Salvó a su hija de la trata y vive amenazado

Redacción

Por Redacción

Un vendedor de flores de Santa Fe que logró rescatar a su hija de una red de trata está ahora en peligro por las amenazas que recibe. Otra adolescente a la que ayudó a escapar del mismo prostíbulo ahora volvió a desaparecer, luego de brindar ante la justicia una declaración en la que negó todo lo que había revelado antes sobre el funcionamiento de la organización criminal que la había secuestrado. Mario Gamarra encontró, tras ocho meses de desesperación, a su hija de 18 años que había sido prostituida en tres provincias del país. Cuando la chica pudo dar una señal de vida –gracias al teléfono que le prestó un cliente– Mario y su hijo condujeron 700 kilómetros y la rescataron de un prostíbulo de La Banda, en Santiago del Estero. Ahora Mario pide “protección”, pues sufre amenazas diarias de los secuestradores. Además, María Cristina Ojeda, la chica a la que había rescatado junto con su hija, volvió a desaparecer luego de hacer una “desmentida” ante la Justicia. “La jueza que estaba a cargo cree en esa última versión. Pero está devolviéndosela a los secuestradores”, cuestionó ayer en declaraciones a TN el abogado de la familia Gamarra, Guillermo Strazza. La hija de Mario, Romina, fue secuestrada en enero de 2006 por un vecino que bajó de un auto, la amenazó con un arma y la secuestró. Estuvo cautiva a sólo 30 cuadras de su casa y fue llevada por los tratantes a la misma comisaría donde sus padres habían denunciado la desaparición. Allí la forzaron a declarar que estaba bien. La red de trata la llevó a General Rodríguez (Buenos Aires); luego a Bell Ville (Córdoba) y finalmente a La Banda. El circuito de “whiskerías” se hizo interminable y Romina vio más de una vez a policías cobrando sus comisiones para permitir el funcionamiento de los prostíbulos. Cuando pudo llamar pidió auxilio a su papá. “Cargué nafta y a mi pibe para que me lea los carteles de la ruta, porque tanto no sé leer”, contó Mario. Esa noche manejó 700 km y al llegar al cabaret “Negro el 20” paró. Desde afuera vio que Romina “salta la tapia con otra piba (María Cristina) y atrás venía un gordo con un fierro y arranqué cagando”, relató. Entonces pasaron por tres comisarías donde se negaron a tomarle la denuncia. Finalmente la radicaron ante la Justicia de Santa Fe, que ordenó la captura de tres sospechosos pero esas detenciones nunca se concretaron. Hoy Mario y su familia viven amenazados y María Cristina está desaparecida. Fue vista por última vez en compañía de uno de los prófugos.

Otra jovencita a la que ayudó a escapar del prostíbulo en el que estaba Romina volvió a desaparecer.


Un vendedor de flores de Santa Fe que logró rescatar a su hija de una red de trata está ahora en peligro por las amenazas que recibe. Otra adolescente a la que ayudó a escapar del mismo prostíbulo ahora volvió a desaparecer, luego de brindar ante la justicia una declaración en la que negó todo lo que había revelado antes sobre el funcionamiento de la organización criminal que la había secuestrado. Mario Gamarra encontró, tras ocho meses de desesperación, a su hija de 18 años que había sido prostituida en tres provincias del país. Cuando la chica pudo dar una señal de vida –gracias al teléfono que le prestó un cliente– Mario y su hijo condujeron 700 kilómetros y la rescataron de un prostíbulo de La Banda, en Santiago del Estero. Ahora Mario pide “protección”, pues sufre amenazas diarias de los secuestradores. Además, María Cristina Ojeda, la chica a la que había rescatado junto con su hija, volvió a desaparecer luego de hacer una “desmentida” ante la Justicia. “La jueza que estaba a cargo cree en esa última versión. Pero está devolviéndosela a los secuestradores”, cuestionó ayer en declaraciones a TN el abogado de la familia Gamarra, Guillermo Strazza. La hija de Mario, Romina, fue secuestrada en enero de 2006 por un vecino que bajó de un auto, la amenazó con un arma y la secuestró. Estuvo cautiva a sólo 30 cuadras de su casa y fue llevada por los tratantes a la misma comisaría donde sus padres habían denunciado la desaparición. Allí la forzaron a declarar que estaba bien. La red de trata la llevó a General Rodríguez (Buenos Aires); luego a Bell Ville (Córdoba) y finalmente a La Banda. El circuito de “whiskerías” se hizo interminable y Romina vio más de una vez a policías cobrando sus comisiones para permitir el funcionamiento de los prostíbulos. Cuando pudo llamar pidió auxilio a su papá. “Cargué nafta y a mi pibe para que me lea los carteles de la ruta, porque tanto no sé leer”, contó Mario. Esa noche manejó 700 km y al llegar al cabaret “Negro el 20” paró. Desde afuera vio que Romina “salta la tapia con otra piba (María Cristina) y atrás venía un gordo con un fierro y arranqué cagando”, relató. Entonces pasaron por tres comisarías donde se negaron a tomarle la denuncia. Finalmente la radicaron ante la Justicia de Santa Fe, que ordenó la captura de tres sospechosos pero esas detenciones nunca se concretaron. Hoy Mario y su familia viven amenazados y María Cristina está desaparecida. Fue vista por última vez en compañía de uno de los prófugos.

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