Escuela Especial N° 1: medio sigo de un ejemplo de inclusión en Neuquén
Senderos de Vida apoya a chicos con discapacidad intelectual pero también a sus familias, para fomentar la integración puertas afuera del colegio.
“La historia de mis riquezas yo las guardo en mi bolsillo, figuritas de colores y la arena de un castillo. Las riquezas son, tu mano y mi mano amiga y muchas manos unidas”, desde el escenario la profesora de música entonaba la canción de María Teresa del Corral, que cantaron por años en la Escuela Especial 1 “Senderos de Luz”. La institución ayer celebró su 50 aniversario y recorrió el medio siglo de trabajo hecho por la integración de niños con discapacidad intelectual.
Al fondo de la calle Galarza, en el oeste neuquino, la comunidad educativa de hoy y de antes, estaba reunida. Sobre el asfalto se acomodaban en sillas de plástico frente al escenario y los banderines de colores cruzaban de una vereda a otra.
Los senderos por los que transitaron padres, docentes y alumnos fueron muchos y los recordaban. Los años ‘60 y las casas de las señoras Felisa y Teresa Jabat de Bianchi abrían esta historia cuando recibían, en su propio hogar a los chicos para brindarles contención y educación.
Mirta Noemí Sartori, fue asistente social de uno de los primeros equipos que trabajó, y ayer en el aniversario contaba que la escuela después se trasladó a Santiago del Estero y Roca, con un anexo en Villa María. “Luego se divide, Teresa queda como directora de los chicos hipoacúsicos y Diana Mafaro de Bauchet de niños discapacitados. Era una gran familia y Neuquén era chico todavía”, recordaba.
Ayer el frío jugaba una carta en contra pero el festejo no se congelaba. Lucas, un nene de unos 10 años tomó el micrófono sin vergüenza y alentado por las maestras comenzó a cantar el feliz cumpleaños al lugar que todos los días lo recibe con afecto.
Franco Puma, el actual vicedirector, contaba que los maestros trabajan con proyectos pedagógicos que buscan la interacción con el afuera. “Es un desafío para los que enseñamos y también para la familia que tiene que aprender a soltar a los chicos. Ellos te enseñan todo el tiempo”.
Para esto tienen también talleres destinados no a los alumnos, sino a sus familias, para darles herramientas de integración. A su vez, muchos chicos están en la escuela especial un tiempo y después vuelven a la escuela común. Hoy el establecimiento tiene una matrícula de 155 alumnos, 55 del proyecto de integración en escuelas primarias, 69 del turno mañana y 31 del turno tarde.
María Leticia del Campo asistió a la escuela por los ‘80 y solo se acordaba de unos 4 compañeros. Tiene síndrome de Down y para este cumpleaños volvió al colegio que la vio crecer hecha ya una mujer, a bailar con su grupo de danzas folclóricas.
“La escuela avanzó mucho. Lety es mi hija, ingresó en 1982. Antes no había maestras integradoras, musicoterapeutas y ahora sí. Eso es mucho mejor”, decía Estella a su lado.
Antes de pasar al salón de la escuela, dónde los esperaba un almuerzo para compartir, que durante dos días había cocinado toda la comunidad educativa, todos juntos entonaron otra canción.
La voz de la calle
Una escuela de vida
“Es importante ir a la escuela. Yo después de acá fui al Colegio Don Bosco. Me gustaba, ahí aprendí. Hice de primero a séptimo”.
“Trabajamos con chicos que además de tener o no discapacidad intelectual son excluidos del sistema. Es una lucha constante”.
El largo camino por
una educación integral
22 de agosto de 1961 Comienza a funcionar la escuela como centro de rehabilitación del lisiado en la casa de Teresa y Felisa Jabat hasta 1966.
2 de octubre de 1968. La cooperadora de la escuela obtiene personería jurídica y se la nombra “Senderos de luz”.
En 1980 se inaugura el nuevo edificio escolar y acepta el padrinazgo del Rotary Club filial Neuquén.
El objeto de la institución es brindar educación integral al sujeto para que alcance su máxima potencialidad, con acceso a aprendizajes formales y no formales.
Datos
- “Soy la mamá de Meli y la escuela es muy importante para nosotras. Ella la adora y cambió a partir de venir”.
- Ana Castillo, mamá
- Leticia del Campo, exalumna
- “Es un trabajo muy gratificante. Además de traerlos, somos una herramienta para que ellos se independicen”.
- Marta Sepúlveda, conductora
- Fabiola Pita, maestra
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