A la sombra de Mitterrand y De Gaulle
ANÁLISIS
Dos líderes, uno conservador y otro socialista, compiten por influencia en la campaña presidencial francesa. A la izquierda se sitúa François Mitterrand, el único presidente socialista en los 54 años de historia de la V República. Y a la derecha, el héroe de la II Guerra Mundial y ex presidente Charles de Gaulle. Sus legados están siendo continuamente evocados por el actual presidente, Nicolas Sarkozy, y el candidato a relevarlo en el Elíseo, François Hollande, con el fin de conjurar algo de su “grandeur” de cara a las elecciones de mañana. A lo largo de su carrera política, Hollande ha sufrido algunas derrotas. Durante su mandato como líder de los socialistas, entre 1979 y 2008, los candidatos de su partido perdieron dos comicios que esperaban ganar: en 2002, cuando Lionel Jospin no logró vencer a Jacques Chirac en la segunda vuelta, y en 2007, cuando la ex compañera sentimental de Hollande Ségolène Royal fue derrotada por Sarkozy. Para invocar el halo ganador de Mitterrand, Hollande ha adoptado algunas de sus herramientas de oratoria: extender el brazo derecho con la palma de la mano hacia arriba cuando expresa un ideal, elevar los puños cada vez que deja clara su postura, un ligero toque quedo en la voz o sus agudas ocurrencias. Entretanto, del otro lado del espectro, Sarkozy ha estado intentando vestirse el manto de De Gaulle, aclamado por haber servido al honor de la nación organizando desde el exilio la resistencia francesa a la ocupación nazi y al régimen colaboracionista. Sarkozy intenta erigirse como un capitán eficaz para combatir la crisis, un líder fuerte y defensor de los intereses galos al estilo De Gaulle. “Si no fuéramos el pueblo francés, deberíamos intimidarnos por la tarea, pero somos el pueblo francés”, dijo en un mitin, citando la patriótica respuesta de De Gaulle ante la reconstrucción de Francia tras la II Guerra Mundial. Al igual que De Gaulle, Sarkozy es un firme creyente en la energía nuclear y en los valores de familia y trabajo. Sin embargo, al contrario que el ex presidente conservador, el actual inquilino del Elíseo siente una particular simpatía hacia Estados Unidos. (DPA)