“A De Vido le gusta mucho la plata, ¿no?”
A De Vido le gusta mucho la plata, no”? Es una frase olvidada, pertenece a la etapa del fulgor y fue pronunciada a oídos de un ministro del primer gabinete de Kirchner por el entonces arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio. Aparece en las crónicas de época. Se le reconoce a Elisa Carrió la vanguardia indiscutida en las denuncias sobre el rol de Julio de Vido en la construcción de la caja kirchnerista. No era la única que tenía información temprana sobre esos apetitos del ex ministro.
Hay que revisar viejos apuntes. Había gente que sabía incluso más que Carrió en esos primeros años del kirchnerismo. Una mañana la despertaron muy temprano para una entrevista con una radio. De Vido acababa de querellarla ante el juez Canicoba Corral por calumnias e injurias. Carrió hizo en la entrevista un relato pormenorizado sobre el sistema kirchnerista de adjudicación de la obra pública en los años de gobierno en Santa Cruz: el patrón pasaba por la concentración y alternancia entre pocas empresas, la escasa diferencia entre las ofertas, el pago desmesurado de sobreprecios. Era en efecto una voz solitaria. “En esa radio dije todo lo que sabía. Y estaba tan, tan dormida que les dije que mi principal fuente era un hombre honesto y confiable: el gobernador Sergio Acevedo”, contó tiempo después. Kirchner obligó a De Vido a desistir de la querella penal contra Carrió. A los gritos, como era de uso. Y Acevedo renunció a la gobernación.
Resulta obvio que uno de los mitos que cayó esta semana con De Vido es su invulnerabilidad. Al exministro se le atribuyó siempre la precaución de no haber dejado huellas que lo incriminaran en nada. Años de experiencia avalaban ese ejercicio: nunca figuraba su firma. Conviene repasar algunos de sus testimonios recientes ante los jueces. No se trataba de una debilidad de tipo moral: hablaban los expedientes. De Vido culpó al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime por la compra de trenes inservibles a España y Portugal, por la que está procesado. Trató de imponer la idea de que Transporte gozaba de autonomía operativa dentro de su ministerio. Culpó al motorman por la tragedia de Once, por la que está siendo sometido a juicio oral. Culpó a los secretario de Obras Públicas, José López, a su segundo, Abel Fatala, y al subsecretario de Viviendas, Luis Bontempo, ya muerto, por el desvío de fondos en el proyecto Sueños Compartidos. Culpó a los gobernadores e intendentes beneficiados por el plan de ser los responsables del control de las obras.
Ahora que De Vido y buena parte de su elenco en Planificación está presos, es más inquietante la respuesta que su abogado, Maximiliano Rusconi, envió a Gregorio Dalbón, uno de los asesores letrados de la ex presidenta Cristina Kirchner en relación a la tragedia ferroviaria. Cuando lo consultaron sobre las responsabilidades políticas, Dalbón, que representa a un grupo de familiares de las víctimas, se manifestó “lleno de orgullo” por la elevación a juicio oral de la causa contra De Vido. “Pero De Vido no es Cristina”. Rusconi replicó: “No entiendo esa frase. Julio ha sido un ministro muy importante en los gobiernos kirchneristas. Y creo que si Julio es culpable, también podría serlo Cristina Kirchner”.
La pelea de abogados anticipa el enigma al que asistiremos en adelante. De Vido no ha dudado ni un instante a la hora de atribuir responsabilidades a sus subalternos. ¿Lo hará ahora con los que fueron sus superiores? Un vacío separaba al ministro de la presidenta desde la muerte de Néstor Kirchner. Pero no había otras jerarquías entre ambos. En los meses en que se iba configurando su suerte, el exministro alardeó en los pasillos del Congreso sobre contratos y cuentas que vinculan a Franco Macri con Ricardo Jaime y al constructor Nicolás Caputo, del círculo personal del presidente, con José López. ¿Bravatas? De Vido lo desmintió luego en público. No pudo reprimir en cambio asegurar en la primera sesión que trató su apartamiento de la cámara, en julio último, que muchos de sus compañeros “se la pasan hablando de honestidad y no resistirían quince minutos de allanamiento”. Varias causas judiciales entrecruzan la suerte de De Vido con la de Fernández de Kirchner.
El gobierno asiste a estas miserias en un momento de gloria. Allí se sostiene que, a menos que lo domine el rencor, De Vido tiene escaso margen para hacer incriminaciones a cambio de un acuerdo por la reducción de penas. Al fin, De Vido podría atesorar en su celda secretos sin ninguna utilidad. Una “omertá” de bajo precio. “La pregunta es qué va a pasar si caen un empresario o un intermediario presos”, dice un funcionario familiarizado con las causas por corrupción. Ese mundo no conoce de lealtades, como ha demostrado la saga del “lava jato” en Brasil.
El Congreso volteó a De Vido pero sigue en deuda en relación a otras cuestiones. El oficialismo aspira a que Diputados apruebe la ley de responsabilidad penal empresarial que apunta a las empresas que pagaron coimas. Volvió a esa Cámara con cambios hechos en el Senado. Podría ser tratada el segundo miércoles de noviembre. Nadie habla de una aprobación este año de la ley de extinción de dominio, que busca recuperar bienes obtenidos de manera ilícita antes de una condena. “El gran responsable de que duerma esa ley es Miguel Pichetto”, dice la misma fuente.
Mauricio Macri está convencido de que tanto como su cruzada “contra las mafias”, la acción de los jueces va a representar una señal de cambio a ojos de los inversores. “Brasil ya se disparó como un cohete”, ha dicho en estos días el presidente. “Y no fue sólo por las reformas de Temer. Fue la Justicia”. Falta recorrer un largo camino si ese es el objetivo.
Kirchner lo obligó a desistir de la querella penal contra Carrió. A los gritos, como era de uso. Y Acevedo renunció a la gobernación.
Sin una promesa de reducción de penas, De Vido podría atesorar en su celda secretos sin ninguna utilidad. Una “omertá” de bajo precio.
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Datos
- Kirchner lo obligó a desistir de la querella penal contra Carrió. A los gritos, como era de uso. Y Acevedo renunció a la gobernación.
- Sin una promesa de reducción de penas, De Vido podría atesorar en su celda secretos sin ninguna utilidad. Una “omertá” de bajo precio.
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