Aliados y oponentes

RÍO NEGRO

Por Redacción

Ya están las malas noticias. El gobernador Weretilneck reunió el viernes a su equipo económico para analizar y valorar un plan de limitación del gasto público. Nada ignorado en las tradicionales recetas, incluso algunas propias ya gastadas por su reiteración. El ministro Alejandro Palmieri delineó una revisión de la masa salarial, a partir de medidas en el ausentismo, contrataciones, retiros y suplencias docentes. Un componente neurálgico integró su relato: el declive de la coparticipación federal, que en Río Negro significa un 45% de los ingresos corrientes. El primer semestre del año pasado tuvo un crecimiento interanual del 40% pero cayó a un 23% en el segundo. Lo peor: esa tendencia se mantiene. Weretilneck recogió el escrito y postergó su resolución para el regreso de su descanso de una semana que ayer inició. Entonces sumará medidas suyas, como el decreto ley para reducir las remuneraciones de los órganos de control. Piensa y repiensa un compendio de bajas para su planta política, y en los salarios de funcionarios y empresas públicas. Esa resolución deberá aportar –según pondera– al marco de la futura negociación salarial. Todo aporte valdrá cuando la escasez sea el común denominador. El escenario gremial es complejo. El gobernador extravió el apego de la Unter cuando Jorge Molina perdió esa conducción. Alentó y vigorizó a ATE, un grupo indisciplinado y en crecimiento, y hoy lo ubicó en la vereda opuesta porque detectó que no hay ninguna previsibilidad con ellos. Tampoco ya la hay con la dócil UPCN, que cayó en disgregación por la disputa expuesta al mando a Juan Carlos Scalesi. La sucesión la encarna el justicialista Oscar Cader, pero su aporte será bien estrecho por el propio curso sindical. La evolución financiera marcará la agenda provincial y, por correlato, la de los municipios. El viernes, Weretilneck ya escuchó la ansiedad de jefes comunales por atrasos de pagos en convenios y las dudosas perspectivas para el año. Las complejidades tensan todas las relaciones. Y, además, el 2014 estará cargado con el desenlace del proceso 2015. No bastará el deseo de postergarlo frente a la inquietud de múltiples voluntades. Aun así, el primer paso está enmascarado en las entrañas del oficialismo. Allí se oculta una fuerza que pretende transparentar un campo de fidelidades válidas a Weretilneck, que no existe y no aparecerá espontáneamente. