Instancia decisiva para el juicio en Bariloche por el crimen de Latiff: mañana será día de alegatos

Hoy pasaron frente al tribunal los últimos testigos. La pareja de la víctima dijo que el homicida lo atacó de manera "desenfrenada". Reconoció también que la pelea inicial fue por una transacción de drogas.

Por Daniel Marzal

Instancia decisiva para el juicio en Bariloche por el crimen de Latiff: mañana será día de alegatos. Foto: Alfredo Leiva

Instancia decisiva para el juicio en Bariloche por el crimen de Latiff: mañana será día de alegatos. Foto: Alfredo Leiva

La última tanda de testigos en el juicio oral contra Ismael Choque Vargas, quien está acusado de matar a puñaladas a Gastón Marcelo Latiff, reforzó hoy la idea de que el punto a dilucidar por parte de los jueces que deben dictar sentencia es si el homicida actuó con plena conciencia o guiado por un impulso irracional.

A favor de Choque Vargas juegan la pericia psiquiátrica presentada ayer por la médica del Poder Judicial Verónica Martínez y también el “trauma” que arrastraba por asaltos callejeros y otros episodios de violencia sufridos con anterioridad, según lo expuesto por su madre y también por un amigo y un exempleador. Pero la fiscalía dejó en claro que buscará hacer valer algunas contradicciones que no explican la reacción del imputado y la cantidad de heridas causadas a la víctima, que según la autopsia fueron siete, incluida una en el cuello, que resultó mortal.

La pericia según la cual Choque padece un «trastorno paranoide» y habría actuado bajo un «shock emocional» que desencadenó una «descarga motora» irracional y automática fue producida por el Cuerpo de Investigación Forense. Es decir se trata de un informe técnico oficial, que no fue contrastado con ninguna pericia de parte.

La de hoy fue la cuarta jornada del juicio que conduce el tribunal integrado por los jueces Sergio Pichetto, Martín Arroyo y Bernardo Campana. Desde el lunes pasaron por la sala más de 20 testigos y la audiencia de mañana quedó reservada para los alegatos.

Desde Buenos Aires declaró por videoconferencia Bárbara Barrios, quien era pareja de Latiff y entró con él a la despensa donde fue asesinado. Introdujo datos que habían sido sugeridos sin tanta precisión por otros testigos al reconocer que el joven con quien había emigrado poco antes a Bariloche consumía drogas en forma asidua y la noche del 10 de febrero de 2025, había les comprado “por telegram” a unos desconocidos que lo engañaron con un producto adulterado. Al advertirlo comenzó a perseguirlos, decidido a saldar cuentas y a “que le devuelvan la plata”.

Bárbara dijo que desde un principio intentó disuadirlo, pero no logró sacarlo de su empecinamiento. “Eran cuatro personas, los seguimos en la moto y los vimos entrar en la despensa -completó-. Marcelo estaba muy enojado, yo sabía lo que iba a pasar. Entra como loco al negocio, les pide la plata y se empiezan a pelear. Empujaron el mostrador, había unas bolsas con botellas y volaron al piso”.

Dentro del comercio, en el rol de cliente, estaba también Choque Vargas con su pareja, quien interpretó que se trataba de un robo, se sintió amenazado y sacó un cuchillo. Según Bárbara, “apareció de la nada, y podía haberse ido”, pero se dirigió con el arma hacia Latiff en forma “desenfrenada”, le tiró varias puñaladas y le quitó la vida.

Según la mujer, Latiff “intentó sacarle el cuchillo” sin lograrlo, mientras Choque Vargas “le daba y le daba”. Aseguró que en la desesperación de ver a su pareja en el suelo y herido de muerte no sabía que hacer. Los cuatro presuntos vendedores de droga se fueron del lugar, pero el agresor dejó el cuchillo a un lado y ayudó en el intento de reanimación, dijo Bárbara.

El intento de cobrarse una “estafa” que terminó mal


La joven señaló también que su expareja no había tenido peleas previas, que era “un buen pibe” y que no quería que su familia supiera de su adicción a las drogas. Su relato incluyó momentos de alto impacto, reconoció que el incidente se desencadenó porque Latiff fue “contra la gente que lo había estafado”. Ante una pregunta del defensor Nelson Vigueras conjeturó que si hubiera logrado sacarle el cuchillo a Choque “se iba a defender” y lo iba a “lastimar”. En una declaración previa había dicho “a matar”, según se encargó de subrayar el defensor.

También declaró ante el tribunal la madre de Choque, quien contó que tuvieron una vida “muy dura”, en el norte de Chile, luego de emigrar desde su Bolivia natal cuando el joven ahora acusado de homicidio tenía 11 años. Aseguró que vivían en un ambiente inseguro, que a Ismael lo habían atacado más de una vez en la calle, “a veces entre tres o cuatro”, y que sufrió heridas en alguno de esos hechos.También señaló que ella “le pegaba” y que el muchacho tomó de chico pastillas para dormir.

Otro testigo que mantuvo una estrecha amistad con Choque y declaró desde Chile confirmó que vivían rodeados de mucha inseguridad y que los dos portaban gas pimienta y navajas de autodefensa para andar por la calle. Desde el crimen, ocurrido hace un año y medio, Choque Vargas permanece en prisión preventiva alojado en el área de Salud Mental del hospital zonal de Bariloche, por indicación médica y debido a sus intentos de suicidio.

Historias paralelas, padres ausentes


Choque y Latiff se cruzaron aquella noche en la despensa del barrio Quimey Hue en forma fortuita. No se conocían. Pero sus historias personales tienen sugestivos puntos en común. Ambos habían llegado a Bariloche poco tiempo antes, junto a sus parejas, en busca de un futuro mejor. Latiff desde Buenos Aires y su victimario desde Chile, donde vivía con su madre y hermanos en la norteña ciudad de Calama.

Un amigo suyo que declaró en el juicio dijo que se trata de una zona minera y definió a Calama como una urbe violenta y “depresiva”, porque está enclavada en un desierto y “no tiene espacios verdes”.

Ambos jóvenes tenían trabajo estable y se defendían en el día a día. Latiff se empleó en una panadería y completaba sus ingresos con repartos en moto que realizaba para una aplicación de delivery. Choque hacía reparaciones eléctricas y había trabajado también en una constructora.

La madre de Latiff siguió todo el juicio desde la silla reservada a los querellantes y hoy habló brevemente luego del último testimonio. Dijo que había tenido a Gastón a los 22 años, que el padre la abandonó en pleno embarazo y “no se hizo cargo”. Aun así se esforzó por darle buena educación. Dijo que avanzó en la escuela sin tropiezos hasta que decidió dejar, y que comenzó a trabajar desde chico. Conoció Bariloche por un tío que le propuso empleo y decidió mudarse.

Choque Vargas también creció con un padre ausente, según se encargó de subrayar su madre, Yuma Vargas, quien dijo que su hijo la ayudaba desde chico en su trabajo como feriante y que la “protegía” de un entorno que definió como amenazante, con frecuentes robos de mercadería. “Se me traumó” dijo en un momento la mujer, y lo atribuyó de algún modo a ese entorno hostil.


La última tanda de testigos en el juicio oral contra Ismael Choque Vargas, quien está acusado de matar a puñaladas a Gastón Marcelo Latiff, reforzó hoy la idea de que el punto a dilucidar por parte de los jueces que deben dictar sentencia es si el homicida actuó con plena conciencia o guiado por un impulso irracional.

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