El envolvente clima petrolero
Los trabajadores de la industria representan el 8% del universo laboral pero ejercen influencia en la economía. El reclamo de los docentes de Añeloes la primera manifestación de las asimetrías que genera Vaca Muerta.
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Los trabajadores de la industria petrolera representan un porcentaje apenas superior al 8% del universo laboral público y privado de Neuquén, pero sus salarios ejercen una enorme influencia sobre economías focalizadas como el caso de Añelo, la ciudad de referencia de Vaca Muerta.
Docentes que trabajan en esa localidad se movilizaron el jueves para pedir la intervención del Estado mediante una compensación que les permita vivir en lugares donde los alquileres arrancan en los 5.000 y llegan hasta los 25.000 pesos.
A partir de esta protesta se expandió el dato de que el 90% de los educadores no vive en la localidad y que muchos de ellos se desplazan desde su lugar de residencia recurriendo a la incómoda modalidad del mochilero.
Los maestros piden un pago adicional para enfrentar los mayores costos que tiene la economía de Añelo, extensiva ya a San Patricio del Chañar, o bien una solución al medio de transporte.
En la incipiente era de Vaca Muerta ya se vivieron algunos conflictos sociales de duración breve, pero fueron protagonizados por desocupados rodeados de riqueza ajena que pugnan por ingresar al mercado laboral mejor pago de la provincia. El de los docentes puede tomarse como el primer conflicto que expone las asimetrías dentro del sistema.
Según datos aportados durante la última interna del MPN por el ministro de Economía, Omar Gutiérrez, el número de empleados en el sector privado de Neuquén es de 106.450, mientras que el sector público, sumando a los municipales, representa otros 68.000, de acuerdo con los registros oficiales. La fuerza laboral activa formalizada supera entonces las 174.000 personas y los petroleros que viven en Neuquén, incluidos los jerárquicos, no llegan a los 15.000.
Esta semana se consultó a Guillermo Pereyra, secretario general del gremio de los trabajadores del sector, sobre los sueldos que paga la industria. Respondió que el salario promedio bruto es de 40.000 pesos por mes, que un operario que trabaja en boca de pozo con turnos rotativos y 12 horas comienza con una retribución de 30.000 pesos y que los haberes de las especialidades van creciendo entre los 80.000 y los 150.000 pesos, todas cifras en bruto y sin deducción de Ganancias. «A algunos el impuesto a las Ganancias les come la mitad del sueldo», aclaró el dirigente sindical.
Aun cuando el descuento aplicado fuera de la mitad, como sostiene Pereyra, y considerando que cada empleo tiene sus características, la brecha salarial del sector petrolero con el resto de los trabajadores es muy marcada.
Un maestro de grado con una carga de 25 horas semanales percibe, sin aplicar los descuentos, 9.656 pesos y un director de escuela media con 40 horas, 17.772 pesos de salario bruto -según los datos que publica Hacienda en su sitio oficial, donde se exhiben los sueldos testigos, en este caso correspondientes a julio-.
Distancias salariales similares se observan en Salud, un área del Estado donde el auxiliar de enfermería cobra en bruto el equivalente al 25% del salario promedio del petrolero y un médico con una carga de 40 horas semanales llega a la mitad de la retribución promedio que pagan las compañías petroleras.
La policía, que con una rebelión en diciembre último le arrancó al gobierno de Jorge Sapag un salario mínimo de 10.000 pesos de bolsillo, sale mejor parada de la comparación porque el salario bruto de un agente equivale al 32% del promedio petrolero y el de un comisario inspector, al 89%.
En la agenda institucional no existe un debate tan intenso como el de las inversiones al momento de analizar y resolver las consecuencias sociales que genera la expansión de la industria petrolera.
Hay proyectos en marcha, como el desarrollo urbano en la meseta de Añelo, pero no solucionan los problemas que emergen en el camino emprendido de los no convencionales, iniciado hace varios años.
Los estados provincial y municipal están programando la construcción de casas institucionales y planes de viviendas, entre otras medidas, algunas con el respaldo de YPF y otras empresas del rubro. En junio, el gobernador anunció un paquete de obras por 372 millones de pesos. Pero en todos estos casos habrá que esperar para ver los resultados, como sucede desde hace tiempo con algunos proyectos que se despliegan por capítulos en el tiempo. El caso emblemático es el prometido hospital para la localidad.
Desde que Jorge Sapag comenzó a transitar el camino para fomentar las explotaciones de gas y petróleo no convencionales, lo que sucedió al promediar su primera gestión de gobierno, las velocidades para avanzar con estrategias para el desarrollo de Vaca Muerta han sido diferentes en los planos económico y social. Por un lado, las inversiones se fueron resolviendo con celeridad, mientras que a los conflictos derivados de esa expansión se los va corriendo de atrás.
Los paréntesis, que no fueron muchos, se produjeron por tironeos ocasionales entre Nación y Provincia. El más reciente se generó por la reforma de la ley de hidrocarburos, diferencias que podrían saldarse en breve a juzgar por expresiones conciliadoras del gobernador luego de superar exitosamente la interna de su partido.
La influencia de Vaca Muerta también se expande por la provincia a través de otros indicadores como la inflación. Entre enero y julio en la ciudad de Neuquén la suba de precios superó por más de seis puntos el promedio del país y el índice anualizado se ubica por encima del 40%.
La conclusión es que hace tiempo que el envolvente clima petrolero ha escapado de Añelo.
gerardo bilardo
gbilardo@rionegro.com.ar
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