“La falsa opción entre cañones y manteca”

Redacción

Por Redacción

El ingeniero Javier García Guerrero acaba de publicar un extenso artículo que se embarca en una serie de críticas al Invap destinado a disminuir el valor del proyecto Arsat y –en general– de toda la política del gobierno en todos los campos. Sobre este último aspecto no voy a abundar, ya que queda a evaluación de cada ciudadano en el cuarto oscuro. Pero en cuanto al intento de echar tierra sobre el proyecto y –por extensión– toda la trayectoria del Invap, es necesaria una lectura cuidadosa. A la multitud de cuestionamientos acumulativos desplegados en la nota de Javier García Guerrero podríamos agruparlos principalmente dentro de tres tipos: a) metafóricos (en los que se sustituye algo por algo similar o aproximado que lo simboliza), b) metonímicos (donde una parte sustituye al todo) y c) datos falsos. Entre los argumentos del tipo a) podríamos incluir una serie de acusaciones imprecisas para crear un ambiente general de sospecha. Más concretamente, la anécdota que da título al artículo (“Manteca o cañones”) remite al empleo ocasional de esta frase por parte de jerarcas nazis, ocultando su origen en un debate norteamericano durante la Primera Guerra Mundial y su uso generalizado en el ámbito de los economistas (ver http://www.librosdeeconomiayempresa.com/r014/articulo9.aspx). En la misma línea se cita una serie de políticas erráticas que involucraron al Invap durante la dictadura a los efectos de crear en el lector la identificación de ese período nefasto con el iniciado en el 2003. Es difícil comprender cómo los desaguisados que hicieron los usurpadores del poder con las empresas del Estado serían descalificadores de las políticas correctas cuando éstas ocurren. De hecho, en ningún momento el autor se pronuncia sobre lo virtuoso o perjudicial del proyecto Arsat. Los argumentos del tipo b) comienzan por la cita parcial de un artículo periodístico español (http://elpais.com/elpais/2014/09/26/ciencia/1411754613_663536.html), reproduciendo sus párrafos demostrativos del origen extranacional de la mayoría de los componentes y sistemas del proyecto Arsat. Pero se detiene antes de citar este párrafo: “Todo esto es habitual. Prácticamente ningún país del mundo dispone de la tecnología necesaria para construir un satélite ‘100% nacional’. En la mayoría de los casos, los satélites como el Arsat-1 se diseñan sobre el papel en el país que lo quiere comprar en función de las tareas que debe desempeñar. Después se compra por partes en el extranjero y luego se ensambla en el país. Esta última tarea, que requiere un considerable esfuerzo por parte de ingenieros y personal cualificado y unas instalaciones de especial asepsia conocida como ‘sala limpia’, sí se ha realizado en Argentina, en la sede del Invap”. A esto se podría agregar que, contra lo habitual (que es comprar un satélite “llave en mano”), las empresas proveedoras se limitaron a vender las partes y sistemas diseñados por los ingenieros argentinos, cediendo totalmente el control del “know-how” (el conocimiento que posibilita futuros desarrollos autónomos). Una discusión y evaluación más técnica se hizo en este intercambio: http://www.listao.com.ar/…/la-verdad-sobre-el-satelite-arg…/. Otras afirmaciones del mismo tipo se refieren a la supuesta sospecha de “poca transparencia” del Invap y de su gerente general en el manejo de los fondos recibidos, sin aportar pronunciamientos judiciales al respecto. Los argumentos del tipo c) se refieren en parte a logros del Invap, como el supuesto negociado que sería el plan de radarización nacional o la supuesta condición de recibir los desechos nucleares del reactor vendido a Australia sobre la que ya se expidió la Corte Suprema: “Los ministros de la Corte advirtieron que ‘en el estado actual de la causa no se verifica un supuesto en que sea aplicable el principio de precaución en tanto no existe prueba alguna sobre la existencia de un peligro de daño grave o irreversible derivado de estos combustibles’” (http://www.diariolapalabra.com.ar/…/fallan-a-favor-de-invap…). Otras falsedades ya se extienden a otros ámbitos de la gestión gubernamental, como el supuesto 40% de pobres o que (para retornar a la falacia de prioridades del título) “el satélite, como las netbooks del programa Conectar Igualdad, no se puede comer”, frase lamentable de parte de quien se presenta como ingeniero y educador en una época en que se afirma universalmente el valor de la capacitación tecnológica de los jóvenes en el marco de una impiadosa “división del trabajo” mundial. La conclusión y proyecto de país que propone el Ing. García Guerrero –“elijamos la manteca a la ‘soberanía satelital ensamblada’”– trae los ecos de un viejo discurso del por entonces senador José Hernández equiparando la “civilización industrial” a la “civilización agroganadera”, puesto que –agregaba– “si nosotros somos la granja de Inglaterra, también podríamos decir que ella es nuestro taller”. Las consecuencias perjudiciales de esta falacia retórica las hemos experimentado suficientemente ya. Pero lo que es disculpable en un poeta social del siglo XIX resulta simplemente incomprensible en un ingeniero y educador del XXI. Roberto Bobrow Buenos Aires

