Jóvenes a prisión por reiterados delitos
Bajos recursos, escasa instrucción y problemas de adicciones son el común denominador entre los protagonistas.
Jóvenes a prisión por reiterados delitos
Apenas cumplen los 18 el límite es la cárcel. Esa es la lamentable realidad de muchos jóvenes viedmenses que nacieron en hogares vulnerables y que con los años, lejos de encontrar una solución distinta, la privación de la libertad parece ser la única respuesta. Las familias no pudieron contenerlos y el Estado tampoco.
Esta semana, dos muchachos de 20 y uno de 18, pasaron de la audiencia de presentación de pruebas al penal por términos de un mes a dos años. Los tres conocidos desde chicos por funcionarios judiciales de las áreas de menores y defensorías oficiales.
Bajos recursos, escasa instrucción y problemas de adicciones son el común denominador que los atraviesa. No pudieron salir de esa pantanosa realidad ni nadie les tiró una soga, por lo menos, lo suficientemente sólida como para que tomaran envión y el camino a seguir no terminara en el encierro.
El joven de 18 recién cumplidos fue por primera vez al penal como interno pero lo conocía de antes. Su padre murió luego de prender fuego un colchón de su celda y sufrir gravísimas quemaduras. En la audiencia amenazó con hacer lo mismo. Sólo este mes había pasado por el juzgado cuatro veces por hurtos, robo y el último un calificado por haber utilizado un cuchillo.
Uno de los de 20 había acordado en juicio abreviado cumplir seis meses de prisión por tenencia de arma sin autorización y cuando un policía fue a notificarlo de ese fallo lo recibió apuntándole al rostro con un revólver que luego fue encontrado en su casa, cargado. En la misma audiencia de presentación de pruebas se pasó a un juicio abreviado y los primeros seis meses de prisión efectiva se duplicaron por haber cometido el mismo dos veces con pocos días de diferencia. Impactó la actitud de este joven que ingresó nervioso y enojado al juzgado y se fue llorando como un niño al despedirse de su madre.
Al tercer joven, también de 20, se le contabilizaron siete robos algunos con lesiones que tuvieron lugar en distintas oportunidades pero en una misma cuadra, a pesar que tenía prohibido acercarse a una de las víctimas, el propietario de un comercio del barrio, alrededor del cual fueron cometidos los otros episodios reprochados. Para fiscales y jueces ninguno de los tres cumplió con las pautas de conductas impuestas.
La Justicia, el hospital y la cárcel intervienen como los últimos eslabones de esa cadena que debió contener y no lo hizo. Si lo hubiera hecho, tal vez, la situación de estos tres jóvenes y otros tantos sería diferente. No se sabrá. Esa cadena es el Estado y en él, todos.
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