Abel Pintos

Antes de su presentación de esta noche en la Fiesta Nacional de la Manzana, el convocante músico habló con “Río Negro” de los momentos de calma y de los agitados días de festivales.

Redacción

Por Redacción

eduardo rouillet eduardorouillet@gmail.com

La vida de los músicos, como la de otros artistas, transcurre entre dos tiempos tan ricos como contradictorios. Por momentos es solitaria, creadora, acumuladora de datos y temas que luego se volcarán al disco; después navega en el multitudinario y explosivo contacto con el público. Por estos días, Abel Pintos anda en esto último, de festival en festival, serenamente, sin enloquecerse ni embriagarse en el abrazo con la gente. “En realidad, son parientes un momento y el otro. Toda la euforia y lo que se vive en un concierto, es el fruto ya desarrollado de lo que se generó en otra situación que en mi caso, no titularía o tildaría de solitaria. Sí más de introspección… Porque también, así es necesario para cualquier ser humano a la hora de exponer sus emociones.” “Si le hiciéramos una pregunta a cualquiera de los lectores de esta entrevista, profunda en cuanto a sus sentimientos o con respecto a algo muy personal, particular, es probable que se tome unos minutos para dar una respuesta certera y profunda, justamente, como es el caso de las emociones que me preguntabas. A mí me pasa lo mismo cuando escribo una canción o al empezar a gestar todo el concepto de lo que luego va a ser una etapa de mi vida, no solo trabajo. Porque un disco son –quizá– dos o tres o cuatro años de labor. Es un largo período que vivo con él. Y debo tener esa mirada para adentro y abrir todos los canales de comunicación necesarios para poder transmitir lo que interiormente me sucede y todo lo que quiero decir a través de las canciones que van a volver un poco más tan tangible lo relacionado con el espacio de creación como músico. Yo no diría, por lo menos en mi caso, que es una situación solitaria sino más bien introspectiva y de trabajo de mis emociones. –Tarea ésta no muy habitual… –Sí. En realidad estamos aprendiendo a desarrollarla en las últimas décadas. Siempre lo digo, yo soy un lector empedernido, disfruto mucho ir a una librería y pasar horas eligiendo libros, y observo que no es casual que diez o quince atrás, encontrar un libro de autoayuda, de iluminación o de alguna doctrina religiosa determinada, era raro. Tenías que pedirlo, que encargarlo en negocios que se dedicaban a ese rubro. Hoy son los best seller y están en todas las vidrieras. En el mundo, millones de personas empezaron a darse cuenta de que lo esencial no pasa por lo material sino que nace en otro lugar. Que se relaciona con otras cuestiones y surge en otro sitio. Eso no me parece casualidad y el trabajo con las emociones, cada cual a su manera, los humanos comenzamos a hacerlo con mucha mayor profundidad en los últimos tiempos. –En esa introspección nos vemos los costados buenos, regulares, los mediocres y los absolutamente negativos. Un lugar para nada cómodo… No es sencillo navegar en las profundas aguas del mundo interior. –Todo lo que está dentro nuestro, si no lo trabajamos, termina saliendo a flote en algún otro momento. Entonces, es medio como retardar la resolución, de alguna manera… Porque uno es un todo que se representa en distintos momentos de la vida. Inevitable e indefectiblemente. Si se decide estar en contacto, abrazar y aceptar todo lo que da forma, todos los caracteres y puntos, es una manera de vivir. Si se opta por hacer la gambeta a esas cuestiones e ir resolviendo sobre la marcha, bueno, es otra historia que queda en la consideración de cada uno. Yo no creo que una sea mejor que la otra, que alguien pueda juzgar la elección de vivir ajena. Son distintas formas que pueden elegirse de cómo vivir, cómo sentir y llevar adelante la propia vida –Si no se exponen de algún modo los costados que antes cité, por alguna parte salen. Y pueden hacerlo mal, con alguna enfermedad, un dolor, una neurosis. Es