“A mi tío Donald nunca lo amaron de niño”, dice la sobrina de Trump

Doctora en Psicología Clínica, Mary L. Trump disecciona la personalidad del presidente de Estados Unidos en un libro que da que hablar.





El título del libro ya provoca: “Demasiado y nunca suficiente: Cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo”. ¿A quién se refiere? A Donald Trump. ¿Quién lo escribió? Nada menos que Mary L. Trump, la sobrina del presidente de los Estados Unidos, doctora en psicología clínica.

Portada del libro de la sobrina de Trump, que salió a la venta en EE.UU.

La mente de Trump siempre ha sido objeto preciado de debate y estudio. Pero una observadora profunda desde las entrañas de la familia tuvo que ser quien diseccionara la personalidad de uno de los hombres tan poderoso como controvertido.

La profesional ha puesto en el diván a Trump y todo el clan. Advierte que no pretende emitir una valoración médica precisa sobre los problemas mentales que aprecia en su tío, a quien atribuye un “desorden de personalidad antisocial”. “No me importa llamar narcisista a Donald”, dice.

Retrata al presidente de EE.UU. como un “narcisista egocéntrico sin principios” que adoptó el engaño como “modo de vida” tras quedar traumatizado por su padre, que le impidió “desarrollar y experimentar todo el espectro de emociones humanas”. Dice que exigía una constante adulación, incluso de su familia, y tenía poca consideración por los sentimientos de los miembros de la familia.

Asegura la autora que, cuando ve por televisión al presidente, sigue viendo al tío que conoció en su niñez. “Sigue importándole si la gente le quiere”, concluye. “El problema es que no entiende lo que es el amor, porque nunca lo amaron de niño. Nunca será amado de una manera que importe. Eso es una gran parte de por qué es tan cruel. Tiene un gran concepto de sí mismo; enfrentarse a quien realmente es, le destruiría psíquicamente. Sería imposible hacerse cargo de que es una persona tan débil, mediocre y terrorífica”.

“Las patologías de Donald son tan complejas y sus conductas a menudo tan inexplicables que presentar un diagnóstico exacto y completo requeriría una serie de pruebas psicológicas y neurofísicas tan largas que nunca se someterá a ellas”, dice la sobrina en el libro, adelantado por la prensa recientemente.

Mary Trump atribuye todas las patologías del presidente a la “familia malignamente disfuncional” en la que se crió y, en particular, al carácter dominante del patriarca, el empresario Fred Trump. En “La Casa”, como llama a la residencia familiar en Queens (Nueva York) el dinero lo era todo y pedir perdón estaba considerado una forma de debilidad intolerable. “Por lo que sé, mi abuelo no era físicamente violento ni especialmente irritable” pero no le hacía falta, afirma.

Mary Trump es hija del mayor de los varones, el difunto Fred Trump jr. Quería ser piloto. La presión para que se hiciera cargo de los negocios familiares contribuyó probablemente a sus problemas, admitió el presidente tiempo atrás en una entrevista con The Washington Post en la que habló de la muerte de su hermano, alcohólico, a los 42 años.

Ver cómo el patriarca humillaba a Fred jr parece haber alimentado los peores instintos en Donald Trump, como el bullying . En una ocasión le escondió su camión favorito solo para verle sufrir. Nadie lo castigaba. Ser el perdedor era inaceptable. Cuenta que en una cena familiar reciente en la Casa Blanca Marianne recordó cómo Fred Jr una vez le tiró el puré de papas por la cabeza.

Explica la sobrina en su libro: “Donald necesita dividir. Es la única forma que conoce de sobrevivir: mi abuelo se aseguró de que así fuera, enfrentando durante años a sus hijos entre sí”, ante la pasividad de la madre. Mentir era “una forma de vida”, de intentar estar a la altura de las expectativas del padre (según el libro, le hacía los deberes su hermana Maryanne y pagó a alguien para pasar por él el examen de selectividad). Todo esto impidió a Trump “desarrollar y experimentar el espectro completo de las emociones humanas”. Su tesis es que estos rasgos le hacen manipulable ante líderes como Vladímir Putin o Kim Jong Un.

“Va más allá del narcisismo. Donald no solo es débil, su ego es un objeto tan frágil que necesita ser hinchado todo el rato porque sabe que no es nada de lo que asegura ser. Sabe que nunca lo han querido”, sostiene la autora. Relata en su publicación episodios tristes de su propia vida, como cuando de niña se encontró a su padre riendo y apuntando con una pistola a su madre.

Cuando tenía 29 años, su tío Donald la contrató como escritora fantasma de su próximo libro y la invitó a su mansión en Mar-a-Lago (“tan kitsch e incómoda como esperaba”). Al verla en traje de baño se acercó y la miró como si nunca la hubiera visto antes: “Dios mío ¡Mary, qué pechugona estás!”, le dijo.

Según describe, la relación con su familia empeoró en 1999 cuando, al morir su abuelo, se encontraron con que el testamento no los trataba como al resto de descendientes..

Mary dice que pensó en decir lo que opina de su tío en el 2016 pero calló porque temía quedar “como la sobrina ingrata y desheredada que busca dinero o atención”.

 “Siguiendo la senda de mi abuelo con el silencio cómplice de sus hermanos, Donald destruyó a mi padre. No puedo dejar que destruya a mi país”, argumenta.


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