El paraíso de las carpas

Arroyito, a 50 km de Neuquén. Un experto pescador describe el lugar y la especie.

Redacción

Por Redacción

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La carpa está en la región hace unos 20 años. Es una presencia que divide las aguas entre los pescadores. De un lado, quienes la menosprecian como especie: la consideran invasiva, no les gusta su aspecto y creen que de a poco desplaza de su territorio a las especies autóctonas, entre ellas el pejerrey patagónico, la perca, el bagrecito del torrente, la mojarra desnuda y sobre todo a la que tienen como la verdadera estrella de la Patagonia, su majestad la trucha.

Del otro, quienes replican que es una especie introducida como lo fue la propia trucha cien años atrás. Y que si está, lo mejor que se puede hacer es pescarla, valorar su pelea en la captura, su astucia, lo rica que es su carne pese a su fama de gusto a barro. Y citan a biólogos que afirman que no es depredadora de las truchas ni arrasa sus camas de huevas.

Mientras el debate se pone cada vez más caliente en las redes sociales alrededor de estos peces que pueden llegar a medir más de un metro y a pesar más de 14 kilos, Gabriel Distilo tiene claro que es muy interesante su modalidad de pesca. Integrante de la Peña Ribera Libre, que promueve la pesca responsable y el respeto al medio ambiente, es raro que deje pasar un fin de semana sin ir a practicar su pasatiempo favorito, siempre con mosca.

En general, elige un escenario cercano a Neuquén. Arroyito es uno de ellos, a 50 kilómetros y a una hora de la ciudad, con sus costas del Limay y un sistema de lagunas increíbles, brazos de baja circulación de agua y pequeños desbordes, un paraíso al alcance de la mano.

Un lugar donde encontrarse con amigos, compartir unos mates, bromear sobre quién hará la mejor captura, despedirse con la promesa de volver a verse el fin de semana siguiente e irse sin dejar basura.

La naturaleza y el movimiento de tierras para construir el embalse han generado allí estas lagunas de poca profundidad donde el agua se mantiene cálida y clara, el tipo de hábitat que prefieren las carpas, que patrullan el fondo en busca de alimento. Son herbívoras – omnívoras y succionan todo lo que encuentran a su paso: se alimentan de plantas acuáticas pero también buscan en el fondo pequeños insectos, crustáceos, zooplankton y bentos. También están en los ríos: suben por el Negro desde Viedma y remontan por el Limay hasta Arroyito y por el Neuquén hasta el Dique Ballester, buscan espejos o desbordes de no más de entre 20 centímetros y un metro para alimentarse.

A pez visto

Para pescarla, lo primero es verla, explica Gabriel. Y agrega que una modalidad para capturarla es cuando busca comida con el hocico hacia abajo y la cola hacia arriba, perpendicular al fondo. “Cuando va succionando, el agua cristalina se pone turbia: el movimiento la delata. Como si fuera un tiro al blanco, la mosca lastrada tiene que caer un poco pasada del centro del círculo de agua revuelta, en ese momento hay que dejar posar la mosca en el fondo hasta que la carpa la succione”, relata.

La otra forma es cuando busca comida e inspecciona cerca de la superficie.

“En este caso es una pesca de interceptación: con mucho sigilo y cuidado hay que tirar haciendo un cruce imaginario de 90 grados, tratando de cruzar la mosca delante de ella justo en el cruce a su paso, siempre adelante de donde se dirige ella”, señala.

Moscas

¿Cuáles se utilizan? “Son muy simples: la mayoría imita ninfas, un estadío de los insectos voladores que nacen en el río -dice Gabriel-. Los patrones más usados son Carp Scampi, Pampeanita, Canape, Coyote Carp Nymph o Backstabber. La carpa es muy astuta, muy sensible al sonido, un pequeño ruido, una pisada y se pone alerta, se espanta y no toma la mosca. Te vio, te oyó y por ahí pasan dos o tres horas o incluso todo el día hasta que tengas una nueva posibilidad de un pique. Eso lo hace todavía más atractiva. La carpa tiene otra característica, acaso la que más apasiona a los pescadores: no se entrega, pelea.

-Es inofensiva, mansa, pero de un poderío físico que los otros peces de la región no tienen. El pique es explosivo. Cuando nota el engaño, suele hacer corridas muy largas. Su boca retráctil, y blanda al anzuelo, es al mismo tiempo muy resistente. Sale disparada con una potencia tremenda, ni siquiera la marrón más grande puede igualarla. Emprende corridas de 20, 30 metros y hay que esperar a que pare. Me ha tocado estar mas 25 minutos hasta lograr doblegarla. Otra cosa que la diferencia del resto de los peces es que cuando capturás una, la sostenés y la ubicás para sacarte la foto, te tomes el tiempo que te tomes la volvés a poner en el agua y la carpa se va como si nada, tiene una gran capacidad de respiración. La trucha aguanta mucho menos. Por eso a veces con las truchas muchos pescadores demoran demasiado con el trámite de la foto y cuando las sueltan a los pocos metros se dan vuelta por su estrés, quedan flotando, dificultando así su respiración y se mueren -explica.

Por último, Gabriel Distilo afirma que hay biólogos que proponen que se consuma a la carpa para regular su alto crecimiento, ya que casi el 100% de sus alevinos llega a la adultez. Y agrega que aunque no rige la veda para ella ni hay límites de capturas, sería bueno crear áreas diferenciadas para pescarlas todo el año y que no haya ninguna confusión con las zonas que habitan las truchas, percas y pejerreyes.

Fotos: Gabriel Distilo


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