Adolescentes en casa: cómo convivir con la incertidumbre

Un grupo de psicoanalistas asegura que se incrementaron los casos de angustia y estrés en los jóvenes, porque les resulta agobiante estar tanto tiempo en familia. Tips para los padres.

Transitar la adolescencia no es fácil y hacerlo en pandemia, menos aún. Ya pasaron 146 días de cuarentena y cada vez son más los adolescentes y jóvenes adultos que consultan con terapeutas sobre la ansiedad, la angustia y el estrés que les genera el encierro.


“Los adolescentes y jóvenes, de entre 15 y 30 años, experimentan durante esta cuarentena soledad y tristeza. A largo plazo terminan con altos niveles de ansiedad, angustia y estrés”, subraya Silvana Bono, médica psicoanalista y directora de Enredados, que lleva más de cien consultas realizadas a este grupo etario.

Enredados es un equipo de cinco profesionales de la salud que, desde que empezó el confinamiento, realiza consultas online de manera gratuita.

“El adolescente sufre mucho; se siente no entendido, no comprendido. Y si bien ya de por sí vive encerrado (en su habitación, por ejemplo), en cuarentena la angustia surge por no ver a sus amigos, no ir a la escuela o la facultad; por perder sus vínculos”, ilustra.

Encima, la mayoría padece la convivencia con sus padres: “Están más nerviosos y tienen conductas solitarias, lo que afecta el vínculo con sus papás, porque sienten que no encajan en sus familias”, explica la especialista.

Pasan más horas encerrados, y pendientes de la tecnología. Aconsejan no cuestionarlos por eso.


Por el otro lado, los adultos también se quejan de las conductas de sus hijos. Las especialistas aseguran que reciben el mismo volumen de llamadas de padres que de jóvenes, pidiendo ayuda.

Para los adolescentes la falta de encuentro con sus pares resulta uno de los puntos más importantes: “Les es muy agobiante pasar tanto tiempo en familia. Por eso, se muestran más solitarios”, expone Bono. Y ésta es la razón por la que los papás acuden a las profesionales: preocupados porque sus hijos pasan mucho tiempo online y no pueden controlar con quiénes están conectados y porque prácticamente no buscan el encuentro familiar; no quieren conversar o compartir una comida, por ejemplo”.

Toda esta problemática surge en cuarentena, ya que en general el hablar, conversar y hacerse cargo de los vínculos en casa, que no son los ideales, nos saca de nuestra zona de confort: “Cuando existía el mundo externo –ilustra Bono–, podíamos postergar el interno, pero potenciábamos una olla a presión, que en esta pandemia no quedó otra que destapar”.


Los principales malestares



El principal malestar que tienen, y el motivo de consulta más frecuente “es que no saben cómo seguir conviviendo en casa con sus padres y hermanos sin pelearse tanto, detallan a RÍO NEGRO las profesionales de Enredados.

Las cinco profesionales que integran Enredados.


El síntoma más angustiante para ellos –explican– es sentir que no encajan en sus familias y eso los lleva a interpretarlo como que no los aceptan, los juzgan y los controlan. “Después de varios meses en cuarentena se les suma la incertidumbre de cómo va a ser el afuera cuando esto termine. La vuelta al colegio o a la universidad. Manifiestan mucho miedo y ansiedad por eso”, sostiene Bono.


Algunas recomendaciones



Para hacer más llevadero este tiempo, el equipo comparte una serie de propuestas:

• “A los padres les sugerimos dialogar en los momentos que los adolescentes estén dispuestos, no cuando a los adultos nos es más cómodo.”

• “Intentar estar cerca, atentos y sin necesidad de invadirlos. Con la distancia óptima: respetando su privacidad, sus silencios y estados de ánimos tan cambiantes. Esta distancia en casa es muy importante. Pueden encontrarse para compartir el almuerzo y cena, y es suficiente para no agobiarlos. Que en esos encuentros nuestros jóvenes reciban reconocimiento, motivación y optimismo frente a esta realidad complicada e inesperada”.

• Usar el humor para acercarse.

• Podemos contarles además sobre nuestra adolescencia. No como un relato autoritario, que así debiera ser la de ellos, sino como un testimonio de aciertos, pero también de errores.

• No luchar contra la tecnología porque es comenzar con un desacuerdo sin final. Aprendamos de ella y compartámosla con ellos.

• Depende mucho de la presencia de los padres o tutores a cargo, que celebremos sus logros, sus esfuerzos y los aliviemos cuando no les va bien. Incluyámoslos en las decisiones cotidianas.

• Démosles la libertad que necesitan para encontrar su identidad, su camino, aunque ese no sea el que los adultos esperábamos de ellos.


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