Algunas reflexiones sobre el resultado en EE. UU.

Por Redacción

El período presidencial norteamericano dura cuatro años, un tiempo relativamente breve en varios sentidos, pero las conclusiones que podemos extraer de estas elecciones pueden ser más duraderas, no necesariamente originales:

1) Los medios de comunicación influyen, pero no definen. La mayor parte de los mass media optaron decididamente por Hillary Clinton e hicieron todo lo posible por destruir la imagen de Donald Trump. Tantos los medios considerados progresistas como los conservadores
–aunque ninguna de las dos categorías tenga alguna significación clara en la actualidad– celebraron a la señora de Clinton y defenestraron al magnate inmobiliario. El electorado estadounidense los ignoró olímpicamente. Debemos decir, a la vez, que los medios ignoraron olímpicamente al electorado, pero muy a su pesar. Que los principales medios de comunicación del mundo no tengan la menor idea de por qué y cómo vota la población del país más poderoso del planeta habla de una crisis de comprensión de los medios, no del electorado.

2) Las encuestas han dejado de ser una fuente fiable de consideración de la realidad. O bien el personal de campo de las compañías encuestadoras no hace bien su trabajo, o los encuestados no les dicen la verdad, o las encuestadoras no nos dicen la verdad a los lectores, o no saben leer los resultados que recopila su personal de campo. En cualquier caso, sería absolutamente necio continuar otorgando algo de nuestra confianza a las encuestas. No son serias. No es un método válido de presunción o pronóstico.

3) El único haber como candidata de Hillary Clinton era ser la esposa de Bill Clinton.

La idea de que Hillary Clinton no fue elegida por ser mujer es una ofensa injusta contra la población norteamericana. Llegó lo suficientemente lejos por ser la mujer de Bill Clinton, en ningún caso perdió por ser mujer a secas. No hizo una sola propuesta que tendiera a mejorar las muchas falencias del gobierno de Obama. Basó toda su estrategia en la mala imagen de Donald Trump. Pero su propia imagen, tanto en el terreno personal como político, dejaba mucho que desear. Sólo podría haberla catapultado al éxito una idea real de cómo vencer al fundamentalismo islámico y dinamizar la economía norteamericana y mundial. Se mantuvo silente al respecto durante toda la campaña. Nunca tuvo los méritos para ser candidata por acciones propias, y no prometió generarlos a futuro tampoco.

4) Se acusa, también injustamente, al electorado norteamericano de haber votado a favor del racismo. Estados Unidos de América es el único país, en la historia de la humanidad, donde una población mayoritariamente blanca votó a un hombre de piel negra para dirigir los destinos de la nación. No es un dato menor que esa nación sea la más poderosa del planeta. Muchos otros países han cometido el espantoso pecado de la esclavitud, muchos otros lo siguen cometiendo, pero sólo una de las naciones produjo el milagro social de llevar a un descendiente de esclavos al más alto sitial del poder político mundial. Ese evento debería seguir generando respeto y reflexión antes que insultos intempestivos, al menos por cuatro años más.

5) La canciller argentina Susana Malcorra, sin ningún argumento explicable, apostó a favor de la victoria de Hillary Clinton, pocas horas antes del comicio. Se entiende que un periodista, un político de la oposición o un analista político exprese sus preferencias sin temor al peso de su responsabilidad, pero la encargada de liderar nuestro destino diplomático ¿qué necesidad tiene de malquistarse con el próximo presidente norteamericano antes incluso de que empiece a gobernar? La reciente derrotada a secretaria general de Naciones Unidas, quien también achacó su derrota a su condición de género –excusa completamente inverosímil–, empantana a la Argentina en una boutade sin beneficio alguno. Incluso después de la victoria de Trump, Malcorra se refería a él como “el señor Trump”, apelativo que vulgarmente se utiliza para no reconocer los méritos de un presidente en ejercicio o un rival en cualquier orden. Los norteamericanos, como han hecho tantas veces en sus 240 años de existencia, han cambiado al Partido Demócrata, luego de dos triunfos consecutivos, por el Republicano. Un canciller argentino debería como mínimo estar preparado para esa contingencia.

Llegó lo suficientemente lejos por ser la mujer de Bill Clinton, en ningún caso perdió por ser mujer a secas. Basó toda su estrategia en la mala imagen de Trump.

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Llegó lo suficientemente lejos por ser la mujer de Bill Clinton, en ningún caso perdió por ser mujer a secas. Basó toda su estrategia en la mala imagen de Trump.

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