“Dengue, zika, chikungunya y… ¡cortes de luz!”

Redacción

Por Redacción

Que el dengue, el zika y el chikungunya nos afectan y tienen sugestionados no es ninguna novedad porque al ser algo desconocido alimenta fantasmas por todo lo que se escucha desde las diferentes regiones del planeta sobre su avance, pero si a esta epidemia le sumamos el clima ya podemos decir, emulando a los jóvenes, que “estamos en el horno”. Sea por salud o porque no se soporta el calor dentro de una vivienda, fábrica u oficinas, los ciudadanos con un pasar económico digno tienen aire acondicionado para superar las altas temperaturas y desarrollar sus actividades con un poco de alivio en el cuerpo y… el carácter, porque te pone de los pelos transpirar todo el día y, cuando el calor aprieta, a uno no se le paran los fideos por el mal humor. En el otro extremo, también el ciudadano de escasos recursos sufre en carne propia los vaivenes de la temperatura por no contar con tan preciado elemento artificial proveedor de frío por razones más que lógicas, como la falta de dinero para comprar un equipo o, después, afrontar el gasto de energía eléctrica en la factura a fin de mes. Un buen ventilador lo ayuda y la sombra de los árboles cuando corre un poco de viento también acompaña, aunque no siempre ocurre. Lo cierto es que como este año recuerdo pocos. Entre la lluvia intensa que nos inunda durante días enteros y semejante calor, todo favorece la llegada de nuevas pestes y no todos los argentinos han tomado conciencia de que esto se quedará de visita en nuestras vidas por un largo período. Sin el menor ánimo de ofender, repito un comentario realizado por un epidemiólogo que escuché en la radio. El profesional hacía hincapié en que gran parte de la prevención radica en la higiene profunda de toda la casa, porque en “la mugre estancada” también se desarrollan muchos virus. El nuevo gobierno no ha debido realizar ningún tipo de esfuerzo para conseguir la tan mentada igualdad social. Ni un centavo tuvo que gastar don Mauricio, porque le han dejado el sistema energético tan destruido que todos somos iguales, los pobres y ricos en la misma vereda, esperando que los cortes de luz no nos castiguen más. Todos pertenecemos a la categoría de sufridos habitantes de la desidia, porque nos dejan sin luz a cualquier hora del día, así que de nada sirve tener aire acondicionado, ventilador, freezer o cualquier elemento que tenga un enchufe… y ni hablar si los cortes se producen a la hora de la siesta, ideal para destruirnos un poquito más, o cuando usted pudo cerrar los ojos para volcarse al sueño reparador de la noche y se despierta bañado en sudor, síntoma característico de que el calorcito entró hasta debajo de su cama. ¿Ahora me entiende? Todos somos pobres cuando no tenemos energía eléctrica. Las excusas vertidas por los responsables de brindar un servicio eficiente son siempre las mismas y quizá deberían cambiar un poco el libreto, porque el “mentime que nos gusta” con nosotros no va más. “Que es el récord histórico, la transportadora de energía, el viento, la lluvia… que fallaron los cables que llevan la energía a la ‘sala de celdas’ o que falló el transformador Nº 2”… así vamos aprendiendo el nuevo idioma con la bronca contenida (y ni hablar de la salud de nuestros abuelos y niños o, peor aún, de nuestros enfermos crónicos). Si cada vez que superemos los 40 grados de temperatura tendremos este tipo de problemas, hay algo que no anda bien y los responsables recién se enteraron de que en Argentina hace muchos años las provincias, especialmente las norteñas, no tienen más clima subtropical en verano: ahora todo es un infierno de punta a punta. Quizá debamos asumir muy seriamente que esto no cambiará y será una rutina sobrevivir con este tipo de situaciones climáticas. Hay soluciones posibles pero no están al alcance de nuestros bolsillos, porque solamente un grupo generador de electricidad para un hogar cuesta de 8.000 a 20.000 pesos y se convierte en un sueño que no todos pueden cumplir. Sólo nos queda esperar que El Niño se convierta en adulto y nos deje descansar un poco de tanto calor, lluvia y cuanta cosa rara climática nos golpea por estos días. Ricardo Bustos Capioví, Misiones

