Abel Pintos, un lujo de la Fiesta Nacional de la Manzana
El cantante, que está en plena temporada de festivales, habló con “Río Negro” sobre su visita a Roca para presentarse el sábado
Música
El sábado 7, luego de Tan Biónica, cantará Abel Pintos en la edición 2015 de la Fiesta de la Manzana, en el predio ubicado junto a la ruta 22.
Continuando la presentación en vivo de los temas de “Abel”, su último compacto, junto a la banda integrada por su hermano Ariel en guitarras y coros, Marcelo Predacino en guitarras, charango y coros, Alfredo Hernández en piano, teclado, programaciones y coros, el bajista Norberto Córdoba también en teclas y coros, y Claudio Di Cicco en batería y percusión. Más sus tantas y recordadas canciones anteriores…
Con “Abel” recorrió cientos de lugares. Nuevos hitos de una trayectoria sin claudicaciones, cuidadosamente desarrollada, que le permiten ahora llenar estadios o plazas como la del 55º Festival de Cosquín y otros eventos multitudinarios.
La charla con Pintos, siempre dedicado, atento, afectuoso, recorrió una diversidad de encuentros, rebotes que generan su trabajo creativo, su música, su modo de ser y expresarse.
–Hace unos meses gestioné a través de tu agente de prensa, un saludo que le enviaste en octubre a dos jóvenes con esclerosis tuberosa, Cynthia (26) de Cipolletti y Karina (24) de Buenos Aires, a las que les hace bien escucharte, les da paz, tranquilidad.
-Sí, me recuerdo. Bueno, más allá de la música, antes de ella, somos seres humanos y nos estamos comunicando, conectando a través de algo tan sensible como el lenguaje musical, justamente. Siempre digo que la música es un puente muy sensitivo para poder relacionarnos, sublime, y entonces cuando la conexión se logra a través de ese vínculo, llega a tocar fibras muy íntimas y todo puede trascender las notas y las letras, incluso.
–En uno de tus últimos videos, mientras vos estás cantando (“Tanto amor”), detrás, una pareja de bailarines describe el amor y el desamor de un modo maravilloso.
-Hernán Piquín y Cecilia Figueredo. Interpretan tu letra… Y quien lo dirigió, hizo con ellos una segunda lectura que le agrega aún más belleza. Otros artistas crearon con tu obra.
-Queríamos un video minimalista. Sentíamos que la canción, de por sí, tenía mucha intensidad y entonces se nos ocurrió que además de estar mi imagen y mi propia interpretación gestual, podía ser verdaderamente muy interesante, interpretarla desde la danza.
Se lo comenté de inmediato a Hernán, con quien tengo una excelente relación, una hermosa amistad, y se ofreció de inmediato a ser él mismo quien creara el cuadro, quien se autodirigiera, incluso eligió a su partenaire, a Cecilia.
Lo hicimos en una única jornada de filmación y el resultado fue fantástico, verdaderamente. Me conmovió mucho y me emociona mucho cómo quedó. Me estremece verme interpretando mi sentir en la canción y también poder recibir yo mismo otro sentir a través de los bailarines y sus movimientos.
El video lo dirigió Pablo Faro, que se encarga de la gran mayoría de los trabajos audiovisuales de mi carrera, ya desde hace unos años y lee y traduce muy bien mis intenciones. Como creativo, también impuso su propia mirada. Propuso hacer mis imágenes en esta técnica del slow motion (cámara lenta), para que los gestos se apreciaran en su totalidad; y desdoblar las figuras de Hernán y Cecilia porque así se lo pedía la letra: todo por igual, debería estar compartido, el ardor de este frío… Eso lo vio como un desdoble de personalidades. Ahí está lo lindo y lo atractivo de trabajar con gente creativa y talentosa.
-Vamos de menor a mayor, en cuanto a la cantidad de personas que involucra tu tarea… A través del tiempo, tu banda ha ido adquiriendo la personalidad de tu música. Además de ser excelentes, cada uno en su instrumento, el resultado se relaciona definitivamente con tu presencia, tu voz y tu temperamento.
-Ellos conocen muy claramente cuáles son mis objetivos y qué quiero transmitir con cada detalle musical.
Saben que la ejecución de sus instrumentos también identifica lo que estoy diciendo y queriendo hacer. Y lo asumen con ese compromiso. Amén de eso, hace muchos años que compartimos los escenarios y además –creo que aquí está el punto fundamental- yo paso mucho tiempo con ellos. Tiempo de trabajo, de estudio, de escenario, de pruebas de sonido, en los hoteles, viajando, en charlas… Y eso termina generando un efecto de simbiosis.
Considero que es tan importante que ellos conozcan cada gesto musical que pretendo, como cada gesto personal que yo pueda tener. ¿Verdad? Que sepan mis características musicales y las personales también.
-Seguimos creciendo. Vamos a un estadio… En noviembre hiciste el Único de La Plata y allí estuvo mi nieta, Abril, de ocho años, su mamá de treinta y la generación de sus abuelos, también. Todas las edades para escucharte, sintonizando con tu energía y tu voz. Un efecto ya masivo, que abarca generaciones…
-Me alegra que suceda de esa forma. Voy a insistir en esta idea de que la música es un puente muy sensible… Y entonces podemos conectar con absoluta naturalidad entre distintas edades.
También es cierto que yo me preocupo mucho por trabajar la escena de los conciertos y seguir manteniendo la postura de no imponer un estereotipo, digamos.
Lo más importante para mí es subir al escenario a divertirme, a cantar con el alma y a ser yo mismo. Eso ayuda mucho a, independientemente de la generación a la que pueda pertenecer una persona, entender que de eso se trata el concierto. De divertirnos y ser nosotros mismos.
–La escala que estás transitando, de estadios y grandes recitales, Cosquín, San Juan, La Fiesta de la Manzana luego, te genera un compromiso con todas las características que vas describiendo, pero de mayor peso en la repercusión que te produce internamente. Son miles y miles lo que te siguen, aplauden, cantan con vos. Es una ovación la respuesta, es una cancha que vibra…
-Es como una retroalimentación, porque antes de cada concierto me preparo mucho tiempo, física, vocal, emocional y espiritualmente.
La hora y media, dos horas que voy a estar arriba del escenario, van a ser de mucha entrega de mi parte. Yo dejo todo, cuando subo a cantar, siempre. Te decía que lo más importante es divertirme, con todas las energías que eso sugiere y exige (sonríe Abel), y cantar con el alma. Desnudarme emocionalmente frente al público…
Luego, lo que la gente me entrega a mí, insisto, termina funcionando como un alimento, como algo circular, lo que recibo y lo que entrego. Y entonces, al final de los conciertos, termino lleno, pero no rebalsado… (Pequeño silencio). En definitiva, recibí conforme a lo que entregué. Y viceversa, entregué y recibí también.
Ese círculo, esa retroalimentación estoy convencido de poder experimentarla y el público puede lograrla. Estoy seguro que de la misma forma. Lo veo porque comparto mucho tiempo fuera de la escena, con el público. Hablamos y compartimos las sensaciones. Me hacen saber que lo viven así.
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