“Al rescate de la verdadera política”

Por Redacción

La corrupción es un flagelo que azota las diferentes formas de organización social a nivel mundial y a nuestro país, particularmente, desde que nació como tal. En Argentina pareciera ser un fenómeno que ha tenido desde el primer momento una escalada exponencial: día a día ven la luz más y más casos, en una espiral que salpica a una porción muy importante de la clase política nacional. Robo, lavado, coimas, narcotráfico, evasión, acomodo… Es raro que pase un día sin que veamos reflejadas en los medios noticias que vinculan a nuestros dirigentes con alguno de estos nefastos conceptos. Es lamentable, pero los ciudadanos de a pie no estamos ya en condiciones de poder asegurar la inocencia de ningún político, sea que pertenezca al oficialismo o a la oposición, a gobiernos pasados o actuales. La virulenta discusión por los diferentes y supuestos “modelos” de país paulatinamente va dando paso a la resignación del pensamiento colectivo, que se resume en una triste realidad que nos aúna: son todos iguales. Es tal el grado de obscenidad en el accionar de quienes delinquen, aprovechando su situación de poder, que tendemos a naturalizarlo, argumentando a veces nuestras elecciones con el pobre justificativo de “roba, pero hace”. Los argentinos solemos considerarnos capaces de asimilar diferentes realidades, capear temporales, sortear crisis. Lo que no debemos hacer es permitir que esa capacidad camaleónica de adaptarnos sea un cheque en blanco extendido a los políticos corruptos. Hace poco mi mamá me leyó una frase célebre de Benjamin Disraeli que me pareció muy atinada para intentar enderezar el rumbo. El estadista dijo: “Debo seguir a la gente. ¿Acaso no soy su líder?”. Allí está el quid de la cuestión: tenemos el derecho –y la responsabilidad– de rescatar del olvido la verdadera razón de ser de la política: una herramienta para transformar de manera positiva la realidad en pos del bienestar general. La política, que hoy es la oportunidad de muchas personas deshonestas de hacer crecer de manera extraordinaria su patrimonio de manera ilegal, tiene que volver a ser entendida como un servicio social: un sacrificio de dos, cuatro, seis años, en donde los elegidos por el pueblo den mucho más de lo que reciben. No debemos ser ingenuos y esperar que esta actitud sea adoptada por los corruptos de manera espontánea y solidaria. Históricamente demostraron avidez sin límites y desprecio por las miserias de la gente a la que en teoría representan. Se burlan y burlaron de nosotros hablando de distribución de la riqueza, pobreza cero, etc. Y mientras tanto, socavan las bases de nuestra ya empobrecida Argentina. Por ahora –y quien sabe hasta cuando– conservamos mecanismos para demostrarles a los dirigentes que el poder que detentan, en una democracia, es del pueblo. Yo confío –quiero confiar– en que aún estamos a tiempo. Renunciemos al egoísmo de esperar que los demás cambien las cosas: hay que participar. Martín Díaz Colodrero DNI 31.255.423 – Neuquén

Martín Díaz Colodrero DNI 31.255.423 – Neuquén


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