Aliado apenas manejable
El ex presidente Néstor Kirchner y su esposa no son los únicos que están procurando aprovechar las oportunidades brindadas por el poder para construirse una especie de fortaleza política, económica y judicial que, esperan, resulte ser inexpugnable. Para alarma de muchos, también lo está haciendo su aliado principal, el jefe de la CGT y de la rama oficialista del peronismo bonaerense, Hugo Moyano. Según el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, Moyano es “una mancha que avanza”, apropiándose de pedazos de poder económico, político y judicial. Comparte su opinión el presidente de la UCR, Ernesto Sanz, que dice que “no hay antecedente en la historia sindical argentina de que un dirigente y un sindicato hayan acumulado tanto poder político y económico como lo hizo Moyano en los últimos años”. Los dos tienen razón. Con la aquiescencia de los Kirchner, Moyano usa los camiones de los afiliados de su gremio como tanques, atacando a empresas reacias a darle lo que reclama, intimidando a chacareros disconformes con la política del gobierno y amenazando a integrantes de otros sindicatos. Para más señas, ha dejado saber que le gustaría emular al ex sindicalista metalúrgico brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, que, luego de haber sido durante años una figura temida por el empresariado, logró erigirse en presidente de su país y, como si esto ya no fuera suficiente, en uno de los líderes mundiales más prestigiosos. Desgraciadamente para Moyano, para coronar su carrera como presidente de la Argentina tendría que superar la barrera supuesta por el repudio social, puesto que según todas las encuestas le costaría conseguir más que una proporción minúscula de los votos. Desde hace años está celebrándose un debate en torno a la relación de los santacruceños con Moyano, ya que el camionero, que en su juventud militó en agrupaciones afines a José López Rega, es un representante cabal de la derecha peronista más tosca, lo que en buena lógica debería ubicarlo en las antípodas ideológicas de una pareja que suele hacer gala de sus presuntas convicciones progresistas, pero parecería que dicho detalle no les importa demasiado. Con todo, si bien no hay duda de que les conviene a los Kirchner contar con el apoyo decidido del sindicalista más poderoso, y más combativo, del país, sus intereses distan de ser idénticos. A diferencia de los Kirchner, cuyo destino dependerá en última instancia de la voluntad popular, tanto en nuestro país como en muchos otros es “normal” que caciques sindicales de su tipo se perpetúen en sus cargos. Moyano, pues, no podrá sino estar pensando en cómo prepararse para el poskirchnerismo. Así las cosas, es más que probable que, en cuanto tenga motivos para suponer que el país está por experimentar uno de sus periódicos cambios políticos, decida abandonar a los Kirchner a su suerte, mientras que éstos sabrán muy bien que, en el ámbito tumultuoso del peronismo, la lealtad siempre depende de las circunstancias. También entenderán que su propia autoridad se vería socavada si se difundiera la impresión de que en verdad es Moyano el que lleva la voz cantante. De llegar los Kirchner a la conclusión de que su proximidad al camionero les está resultando muy costosa en términos políticos, no vacilarían en darle la espalda. El que el poder adquirido por Moyano con la ayuda de los Kirchner haya causado tanta inquietud es una señal de que el resto de la sociedad está movilizándose para enfrentarlo. Además de peronistas federales, radicales y otros opositores, los resueltos a frenarlo incluyen a varios “gordos” sindicales y quienes están impulsando las investigaciones de “la mafia de los medicamentos” y otros asuntos turbios que podrían perjudicarlo. De los interesados en cortarle las alas a Moyano, los más peligrosos desde su punto de vista son los compañeros gremiales, a los que no les gusta para nada el protagonismo excesivo de un personaje tan polémico cuya actitud truculenta está provocando grietas en la CGT. La Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación ya se ha alejado de la central obrera en señal de protesta contra los intentos de Moyano de obligar a sus afiliados a sumarse a camioneros. Por motivos similares, otros sindicatos están pensando en hacer lo mismo.