bueno que salgan en forma de canciones, de creación… –Por eso decía que todo lo que somos, se manifiesta de alguna manera u otra y en un momento determinado. Es sano que emerja en cualquier carácter creativo. Siempre que uno pueda crear algo positivo de todas las situaciones, desde las más provechosas hasta las no tanto… Es la mejor forma de trabajar las emociones. Pienso yo… Siempre es bueno tratar de crear, de crecer uno y ayudar a hacerlo a los demás… Y eso se puede representar positivamente en cualquier expresión artística, incluso en actividades solidarias o en las que no están relacionadas con el arte pero sí con trabajos sociales, políticos, lo que sea. Mientras se pueda crear y construir desde producciones que puedan haber tenido un origen superpositivo o no tanto, se estará haciendo algo bueno. –Hace poco, en Radio del Plata, escuché definir a Jaime Ross lo que las canciones son para él. Una vez que las terminaba y las exponía, no le pertenecían más. Cuando otro las cantaba, lo más interesante que no siempre ocurre, es que las hiciera suyas y las transformara… Palabra más, palabra menos… Vos estás en ese proceso porque otros te interpretan, vos volvés a cantarlas cuatro, cinco o diez años después de haberlas escrito, ya bien distinto al que entonces eras… –Yo fui intérprete primero, luego empecé a escribir mis canciones. Entonces, estuve –si se quiere– en los dos puntos de vista, en las dos sensaciones, y creo que tienen características muy distantes e inconexas y otras bien conectadas. Las primeras son las más visibles y notables… Uno escribe la canción, otro sólo interpreta. Pero, el punto de mayor conexión es que tanto el intérprete como quien canta sus propias obras, buscan una forma de expresar algo. Probablemente insondable, como son las emociones y los sentimientos, los conceptos o las opiniones. Yo estoy de acuerdo con Jaime en que al exponer una canción, en algún punto, deja de ser propia. Pero no exclusivamente, pasa a ser de los demás también. Es como al plantar un árbol que va a dar sombra a uno y a muchas más personas también. El hecho de plantarlo no significa que sea exclusivo. ¿Me explico? Sin embargo, se sabe que esa planta está ahí porque uno la plantó… Me parece muy interesante que los humanos podamos expresar las cosas de manera determinada y sea con tanto amor y tan genuinamente; que otras personas encuentren en esa expresión, herramientas para manifestar lo que no pueden hacer de la misma forma. A mí me pasa con los libros… Yo descubro y aprendo y me emociono con palabras de seres que existieron hace siglos y hablan de las mismas cosas que estoy hoy viviendo. Eso me hace sentir y entender que en el mundo hay muchos árboles y pocas raíces… Las raíces son siempre las mismas. De lo contrario, una persona no podría haber hablado doscientos años atrás, del mundo actual. Las locuras y las contradicciones han existido siempre, pero en distintas formas. Por eso digo que hay muchos árboles… –Y pocas raíces. Sí… Frase absolutamente clara y elocuente. –Hace un tiempo la usé por primera vez y me sirvió como una buena metáfora cuando me preguntaron por qué escribía o sobre qué cuestiones. Yo contesté que sobre las esenciales. Me parece que hay puntos básicos en la humanidad, de los que nace todo. –La vida es como una especie de espiral, cíclica. Ocurren cosas que hacen pensar de manera similar a los hombres de cada época, reflexionar sobre lo mismo con diferentes palabras, con mayor o menor profundidad. –Sí… Una de las características de todos y cada uno de nosotros, es que estamos toda la vida o durante alguna de sus etapas, buscando –quienes nos dedicamos al arte, a la filosofía o cualquier vecino de barrio– la manera de descubrirnos. Y nos hacemos las mismas preguntas. Los cuestionamientos de la humanidad son los mismos hoy que en los comienzos, cuando alguien empezó a preguntarse. Eso nos va a mantener siempre en una cuestión cíclica…


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora