El desafío de recrear la alimentación de los pueblos originarios

Un trabajo de investigación pone el foco en la alimentación de los pueblos originarios.

Un panorama sobre la “salud cultural” con foco en la alimentación de las poblaciones originarias es lo que propone un trabajo de investigación desarrollado por especialistas locales que ya está en las librerías.

Valentina Farías, una de las autoras, es referente del Centro de Etnosalud y de Camino Abierto, una institución que trabaja con pacientes de salud mental, en la que se dictaron una serie de talleres sobre alimentación de pueblos originarios, que fueron el origen del libro.

Farías dijo que la búsqueda que los movilizó es la de “desandar el camino de la transculturación” y que -en definitiva- el trabajo recién editado contribuye a su modo al “fortalecimiento de la identidad” de los pueblos que habitaban la Patagonia y el resto del continente antes de la conquista.

No tiene una mirada enciclopedista ni está presentado como un compendio de recetas, aunque contiene varias. El libro releva el resultado de los talleres y también las investigaciones y ponencias presentadas en jornadas que realizó el centro Etnosalud, dependiente de la Universidad Fasta y de la Universidad de Manitoba, Canadá.

Hay por ejemplo un capítulo sobre la producción y el uso ritual de la chicha, en el norte argentino, y otro sobre el curanto, que escribe Marta Ranquehue, de Bariloche.

Uno de los objetivos del libro es aportar a la reconstrucción de identidad y los rescates culturales de los pueblos originarios surgidos a partir de la última reforma constitucional. Recuperar los saberes sobre alimentación es apenas un aspecto más de ese proceso de las etnias originarias, que buscan dejar atrás “la vergüenza de ser indio”.

Farías dijo que lo empírico ocupa un lugar central en la compilación, por el libro se denomina “alimentación de poblaciones originarias. Nuestra experiencia” y recordó que en los talleres realizados usaron por ejemplo huevos de choique facilitados por el Inta (que tiene un criadero de la especie), con los que cocinaron canapés, empanadas y “unos bizcochuelos que son muy ricos y que son conocidos para las famiilas de origen rural”.

También reservaron un espacio a la cocina “gourmet”, como un goulash de cordero con spaetzle elaborados en base a huevos de choique.

Farías es médica psiquiatra y comparte la autoría entre otros con Javier Mignone, Patricia Franco, Sandra Ortega Rivero y Sol Montes, que es historiadora y chef.

Según explicó, algunas de las investigaciones son raccontos elaborados a partir de “paleoescritos”, documentos y testimonios sobre la alimentación mapuche y también de los pueblos tehuelche y pehuenche, en la que abundaba la carne de choique, de guanaco, los piñones y otros nutrientes tomados del entorno.

Dijo que el abordaje desde la salud es un tema complejo. “No se puede decir si esa comida originaria más sana que la comida que consumen hoy -señaló Farías-. Pero sí puede decirse que actualmente hay un exceso de hidratos de carbono y de mala calidad. Está demostrado que en los pueblos originarios desde Alaska hasta la Patagonia existe un porcentaje alarmante de diabetes tipo II, y la alimentación es un factor determinante”.

Dijo que uno de los problemas es el escaso hábito cultural por el consumo de verduras. Agregó que hoy se puede hablar de una “dieta empobrecida” y de una pérdida progresiva del saber ancestral (como ocurre con las hierbas medicinales), que el libro procura contrarrestar.

Farías señaló que el trabajo acaba de salir de imprenta y ya está disponible en librerías locales y en algunas bibliotecas. La presentación formal será recién el mes próximo.


Un panorama sobre la “salud cultural” con foco en la alimentación de las poblaciones originarias es lo que propone un trabajo de investigación desarrollado por especialistas locales que ya está en las librerías.

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