Absolvieron a los Aguirre y otro homicidio quedó impune en Cipolletti
Una a una analizaron las pruebas en que basaron sus alegatos fiscalía y querella. Resaltaron la "pésima instrucción policial y judicial llevada a cabo en estos años".
CIPOLLETTI (AC).- Empezaron analizando las llaves, las pruebas «clave» según la fiscalía y querella, y siguieron con el resto de los indicios. Uno a uno. Hasta aniquilarlos a todos.
«Luego de efectuar la valoración de todos los elementos probatorios, concluimos que no existe acreditación legal alguna de la participación criminal de Juan Carlos Aguirre, por lo que corresponde su absolución. Respecto de Juan Manuel Aguirre, no se superó el estado de duda que ocasionó la entrega de la llave a la que nos hemos referido, por lo que cabe absolverlo por el beneficio de la duda», concluyeron los jueces de la Cámara Segunda del Crimen.
«Se hizo justicia con mi hijo y conmigo. Ahora que busquen la justicia por el lado, ¿quien mató a la doctora Zerdán?», planteó emocionado el ex concubino de la víctima, Juan Carlos Aguirre, apenas culminó la lectura de la sentencia. Su hijo, no pudo hablar. Lloró prácticamente todo el tiempo.
Mientras los Aguirre se abrazaban con sus allegados al saber que en pocos minutos iban a quedar en libertad, la sala hervía. La bronca se apoderó de los familiares y amigos de la víctima, que esperaban «justicia» a más de ocho años del crimen.
En medio del bullicio, Gustavo Palmieri, uno de los querellantes, anunció que presentarán el recurso de casación y cuestionó al Tribunal. «Nos da la sensación que los jueces iniciaron este juicio a favor de los imputados», afirmó. Su colega Oscar Pandolfi, que no estuvo presente ayer, ya había planteado dudas respecto de la imparcialidad del tribunal.
La lectura comenzó a las 17.45, más tarde de lo previsto. Como se trataba de un fallo voluminoso, se difundió lo más relevante, la evaluación tras la deliberación y la resolución.
Respondiendo al pedido realizado por la acusación en los alegatos, los camaristas anticiparon que iban a analizar el «conjunto de indicios». Tanto Ricardo Maggi como Pandolfi habían requerido especialmente que no se los tratara en forma «aislada».
El análisis lo «abrió» una de las llaves: la correspondiente a la puerta de acceso al laboratorio, que según la acusación estaba cerrada y reducía el círculo de sospechosos a los familiares de la víctima, «porque no se había ejercido violencia».
Pero los jueces utilizaron los testimonios de varias amigas y conocidas para demostrar que no siempre Ana Zerdán cerraba la puerta a las 20 y que pudo haber estado abierta. «Así, teniendo pleno valor ambas versiones y contraponiéndose los citados testimonios con la afirmación de los acusadores de que la puerta estaba cerrada, concluimos que la afirmación 'la puerta estaba cerrada al momento del hecho' es un hecho incierto y que no se ha probado durante el juicio. Precisado ello, no se puede inferir premisa alguna que lleve a concluir hechos indiciados. Ni tener por probado el indicio de presencia y oportunidad, en que se sostiene la autoría postulada para ambos imputados», expresaron.
El párrafo empezó a mostrar la postura final de los jueces, que se siguió nutriendo cuando avanzaron con el segundo indicio: la llave del Ford Fiesta secuestrada, que según la acusación, la entregó Juan Manuel a la policía y era la que había utilizado la bioquímica el día en que la asesinaron.
«No está probado en el expediente, ni se pudo dilucidar durante el juicio que la llave del vehículo secuestrada en autos sea la que utilizó Ana Zerdán la noche del crimen», empezaron diciendo.
Y en la sala, pese al silencio reinante, no quedaban muchas dudas de que la decisión final sería la absolución.
Más aún cuando hicieron una especie de «cierre» de la primera evaluación del tema «llaves»: «la presencia de los imputados en el lugar y hora del hecho -por medio del acceso exclusivo que tendrían del laboratorio- y que Juan Manuel haya entregado la llave que usó Ana esa noche, -y que la sustrajera de la escena del crimen-, consecuentemente son hechos inciertos, dubitados, no aptos para producir inferencia alguna», consideraron.
«Entonces los indicios principales de presencia y participación criminal fueron descartados por provenir de inferencias construidas sobre hechos no probados en el juicio, por lo tanto inexistentes y carentes de valor probatorio. Devienen inexistentes los indicios principales y estando determinados por ellos, -con efecto dominó- también caen en cascada los otros indicios más alejados: los de perfil psicológico, mala justificación, móvil, etc.», agregaron. Ya para entonces Juan Manuel no contenía las lágrimas.
Los camaristas no dejaron de resaltar la «pésima instrucción policial y judicial llevada a cabo» en estos ocho años.
Es que los dos imputados fueron detenidos y liberados dos veces y recién en la tercera ocasión -por una pericia que también fue destruida en el fallo-, llegaron al juicio. Ahora, por tercera vez, están en libertad.
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