Aecio Neves, candidato de la oposición brasileña
El partido del respetado expresidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), acaba de elegir como candidato para la presidencia de Brasil al popular y respetado exgobernador del estado de Minas Gerais Aecio Neves. Esto acaba de ocurrir de cara a las elecciones del año próximo. Para su proclamación, Neves obtuvo un apoyo tan sólido como singular: el del 93% de los votos. Neves, nieto del legendario Tancredo Neves –el primer presidente electo de Brasil, en 1985, después de 21 años de dictadura–, procurará derrotar a Dilma Rousseff, que hoy le lleva 30 puntos de ventaja en las proyecciones de la intención de voto del electorado. Pero la carrera es larga y, en rigor, recién comienza. Brasil, por lo demás, está detenido en su proceso de desarrollo, perdiendo competitividad, con una inflación pertinaz, y es mudo testigo de una pronunciada caída de la inversión, pública y privada. Además, su siempre pretendido liderazgo regional aparece ahora amenazado por el resonante éxito en materia de competitividad y por el buen ritmo de crecimiento de la ascendente México. Neves cuenta ya con el apoyo explícito tanto de Fernando Henrique Cardoso como de Geraldo Alkmin, el gobernador del rico y populoso estado de São Paulo, el gran motor de la economía brasileña. También cuenta ahora con el endoso de su eterno rival en su propio partido: el poco simpático exgobernador del estado de São Paulo José Serra, quien fue derrotado por Lula da Silva en el 2002 y luego nuevamente por Dilma Rousseff, en el 2010. En su reelección Lula, por su parte, venció al mencionado Geraldo Alkmin, en el 2006. Mientras tanto, Dilma Rousseff ha moderado la dialéctica de su política exterior, que hasta no hace mucho seguía la del populista Lula, despegándose un poco de los “bolivarianos”. Esto sucede mientras Lula, el exlíder sindical, ahora desde “extramuros” sigue defendiendo intensamente a los comunistas venezolanos. El rumbo más moderado de Dilma se hizo ya notar a la muerte de Hugo Chávez, cuando puntualizó que “en numerosas ocasiones el gobierno de Brasil estuvo en desacuerdo con él”. En similar actitud de moderación, Dilma Rousseff parece ahora haberse distanciado un tanto políticamente (no económicamente) de Irán. El cambio de tono ha comenzado a acercar nuevamente a Brasil a Estados Unidos. Dilma hará una trascendente “visita de Estado” a Washington en octubre, la primera para un presidente brasileño en los últimos veinte años. En paralelo, Estados Unidos ha “congelado” las relaciones con la cada vez más irrelevante Argentina (que está ahora mucho más cerca de Venezuela), a la que han –sugestivamente– excluido (como destino o escala) de la próxima gira latinoamericana presidencial de Barack Obama. Nada sorpresivo ante la cada vez más triste situación en la que estamos. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas (*)