. Nunca se les escuchó buscar excusas en terceros o achacar culpas fuera del grupo. Esta conducta habla de la responsabilidad absoluta que todos ellos asumieron cuando aceptaron el desafío de representar futbolísticamente a su país. Y la intensidad del compromiso asumido se ha visto reflejada en sus rostros desolados cuando el silbato final dijo basta. Esta gente, además de una serena pero inmensa alegría, nos ha dado una lección que, si somos inteligentes, debemos aprovechar. Nos mostró que cuando las cosas se hacen con corazón y convicción tal vez no siempre se consiga el éxito, pero es seguro que estaremos a un paso de alcanzarlo. Como a la Copa. Carlos A. D’Amico, DNI 11.110.780 Allen

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