“A 40 años del golpe del 24 de marzo de 1976”

Por Redacción

“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”, afirma Georg Christoph Lichtenberg. Después de la Primavera de Praga (1968) y del Mayo Francés (1969), una sucesión de movimientos tercermundistas comienzan a gestarse en América Latina. Corría 1973 y gobernaba en Chile Salvador Allende, primer mandato de la región donde la izquierda alcanzó el poder por vía democrática y elecciones transparentes. Los sectores económicos dominantes no lo aceptaron y empezaron a conspirar ayudados por el país rector en el hemisferio occidental. Es que en Estados Unidos estaba la administración Nixon y el secretario de Estado era Henry Kissinger. Existía el temor de que la revolución cubana se extendiera por Hispanoamérica y decidieron actuar. Descaradamente intervinieron en la política de Chile, ya que no sólo ayudaron en el complot sino que participaron. Desplazamiento y asesinato del general Prats en Buenos Aires, apoyo a Pinochet y desaparición de miles de ciudadanos. Lo replicaron en Uruguay, fortalecieron el régimen militar del Brasil, apoyaron a Stroessner, se cansaron de hacer golpes en Bolivia y Perú. En la Argentina, reconocido por el general Vernon Walters (asesor de siete presidentes norteamericanos), el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 fue bendecido por la compañía Walters. Es el mismo que en 1981 para lograr la intervención del Ejército argentino en Nicaragua calificó a Leopoldo Galtieri de “majestuoso general”. El mismo Kissinger en sus memorias describió cómo participaron en los golpes de Argentina y Chile. Hoy vemos cómo un presidente de Estados Unidos viene a la Argentina justo para el 24 de marzo del 2016, cuando hará mención a los derechos humanos pero enmarcado en la teoría de los dos demonios. Barack Obama es del partido demócrata, pero no es Jimmy Carter. Waldo Kejner DNI 11.933.169 Neuquén

Waldo Kejner DNI 11.933.169 Neuquén


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