Roberto Bobrow Buenos Aires


El ingeniero Javier García Guerrero acaba de publicar un extenso artículo que se embarca en una serie de críticas al Invap destinado a disminuir el valor del proyecto Arsat y –en general– de toda la política del gobierno en todos los campos. Sobre este último aspecto no voy a abundar, ya que queda a evaluación de cada ciudadano en el cuarto oscuro. Pero en cuanto al intento de echar tierra sobre el proyecto y –por extensión– toda la trayectoria del Invap, es necesaria una lectura cuidadosa. A la multitud de cuestionamientos acumulativos desplegados en la nota de Javier García Guerrero podríamos agruparlos principalmente dentro de tres tipos: a) metafóricos (en los que se sustituye algo por algo similar o aproximado que lo simboliza), b) metonímicos (donde una parte sustituye al todo) y c) datos falsos. Entre los argumentos del tipo a) podríamos incluir una serie de acusaciones imprecisas para crear un ambiente general de sospecha. Más concretamente, la anécdota que da título al artículo (“Manteca o cañones”) remite al empleo ocasional de esta frase por parte de jerarcas nazis, ocultando su origen en un debate norteamericano durante la Primera Guerra Mundial y su uso generalizado en el ámbito de los economistas (ver http://www.librosdeeconomiayempresa.com/r014/articulo9.aspx). En la misma línea se cita una serie de políticas erráticas que involucraron al Invap durante la dictadura a los efectos de crear en el lector la identificación de ese período nefasto con el iniciado en el 2003. Es difícil comprender cómo los desaguisados que hicieron los usurpadores del poder con las empresas del Estado serían descalificadores de las políticas correctas cuando éstas ocurren. De hecho, en ningún momento el autor se pronuncia sobre lo virtuoso o perjudicial del proyecto Arsat. Los argumentos del tipo b) comienzan por la cita parcial de un artículo periodístico español (http://elpais.com/elpais/2014/09/26/ciencia/1411754613_663536.html), reproduciendo sus párrafos demostrativos del origen extranacional de la mayoría de los componentes y sistemas del proyecto Arsat. Pero se detiene antes de citar este párrafo: “Todo esto es habitual. Prácticamente ningún país del mundo dispone de la tecnología necesaria para construir un satélite ‘100% nacional’. En la mayoría de los casos, los satélites como el Arsat-1 se diseñan sobre el papel en el país que lo quiere comprar en función de las tareas que debe desempeñar. Después se compra por partes en el extranjero y luego se ensambla en el país. Esta última tarea, que requiere un considerable esfuerzo por parte de ingenieros y personal cualificado y unas instalaciones de especial asepsia conocida como ‘sala limpia’, sí se ha realizado en Argentina, en la sede del Invap”. A esto se podría agregar que, contra lo habitual (que es comprar un satélite “llave en mano”), las empresas proveedoras se limitaron a vender las partes y sistemas diseñados por los ingenieros argentinos, cediendo totalmente el control del “know-how” (el conocimiento que posibilita futuros desarrollos autónomos). Una discusión y evaluación más técnica se hizo en este intercambio: http://www.listao.com.ar/…/la-verdad-sobre-el-satelite-arg…/. Otras afirmaciones del mismo tipo se refieren a la supuesta sospecha de “poca transparencia” del Invap y de su gerente general en el manejo de los fondos recibidos, sin aportar pronunciamientos judiciales al respecto. Los argumentos del tipo c) se refieren en parte a logros del Invap, como el supuesto negociado que sería el plan de radarización nacional o la supuesta condición de recibir los desechos nucleares del reactor vendido a Australia sobre la que ya se expidió la Corte Suprema: “Los ministros de la Corte advirtieron que ‘en el estado actual de la causa no se verifica un supuesto en que sea aplicable el principio de precaución en tanto no existe prueba alguna sobre la existencia de un peligro de daño grave o irreversible derivado de estos combustibles’” (http://www.diariolapalabra.com.ar/…/fallan-a-favor-de-invap…). Otras falsedades ya se extienden a otros ámbitos de la gestión gubernamental, como el supuesto 40% de pobres o que (para retornar a la falacia de prioridades del título) “el satélite, como las netbooks del programa Conectar Igualdad, no se puede comer”, frase lamentable de parte de quien se presenta como ingeniero y educador en una época en que se afirma universalmente el valor de la capacitación tecnológica de los jóvenes en el marco de una impiadosa “división del trabajo” mundial. La conclusión y proyecto de país que propone el Ing. García Guerrero –“elijamos la manteca a la ‘soberanía satelital ensamblada’”– trae los ecos de un viejo discurso del por entonces senador José Hernández equiparando la “civilización industrial” a la “civilización agroganadera”, puesto que –agregaba– “si nosotros somos la granja de Inglaterra, también podríamos decir que ella es nuestro taller”. Las consecuencias perjudiciales de esta falacia retórica las hemos experimentado suficientemente ya. Pero lo que es disculpable en un poeta social del siglo XIX resulta simplemente incomprensible en un ingeniero y educador del XXI. Roberto Bobrow Buenos Aires

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora