Ciudad del Cabo lo tiene todo

Entre las montañas y el mar seduce con su aire cosmopolita. Paisajes, playas, viñedos y una de las nuevas maravillas naturales del mundo.

Redacción

Por Redacción

Sudafrica

No bien aterrizó el avión supe que lo nuestro era amor a primera vista. Capturó mi corazón y el de aquellos que la conocieron casi sin esfuerzo. La naturaleza se encargó de brindarle sus encantos hasta hacerla irresistible. Su carácter salvaje pero a la vez bohemio, misterioso y sofisticado, la diferencian. Es que Ciudad del Cabo lo tiene todo.

JUAN JOSÉ LARRONDO

juanjolarrondo@hotmail.com

No hay otro lugar por donde empezar a conocerla que no sea aquel que la caracteriza. Quienes busquen maravillosas vistas del mar desde las alturas en medio de un paraíso repleto de flores, rocas que representan innumerables figuras imaginadas y animales exóticos, amarán la Montaña de la Mesa. Esta colina de 1.085 metros de altura, con una extraña cima plana que parece arrinconar a la ciudad contra el océano, es el ícono de esta parte del mundo donde África llega a su fin.

En el 2011 la Montaña de la Mesa fue elegida como una de las siete maravillas naturales del mundo. Desde que accedemos a la cima nos embargará la sensación de caminar por una cornisa interminable, con toda la ciudad tapizando el fondo del precipicio. Una red de senderos sin pendiente unen los distintos miradores que nos muestran los diferentes barrios, las bahías, el puerto, Robben Island y las puntas empinadas de los cerros que hacen de centinelas: el pico del Diablo y la Cabeza de León. Se asciende a través de un funicular giratorio en siete minutos o escalando por un camino empinado en tres horas.

A la hora del descenso conviene hacerlo por su ladera oriental para disfrutar del Jardín Botánico de Kirstenbosch. Recorrer sus senderos significa replantearse lo que uno conoce sobre las flores y sus diversos estilos: colores y formas inverosímiles prueban que este lugar no tiene comparación en el planeta y justifica que la península del Cabo sea considerada como uno de los seis reinos florales del mundo. Kirstenbosch se dedica casi exclusivamente al cultivo de especies que sólo crecen en ese rincón de la Tierra.

Otro emblema natural imperdible de Ciudad del Cabo es Cape Point, en el extremo sur de la Península, donde está el famoso Cabo de Buena Esperanza. Aquí se fusionan los océanos Atlántico e Índico. Se encuentra a una hora y media en auto de la ciudad, a través de una hermosa carretera que bordea la costa. Desde el faro, al que se accede en funicular o a pie, se contempla el océano hasta el infinito. La inmensidad del Cabo sumada a la combinación de colores entre el gris rocoso del acantilado, el verde tupido de la vegetación y el azul profundo del mar configuran un cóctel hipnótico que seduce el alma. Un lugar digno de haber sido imaginado como escenario para las aventuras narradas por los maestros Verne, Salgari o Dickens.

UNA VUELTA POR EL CENTRO

El centro financiero y corazón de Ciudad del Cabo es conocido como City Bowl. Es un placer caminar por este contrastante escenario que intercala viejos edificios victorianos con modernos rascacielos. Iniciamos el recorrido por el Castillo de la Buena Esperanza, una construcción de la época colonial, que en 1936 fue declarada monumento nacional. Levantado en el siglo XVII, el Castillo se encuentra muy bien conservado y es el edificio más antiguo de Sudáfrica. Desde su entrada se observa Grand Parade, la enorme explanada donde una multitud se congregó el 11 de febrero de 1990 a escuchar el primer discurso en libertad de Nelson Mandela. Aquel fue el inicio del proceso que culminó con el durísimo régimen de segregación de los negros sudafricanos, el Apartheid. Unas cuadras hacia el noreste se encuentra Company Gardens, un bonito parque en el que las sombras de los árboles ofrecen un buen marco para descansar y recuperar energías. A un costado de este gran jardín se ubica la Catedral de St. George, desde donde el arzobispo Desmond Tutu luchó incansablemente por el fin del Apartheid.

No hay que pasar por alto la emblemática plaza de Greenmarket Square, donde funciona un mercado desde hace 300 años y en la que en 1834 se declaró la libertad de todos los esclavos en el Sur de África. Es el lugar ideal para conseguir souvenirs típicos, desde objetos de decoración hasta artesanías y vestimenta.

