«La pregunta por la revolución puede ser anacrónica, pero tiene que seguir viva?

“Bombo, el reaparecido” nació como una investigación sobre uno de los combatientes más buscados y escurridizos del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Julio Ricardo Abad, pero las preguntas iniciales por su vida y desaparición llevaron a Mario Santucho (Buenos Aires, 1975) a indagar en otra trama, en la que se bifurcan la política y la violencia.
En diálogo con Télam, el autor del libro editado por Seix Barral recupera el dato de la reaparición del Bombo Ávalos, tal como se lo conocía en su pueblo natal Santa Lucía, para indagar en un universo en el que nacen preguntas sobre su padre, Mario Roberto Santucho, líder del ERP, pero también sobre el hermano del protagonista y los habitantes de ese territorio tucumano.

P- ¿Cómo fue el proceso de acercamiento a la historia?
R- Llegué de manera lateral, a través de una prima a la que acompañé a ver donde había caído su papá y después fue decisivo el vínculo con la gente del pueblo Santa Lucía, que es significativo en esta historia. Es un núcleo de conexión de muchas cosas porque es donde se instaló la guerrilla rural y fue el centro del foco represivo del Operativo Independencia. Es como si allí se hubiera condensado una disputa.

Hijo de uno de los líderes del ERP, Mario Santucho es editor de la revista Crisis. Foto: Alfredo Luna/Telam

P- El libro comienza con la pregunta por el Bombo, pero a medida que avanza la lectura aparecen más preguntas.
R- El punto es que eso demuestra todo lo que falta por hacer en las políticas de recuperación de la memoria. Por ejemplo, la figura del militante que se politiza de una manera que no es la que los relatos más tradicionales reconocen como tal no está del todo revisitada. No es el obrero que toma conciencia de su lugar en la sociedad y se juega por un proyecto de futuro, tampoco es el militante de clase media que lee y se politiza por una cuestión ideológica, sino que es un tipo más bien marginal que incluso muchos de sus compañeros no entienden muy bien por qué estaba ahí. Para mí es la figura del desclasado, del plebeyo, que hoy es una figura central en los sectores populares contemporáneos. La pregunta es: ¿cómo se comprometen esas figuras con un proyecto político de ruptura, de transformación social?

P- En relación a tu generación decís que nació demasiado pronto para desprenderse del sueño revolucionario pero cuando maduró no era posible la ruptura con el mercado.
R- Llegamos demasiado tarde para participar de esa aventura revolucionaria pero demasiado temprano para no tener a la revolución como elemento constituyente. No podemos despegarnos de esa pregunta. Quizás para un pibe de 15, 16 años, como mi hijo, la revolución puede ser otra cosa, para nosotros sigue siendo un proyecto de destrucción del capitalismo. Quizás es una manera anacrónica de verlo pero sigue siendo la manera y creo que es una pregunta que tiene que seguir viva.

P- De todos los personajes que entrevistaste por el libro ¿hay alguno que te haya impactado en particular?
R- El libro está hecho en torno a personajes. Todos me impactaron, empezando por Bombo, al que no conocí pero espero conocer, no me resigno a no conocerlo. Viene de un lugar impredecible y sin embargo se incorpora de una manera virtuosa a una organización revolucionaria que tenía otro sistema de valoraciones. El ejercicio de reconstruir esa biografía, que no se reconstruye ni se iba a reconstruir, fue un ejercicio de rescatarlo. Volvió a un mundo que ya no lo esperaba: ni la familia, ni el pueblo. Ni los ex compañeros lo veían como alguien que merecía un espacio en este presente. Tengo una hipótesis posible de lo que pasó con él y es que pudo haber negociado su vida a cambio de no aparecer nunca más y que Manolo Avellaneda, otro personaje importante del libro, tuvo que ver con ese arreglo. Hay más posibilidades que haya desaparecido y no se haya podido saber cómo y entonces existan diferentes versiones como el libro cuenta, pero que haya vivido también es una posibilidad y reconstruir esa historia es reconstruir por qué pudo haber sido posible.

P- Nombraste a Manolo Avellaneda que parece ser clave en los destinos del Bombo.
R- Es un personaje que se mueve en forma paralela porque así como el destino del Bombo tendría que haber sido el ascenso social o el de la marginalidad, Manolo eligió un camino que lo hermanaba con otros sectores sociales. Las organizaciones revolucionarias eran un encuentro de diferentes. La sociedad no tenía previsto que esa gente se mezclara y construyera una hermandad. Manolo Avellaneda, desde la oligarquía tucumana, hace un desplazamiento, se siente un poco desplazado. En los 70 se producen desplazamientos de las geografías tal y como estaban previstas. Manolo se va a un pueblito escapando a su rol de padre de familia, a escribir, en vez de quedarse con la burocracia bancaria. Sus libros son impresionantes, uno de ellos se llama Bombo. Para mí lo conoció, se metió en la cabeza de ese personaje. Creo que lo tiene que haber visto cuando estaba detenido.

Agencia Télam


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