Aire para Rajoy

Redacción

Por Redacción

Para extrañeza de quienes habían previsto que los gallegos y vascos aprovecharían la oportunidad brindada por las elecciones autonómicas para castigar al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, por su manejo de la crisis económica brutal que se ha abatido sobre el país, los votantes optaron por ensañarse con la oposición socialista. En Galicia, el Partido Popular de Rajoy consiguió 41 escaños de 75 en el Parlamento local, tres más que antes, mientras que el PSOE tuvo que conformarse con 18 contra los 25 que había obtenido en las elecciones del 2009. Asimismo, aunque en el País Vasco los nacionalistas se anotaron un triunfo incuestionable, el PP cedió tres escaños mientras que el PSOE perdió nueve. Parecería, pues, que partes significantes del electorado español entienden que sería un error culpar a los conservadores de Rajoy por las penurias que está experimentando su país por tratarse de las consecuencias, tal vez inevitables, de la gestión vacilante del jefe del gobierno anterior, José Luis Rodríguez Zapatero. Si bien el fortalecimiento del nacionalismo vasco no puede sino preocupar a un gobierno que está procurando superar el desafío planteado por el independentismo catalán, Rajoy tiene motivos de sobra para sentirse conforme con el aval que su gestión acaba de recibir de los gallegos. Como en el resto de Europa, las ciudades españolas han visto últimamente muchas manifestaciones callejeras gigantescas en contra del programa de austeridad que está procurando aplicar el gobierno nacional. Sin embargo, aunque es fácil oponerse a todos los esfuerzos por reducir el gasto público, la negativa de los “indignados” a discriminar entre los perjudicados, dando por descontado que todos los derechos presuntamente adquiridos son igualmente respetables, hace que las campañas en tal sentido sean meramente testimoniales. Cuando no hay dinero suficiente, al gobierno responsable de manejar la economía no le cabe más alternativa que la de intentar encontrar la forma de asegurar no sólo la cohesión social sino también de ayudar a los sectores más dinámicos de la economía, lo que, obvio es decirlo, no es del todo sencillo. Mientras que el gobierno de Zapatero se inclinó a concentrarse en defender el statu quo aun cuando resultaba insostenible, el de Rajoy apuesta a que, si logra convencer a sus socios de la Eurozona, en especial la canciller alemana Angela Merkel, de que entiende muy bien la gravedad de los problemas enfrentados por España y está resuelto a hacer todo cuanto resulte necesario para solucionarlos, disfrutará del respaldo financiero que está pidiendo. Si bien hasta ahora los alemanes apenas han modificado su actitud hacia España y los demás países del sur de la Eurozona, el que por lo menos algunos españoles hayan manifestado su confianza en la estrategia del gobierno de Rajoy podría persuadirlos a darle el apoyo concreto que claramente precisa. En España, como en Portugal, Italia y Grecia, no es cuestión de optar entre la austeridad empobrecedora por un lado y el crecimiento por el otro, como quisieran hacer pensar los contrarios a cualquier “ajuste”. Es optar entre la austeridad inteligente y la alternativa representada a su modo por los socialistas de Zapatero que se negaban a reaccionar frente a las dificultades hasta que “los mercados” los obligaran a hacerlo. Aunque a menudo el gobierno de Rajoy ha actuado con torpeza, por lo menos parece consciente de la necesidad de hacer un esfuerzo auténtico por mejorar el desempeño de una economía escasamente competitiva ya que, caso contrario, tarde o temprano tendría que salir de la Eurozona. Puesto que, a pesar del estallido de la desocupación que tantos perjuicios ya ha ocasionado y las dificultades ocasionadas por “la devaluación interna” destinada a corregir desequilibrios que en otros tiempos hubieran forzado al gobierno a devaluar la peseta, la mayoría de los españoles no quiere que su país abandone la zona del euro, cualquier gobierno tendría que aplicar políticas similares a las elegidas por Rajoy. En Galicia y, en menor medida, el País Vasco, el electorado parece haber llegado a la conclusión de que es mejor que se encargue del ajuste un gobierno conformado por políticos que presuntamente creen en lo que tienen que hacer de lo que sería confiar en uno dominado por quienes preferirían militar en la oposición.