Dirigiéndonos al oeste de la ciudad encontramos Bo kaap, el distrito habitado por musulmanes devotos, descendientes de los antiguos esclavos que llegaron de Malasia y Java. El barrio se distingue por sus casas de techo plano, pegadas entre sí pero siempre distintas, gracias a sus fachadas de colores. Las hay rojas, amarillas, azules, violetas y por ley, las casas vecinas no pueden tener el mismo tono. Entre foto y foto se puede aprovechar para comprar especias aromáticas de primera calidad.

Toda urbe cosmopolita y visitada tiene su paseo más buscado. En Ciudad del Cabo este es Victoria & Alfred Waterfront, un viejo puerto donde muelles y almacenes de mediados del XIX han sido reciclados y convertidos en sofisticados restaurantes y tiendas de ropa y diseño. El lugar es muy alegre y la música tocada por grupos de aborígenes nativos, con lugareños y turistas bailando a la par, genera un ambiente siempre festivo. La diversión del moderno puerto se completa con un gran centro comercial, un anfiteatro al aire libre, un túnel submarino de vidrio que muestra la vida acuática y una luminosa vuelta al mundo al estilo londinense.

Desde aquí y en un pequeño barco parten las visitas rumbo a la cercana Robben Island, donde funcionaba una de las cárceles de máxima seguridad más lúgubres de la historia y en la que Nelson Mandela estuvo prisionero durante veinte años. Antiguos presos ahora ofician de guías y ayudan a que el olvido no pueda ganarle la disputa a la memoria.

Cuando cae la noche Long Street se convierte en la calle más famosa. Los bares con mesitas en la vereda y las discos no se dan respiro.

La juventud se congrega en esta zona cervecera, mientras los amantes del whisky se sentirán más a gusto en el elegante bar Bascule, del Cape Grace Hotel, donde venden más de 400 variedades de malta. La diversión está asegurada.

PLAYAS Y FÚTBOL

Pocas ciudades en el mundo pueden combinar paisajes intensos, una activa vida cosmopolita y muy lindas playas. Comparable en este cóctel seductor con Río de Janeiro, Ciudad del Cabo es una de ellas. En verano, su población se duplica, cuando los cinco millones de habitantes se convierten en diez, desesperados por disfrutar sus hermosas bahías.

Camps Bay, a sólo diez minutos del centro, es una de las más famosas, con arena blanca y grandes olas. Es ideal para apreciar la caída del sol sobre el agua mientras disfrutamos un cóctel a base de Amarula, el licor más famoso de estas tierras, en alguno de los bares chic de su avenida costanera.

Clifton es más popular y la preferida de los jóvenes. Una típica playa de surfers, con excelente música, bares y buena onda. Aunque si lo que buscamos es nadar, hay que trasladarse hasta las playas de aguas más cálidas: Muizenberg y St. James.

Después de un día de relax sobre la arena, los amantes del fútbol estarán encantados con visitar el Green Point. Un estadio de última generación emplazado casi sobre el mar, construido para la Copa del Mundo que Sudáfrica albergó en el 2010 y hoy convertido en un emblema más de la ciudad. En él ofrecen excelentes visitas guiadas aunque habrá que lidiar con sus fantasmas. Ellos se empeñan en hacernos recordar aquel atardecer del 3 de julio de 2010, cuando Alemania eliminó de la Copa del Mundo, por 4 a 0, a la Argentina de Diego Maradona, que hasta ahí había ilusionado a todos.

POR LOS VIÑEDOS DEL CABO

Ciudad del Cabo es una de las nueve Capitales Mundiales del Vino. Integra esta elite gracias a estar rodeada por más de 200 bodegas de primera línea, además de poseer una gastronomía de alto nivel internacional. Los cercanos valles y poblados de Constantia, Stellenbosch, Franschoek y Paarl son recorridos por doce rutas del vino, donde ofrecen degustaciones, comidas por pasos maridadas, safaris en medio de los viñedos, conciertos musicales, exposiciones de arte y todo lo imaginable, siempre enmarcado por las placenteras experiencias que rodean al vino.

Stellenbosch es la más famosa y antigua de estas rutas. Se llega en una hora en auto o en tren, desde el centro de la ciudad. Durante el recorrido se atraviesan hermosos valles ondulados, repletos de prolijos viñedos. Posee 22 bodegas en un radio de 12 kilómetros y sus anfitriones se encargan de que los amantes del vino no se olviden jamás de este rincón del mundo.

Difícil hacerlo en momentos en que un Pinotage, la excelente variedad tinta distintiva de Sudáfrica, combina perfectamente con un Akhini de pollo, un plato regional de influencia asiática elaborado con carne de cordero molida y sazonado con duraznos, damascos y pasas. Mientras degusto estas exquisiteces y mi mirada se pierde entre las viñas repletas de racimos, no tengo dudas: Ciudad del Cabo lo tiene todo.


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