Ricardo Bustos Capioví, Misiones


Que el dengue, el zika y el chikungunya nos afectan y tienen sugestionados no es ninguna novedad porque al ser algo desconocido alimenta fantasmas por todo lo que se escucha desde las diferentes regiones del planeta sobre su avance, pero si a esta epidemia le sumamos el clima ya podemos decir, emulando a los jóvenes, que “estamos en el horno”. Sea por salud o porque no se soporta el calor dentro de una vivienda, fábrica u oficinas, los ciudadanos con un pasar económico digno tienen aire acondicionado para superar las altas temperaturas y desarrollar sus actividades con un poco de alivio en el cuerpo y... el carácter, porque te pone de los pelos transpirar todo el día y, cuando el calor aprieta, a uno no se le paran los fideos por el mal humor. En el otro extremo, también el ciudadano de escasos recursos sufre en carne propia los vaivenes de la temperatura por no contar con tan preciado elemento artificial proveedor de frío por razones más que lógicas, como la falta de dinero para comprar un equipo o, después, afrontar el gasto de energía eléctrica en la factura a fin de mes. Un buen ventilador lo ayuda y la sombra de los árboles cuando corre un poco de viento también acompaña, aunque no siempre ocurre. Lo cierto es que como este año recuerdo pocos. Entre la lluvia intensa que nos inunda durante días enteros y semejante calor, todo favorece la llegada de nuevas pestes y no todos los argentinos han tomado conciencia de que esto se quedará de visita en nuestras vidas por un largo período. Sin el menor ánimo de ofender, repito un comentario realizado por un epidemiólogo que escuché en la radio. El profesional hacía hincapié en que gran parte de la prevención radica en la higiene profunda de toda la casa, porque en “la mugre estancada” también se desarrollan muchos virus. El nuevo gobierno no ha debido realizar ningún tipo de esfuerzo para conseguir la tan mentada igualdad social. Ni un centavo tuvo que gastar don Mauricio, porque le han dejado el sistema energético tan destruido que todos somos iguales, los pobres y ricos en la misma vereda, esperando que los cortes de luz no nos castiguen más. Todos pertenecemos a la categoría de sufridos habitantes de la desidia, porque nos dejan sin luz a cualquier hora del día, así que de nada sirve tener aire acondicionado, ventilador, freezer o cualquier elemento que tenga un enchufe... y ni hablar si los cortes se producen a la hora de la siesta, ideal para destruirnos un poquito más, o cuando usted pudo cerrar los ojos para volcarse al sueño reparador de la noche y se despierta bañado en sudor, síntoma característico de que el calorcito entró hasta debajo de su cama. ¿Ahora me entiende? Todos somos pobres cuando no tenemos energía eléctrica. Las excusas vertidas por los responsables de brindar un servicio eficiente son siempre las mismas y quizá deberían cambiar un poco el libreto, porque el “mentime que nos gusta” con nosotros no va más. “Que es el récord histórico, la transportadora de energía, el viento, la lluvia... que fallaron los cables que llevan la energía a la ‘sala de celdas’ o que falló el transformador Nº 2”... así vamos aprendiendo el nuevo idioma con la bronca contenida (y ni hablar de la salud de nuestros abuelos y niños o, peor aún, de nuestros enfermos crónicos). Si cada vez que superemos los 40 grados de temperatura tendremos este tipo de problemas, hay algo que no anda bien y los responsables recién se enteraron de que en Argentina hace muchos años las provincias, especialmente las norteñas, no tienen más clima subtropical en verano: ahora todo es un infierno de punta a punta. Quizá debamos asumir muy seriamente que esto no cambiará y será una rutina sobrevivir con este tipo de situaciones climáticas. Hay soluciones posibles pero no están al alcance de nuestros bolsillos, porque solamente un grupo generador de electricidad para un hogar cuesta de 8.000 a 20.000 pesos y se convierte en un sueño que no todos pueden cumplir. Sólo nos queda esperar que El Niño se convierta en adulto y nos deje descansar un poco de tanto calor, lluvia y cuanta cosa rara climática nos golpea por estos días. Ricardo Bustos Capioví, Misiones

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