Para extrañeza de quienes habían previsto que los gallegos y vascos aprovecharían la oportunidad brindada por las elecciones autonómicas para castigar al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, por su manejo de la crisis económica brutal que se ha abatido sobre el país, los votantes optaron por ensañarse con la oposición socialista. En Galicia, el Partido Popular de Rajoy consiguió 41 escaños de 75 en el Parlamento local, tres más que antes, mientras que el PSOE tuvo que conformarse con 18 contra los 25 que había obtenido en las elecciones del 2009. Asimismo, aunque en el País Vasco los nacionalistas se anotaron un triunfo incuestionable, el PP cedió tres escaños mientras que el PSOE perdió nueve. Parecería, pues, que partes significantes del electorado español entienden que sería un error culpar a los conservadores de Rajoy por las penurias que está experimentando su país por tratarse de las consecuencias, tal vez inevitables, de la gestión vacilante del jefe del gobierno anterior, José Luis Rodríguez Zapatero. Si bien el fortalecimiento del nacionalismo vasco no puede sino preocupar a un gobierno que está procurando superar el desafío planteado por el independentismo catalán, Rajoy tiene motivos de sobra para sentirse conforme con el aval que su gestión acaba de recibir de los gallegos. Como en el resto de Europa, las ciudades españolas han visto últimamente muchas manifestaciones callejeras gigantescas en contra del programa de austeridad que está procurando aplicar el gobierno nacional. Sin embargo, aunque es fácil oponerse a todos los esfuerzos por reducir el gasto público, la negativa de los “indignados” a discriminar entre los perjudicados, dando por descontado que todos los derechos presuntamente adquiridos son igualmente respetables, hace que las campañas en tal sentido sean meramente testimoniales. Cuando no hay dinero suficiente, al gobierno responsable de manejar la economía no le cabe más alternativa que la de intentar encontrar la forma de asegurar no sólo la cohesión social sino también de ayudar a los sectores más dinámicos de la economía, lo que, obvio es decirlo, no es del todo sencillo. Mientras que el gobierno de Zapatero se inclinó a concentrarse en defender el statu quo aun cuando resultaba insostenible, el de Rajoy apuesta a que, si logra convencer a sus socios de la Eurozona, en especial la canciller alemana Angela Merkel, de que entiende muy bien la gravedad de los problemas enfrentados por España y está resuelto a hacer todo cuanto resulte necesario para solucionarlos, disfrutará del respaldo financiero que está pidiendo. Si bien hasta ahora los alemanes apenas han modificado su actitud hacia España y los demás países del sur de la Eurozona, el que por lo menos algunos españoles hayan manifestado su confianza en la estrategia del gobierno de Rajoy podría persuadirlos a darle el apoyo concreto que claramente precisa. En España, como en Portugal, Italia y Grecia, no es cuestión de optar entre la austeridad empobrecedora por un lado y el crecimiento por el otro, como quisieran hacer pensar los contrarios a cualquier “ajuste”. Es optar entre la austeridad inteligente y la alternativa representada a su modo por los socialistas de Zapatero que se negaban a reaccionar frente a las dificultades hasta que “los mercados” los obligaran a hacerlo. Aunque a menudo el gobierno de Rajoy ha actuado con torpeza, por lo menos parece consciente de la necesidad de hacer un esfuerzo auténtico por mejorar el desempeño de una economía escasamente competitiva ya que, caso contrario, tarde o temprano tendría que salir de la Eurozona. Puesto que, a pesar del estallido de la desocupación que tantos perjuicios ya ha ocasionado y las dificultades ocasionadas por “la devaluación interna” destinada a corregir desequilibrios que en otros tiempos hubieran forzado al gobierno a devaluar la peseta, la mayoría de los españoles no quiere que su país abandone la zona del euro, cualquier gobierno tendría que aplicar políticas similares a las elegidas por Rajoy. En Galicia y, en menor medida, el País Vasco, el electorado parece haber llegado a la conclusión de que es mejor que se encargue del ajuste un gobierno conformado por políticos que presuntamente creen en lo que tienen que hacer de lo que sería confiar en uno dominado por quienes preferirían militar en la oposición.

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