“Lluvias e imprevisión”
Antes –hace más de 40 años que vivo acá– el problema se daba con las grandes nevadas: dificultades en el tránsito, imposibilidad de llegar al trabajo o a las escuelas, interrupción de las clases, de los servicios, etc. Desde hace bastante tiempo no es tanto la nevada la que provoca como ahora todo tipo de trastornos, sino las lluvias. Por esporádicos que sean los fenómenos de lluvias y/o nevada en cantidades excepcionales, estos en una zona de montaña forman parte de las características del lugar. Pero Bariloche –la principal ciudad turística, dicen, de la Argentina–, la que se publicita con el slogan “Bariloche está ok”, tiene una desastrosa infraestructura vial, un más calamitoso sistema de transporte público y, lo que es peor, una ausencia o deficiencia de políticas públicas eficaces en esos ámbitos. La imprevisión, la falta de acciones y de realizaciones en épocas en que el clima lo permite; la autorización o hacer la vista gorda sobre obras que suponen desvíos de cauces, talas de árboles, construcciones en lugares con peligro de derrumbes, etc., completan el panorama. Éste, que es absolutamente desolador y preocupante, y del que, si los medios dan cuenta, se dice que es para perjudicarnos, se da este año en plena campaña política, teñida ésta de una vergonzosa pelea entre autoridades municipales, provinciales y nacionales. Las propagandas, los cantitos, las inauguraciones, los anuncios de lo que se va a hacer, las loas a lo que se hizo, el esgrimir descarnadamente el apoyo de la Nación a una sola de las partes; y en el medio nosotros, los sufridos ciudadanos, los habitantes de esta ciudad arrasada por el barro, las piedras, el agua, impedidos de cruzar calles y con los autos sumergidos en lagunas en la terminal, en esquinas céntricas, en los barrios. En mi caso particular, vivo en Melipal, teniendo que meterme en charcos de líquidos cloacales para tomar un micro o cruzar la Bustillo. ¿De quién es la responsabilidad de tanta imprevisión, tanta desidia, tanta ausencia, aunque fuera de ideas para solucionar estos problemas? ¿Cómo se puede ofrecer al mundo una ciudad turística en estas condiciones, que ya se daban antes de las lluvias, y no es sólo por la mala suerte de tener ceniza, hantavirus o lluvias? ¿Es sólo del gobierno provincial, del nacional –que justo en este momento reclama el pago de deudas– o del municipal a quién la ayuda de Acción Social de la Nación no le alcanza? ¿De quién es? ¿No será que es un poco de todos pero como están todos peleados no pueden coordinar políticas y brindar soluciones? Estamos inmersos en una verdadera crisis, sí, pero no porque hayan venido las lluvias, sino porque nuestros dirigentes a fuerza de pelearse, de descalificarse, de llevar cada uno agua para su molino, no cumplen con su misión que es la de estar al servicio y mejorar la vida de sus gobernados. María Faustina Huarte DNI 4.781.916 Bariloche
María Faustina Huarte DNI 4.781.916 Bariloche
Antes –hace más de 40 años que vivo acá– el problema se daba con las grandes nevadas: dificultades en el tránsito, imposibilidad de llegar al trabajo o a las escuelas, interrupción de las clases, de los servicios, etc. Desde hace bastante tiempo no es tanto la nevada la que provoca como ahora todo tipo de trastornos, sino las lluvias. Por esporádicos que sean los fenómenos de lluvias y/o nevada en cantidades excepcionales, estos en una zona de montaña forman parte de las características del lugar. Pero Bariloche –la principal ciudad turística, dicen, de la Argentina–, la que se publicita con el slogan “Bariloche está ok”, tiene una desastrosa infraestructura vial, un más calamitoso sistema de transporte público y, lo que es peor, una ausencia o deficiencia de políticas públicas eficaces en esos ámbitos. La imprevisión, la falta de acciones y de realizaciones en épocas en que el clima lo permite; la autorización o hacer la vista gorda sobre obras que suponen desvíos de cauces, talas de árboles, construcciones en lugares con peligro de derrumbes, etc., completan el panorama. Éste, que es absolutamente desolador y preocupante, y del que, si los medios dan cuenta, se dice que es para perjudicarnos, se da este año en plena campaña política, teñida ésta de una vergonzosa pelea entre autoridades municipales, provinciales y nacionales. Las propagandas, los cantitos, las inauguraciones, los anuncios de lo que se va a hacer, las loas a lo que se hizo, el esgrimir descarnadamente el apoyo de la Nación a una sola de las partes; y en el medio nosotros, los sufridos ciudadanos, los habitantes de esta ciudad arrasada por el barro, las piedras, el agua, impedidos de cruzar calles y con los autos sumergidos en lagunas en la terminal, en esquinas céntricas, en los barrios. En mi caso particular, vivo en Melipal, teniendo que meterme en charcos de líquidos cloacales para tomar un micro o cruzar la Bustillo. ¿De quién es la responsabilidad de tanta imprevisión, tanta desidia, tanta ausencia, aunque fuera de ideas para solucionar estos problemas? ¿Cómo se puede ofrecer al mundo una ciudad turística en estas condiciones, que ya se daban antes de las lluvias, y no es sólo por la mala suerte de tener ceniza, hantavirus o lluvias? ¿Es sólo del gobierno provincial, del nacional –que justo en este momento reclama el pago de deudas– o del municipal a quién la ayuda de Acción Social de la Nación no le alcanza? ¿De quién es? ¿No será que es un poco de todos pero como están todos peleados no pueden coordinar políticas y brindar soluciones? Estamos inmersos en una verdadera crisis, sí, pero no porque hayan venido las lluvias, sino porque nuestros dirigentes a fuerza de pelearse, de descalificarse, de llevar cada uno agua para su molino, no cumplen con su misión que es la de estar al servicio y mejorar la vida de sus gobernados. María Faustina Huarte DNI 4.781.916 Bariloche
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