Todo vale para ganar elecciones
COLUMNISTAS
El próximo octubre Evo Morales y Álvaro García Linera, el tándem que gobierna Bolivia, intentarán obtener una nueva reelección presidencial. Ambos procuran su tercer mandato. Esto es: seguir gobernando hasta el 2020. Como si la alternancia democrática no existiera y ellos fueran los únicos capaces de conducir el timón de nuestro vecino del norte.
Las encuestas sugieren que el partido de gobierno, esto es el Movimiento al Socialismo (MAS), obtendrá fácilmente una nueva victoria. Ocurre que la oposición, una vez más dividida, no está en condiciones de presentar batalla. Ni Samuel Doria Medina, ni Jorge Quiroga, ni Juan del Granado, ni Fernando Vargas, separados, mueven el amperímetro electoral.
No obstante ello, para el MAS todo vale para obtener el triunfo. Hasta la amenaza de los azotes. En efecto, el legislador del MAS Luis Gallego tuvo la osadía de hacer público que ha logrado un acuerdo con las “organizaciones sociales” de Potosí para castigar con latigazos a los que no voten por Morales y García Linera. La misma pena se aplicará a quienes voten “cruzado”, esto es por la fórmula presidencial del MAS pero también por parlamentarios de otras agrupaciones políticas.
El descaro de Luis Gallego no pasó desapercibido. La vocera del Tribunal Supremo Electoral anunció que ese organismo ha enviado a la Fiscalía las declaraciones del diputado oficialista porque podría existir “un posible delito electoral”. En rigor existe, además, una amenaza que presumiblemente configura un delito bajo el Código Penal. Pero no nos entusiasmemos demasiado, porque tanto el Tribunal Supremo Electoral como la Fiscalía de Bolivia responden sumisamente a los deseos de Morales y García Linera. No son, entonces, independientes.
Como si las amenazas de Luis Gallego fueran poco, el 26 de agosto pasado el principal sindicato de campesinos de Bolivia anunció, también públicamente, que controlará “de alguna forma” que sus afiliados no se equivoquen y voten a Morales y a los demás candidatos del MAS.
Queda visto que no todo lo que reluce es oro. Las elecciones en Bolivia pueden parecer libres. Pero si Luis Gallego y el sindicato antes mencionado cumplen con sus promesas, decenas de miles de votos serán depositados en las urnas bajo toda suerte de amenazas. Los mensajes intimidatorios son claros y su propósito obvio es el de forzar a muchos ciudadanos de Bolivia a votar sin libertad cuando de elegir a sus candidatos se trata. Es evidente que la democracia formal y la democracia real son dos conceptos bien diferentes.
EMILIO J. CÁRDENAS
Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS
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