¿A trabajar menos?
La idea de que la mejor forma de crear más empleos consistiría en reducir la jornada laboral para que más personas compartan el trabajo disponible no es exactamente original. En Francia ya ha sido oficialmente adoptada, sin que por ahora haya influido de manera perceptible en el mercado laboral, de suerte que sólo era una cuestión de tiempo para que el gobierno de la Alianza, sediento de planteos a su entender novedosos, optara por avalarla. Claro, la propuesta no entusiasma demasiado a los empresarios, que afirman, con la misma lógica de la cual hacen gala los políticos y sindicalistas, que para poder dar trabajo a más gente tendrían que reducir el salario de cada empleado porque de lo contrario sus costos laborales resultarían insostenibles, pretensión ésta que por motivos patentes es rechazada con indignación por quienes dicen representar a los asalariados.
Pues bien: el movimiento en favor de la reducción por ley de la cantidad de horas de trabajo se basa en la teoría de que ya se ha iniciado una época en la que la demanda laboral se hará cada vez más débil, pero a juzgar por lo que está ocurriendo en muchas partes del mundo, las noticias sobre la presunta «muerte del trabajo» han sido cuando menos prematuras. Aunque es evidente que ya se han ido los días en que una nueva fábrica daría empleo a decenas de miles de operarios, no lo es en absoluto que esto signifique que no les quedarán otras fuentes de trabajo. En los Estados Unidos, el país que mejor se ha adaptado a las modificaciones estructurales que siguen produciéndose, el pánico ante la desaparición de empleos tradicionales se ha visto reemplazado por la sensación de que si bien todos tendrán que acostumbrarse al cambio, las oportunidades son tantas que sólo una pequeña minoría quedará «excluida». En verdad, una de las características más gratas -y más imprevistas- del «nuevo paradigma» que están celebrando los estadounidenses consiste precisamente en los millones de empleos que está generando. Para colmo, no se trata sólo de oportunidades aptas para los bien preparados: tan exitosa ha resultado la creación de empleos que ha estimulado un inmenso movimiento inmigratorio protagonizado por mexicanos y centroamericanos de nivel educativo abismal.
Dicho de otro modo, parecería que la solución francesa -la cual debe su atractivo para los políticos e intelectuales galos en buena medida a que no sea «anglosajona»- se inspira en un error ocasionado por la propensión acaso natural de tomar «industria pesada» por sinónimo de «economía», y de concluir en consecuencia que el cierre de fábricas presagia el fin inmediato del trabajo. Otro factor ha sido la persistencia de un nivel muy alto -alrededor del diez por ciento- de desocupación «estructural» en Francia, Alemania e Italia, tres grandes países avanzados de mercados laborales notoriamente rígidos. Por ser cuestión de sociedades culturalmente comprometidas con la regulación, a sus dirigentes les ha resultado irresistible la hipótesis de que para luchar contra el desempleo masivo les sea necesario regular el mercado todavía más, pasando por alto los datos provistos por la experiencia estadounidense.
Aquí, la desocupación puede considerarse otro síntoma de la extrema ineficacia de una economía claramente desactualizada que está comenzando a adaptarse a los tiempos que corren, pero que aún está muy atrasada. Así las cosas, ¿la solución consistiría en seguir «luchando» contra los cambios en un esfuerzo desesperado por conservar lo más posible del statu quo? ¿O consistiría en tratar de acelerar los cambios para que el país aprovechara las ventajas ya comprobadas de la flexibilidad? En buena lógica, sólo hay una respuesta -cuando del trabajo se trata, la «anarquía» estadounidense ha resultado ser muy superior al orden francés, pero tan arraigadas están las actitudes tradicionales que la resistencia a medidas destinadas a destrabar la economía para que se haga más productiva no sólo de bienes y servicios sino también de empleos es decididamente más poderosa que la voluntad de aplicarlas, razón por la cual no es probable que el panorama se modifique mucho en el curso de los próximos años.