La carta que durmió en un libro durante 29 años

En abril del 88 Christian le escribió unas líneas a una amiga pero el sobre nunca llegó a Trenque Lauquen. Se traspapeló y lo encontraron en una estantería de material donado en una biblioteca de Cipolletti. La bibliotecaria lo contactó y volverá a sus manos.

Redacción

Por Redacción

Una carta escrita hace 30 años está a punto de volver a las manos de quien la escribió cuando apenas era un adolescente. Estaba perdida en uno de los libros de estudio de la biblioteca Bernardino Rivadavia. La encontró Silvia Hermosillas mientras acomodaba los ejemplares en uno de los tantos estantes que hay en el edificio.

Era de 1988, estaba firmada por Chirstian y dirigida a una chica de Trenque Lauquen.

No era de amor. Simplemente le relataba a su amiga esas cosas de la vida que aún hoy se cuentan los adolescentes. Antes con cartas, hoy con un chat o un mensaje de WhatsApp.

Luego del hallazgo, Silvia Hermosillas se propuso devolver la carta y se contactó vía Facebook con Christian. La mujer explicó que durante sus años de trabajo, encontró innumerables objetos entre libros donados. “Cuando encuentro algo en los libros me traslado e intento imaginarme una historia”, remarcó la mujer, quizá pensando en el momento exacto en que alguien olvida algo adentro de un libro.

Silvia contó que un viernes, de hace pocas semanas, cuando estaba ordenando libros en el sector de textos de nivel secundario, vio que había una carta en una estantería de los materiales de estudio. Cuando la encontró decidió agarrarla y guardarla con ella. Durante el fin de semana la leyó. Volvió el lunes y decidió contarle a Teresita, su compañera de trabajo. Ella fue quien la incentivó a contactar al protagonista de ese texto adolescente. “Lo busqué por Facebook y había una sola persona con ese apellido. Era de Neuquén. Como no era un apellido muy común me imaginé que podía ser él”, explicó Silvia.

La sorpresa

Cuando le comenzó a escribir, en un primer momento el muchacho, ahora de más de 40 años, pensó que no era de él pero cuando Silvia le dio un dato muy preciso, la dirección del remitente, coincidió con la dirección de su casa materna, entonces entendió que era cierto, que esa carta la había escrito él.

Silvia explicó que en ese momento, Christian se puso muy contento y quedó en acercarse hasta la biblioteca para recuperar el escrito. “Me dijo que lo había hecho volver a esa época”, relató Silvia sonriente. La carta, detalló Silvia, iba dirigida a una amiga de él. “No es una carta romántica sino que le cuenta situaciones de la vida, de lo que él pasaba en ese momento, cuando estaba en cuarto año del secundario”, agregó.

Ante la sorpresa, Christian le contó que cuando era joven iba seguido a la biblioteca y que seguramente el manuscrito había quedado perdido entre algún libro con el que había estudiado.

Ante la peculiar historia, Silvia reconoció que se puso a pensar sobre la informática y los avances de las comunicaciones. “En 1988 mandábamos cartas, y era todo por correo. Ahora es instantáneo. Yo te escribo a vos y vos podés estar en el fin del mundo y lo vas a recibir. Me puse a pensar en eso y me encantó”, dijo con una gran sonrisa.

Pedacitos de historia

Innumerables hallazgos

La cantidad de cosas que encontró entre los libros es innumerable. Desde pétalos de rosas, corazones, dinero, fotos antiguas y hasta certificados médicos. Según explicó, los libros son donados y muchas veces es imposible ubicar a la persona que entregó el material de lectura.

“En una ocasión encontré 100 dólares cuando estaba el uno a uno. No sabíamos de quién era el libro y con ese dinero compramos una novela porque no nos alcanzó para mucho”, recordó. Pero sin dudas, el hallazgo más fuerte fue hace unos años, cuando en el interior de un libro donado encontró un certificado médico, que tenía como diagnóstico una enfermedad crónica. “Eso me dolió”, recordó Silvia.

“En el momento no se ven las cosas, pero un día corrés un libro y se cae algo. Cuando eso pasa me traslado e intento imaginarme una historia”

dijo Silvia, que hace 27 años trabaja en bibliotecas, hace dos en la Rivadavia.

La carta no era de amor. Le relataba a su amiga esas cosas de la vida que aún hoy se cuentan los adolescentes. Antes con cartas, hoy con un chat o un WhatsApp.

Datos

“En el momento no se ven las cosas, pero un día corrés un libro y se cae algo. Cuando eso pasa me traslado e intento imaginarme una historia”
La carta no era de amor. Le relataba a su amiga esas cosas de la vida que aún hoy se cuentan los adolescentes. Antes con cartas, hoy con un chat o un WhatsApp.


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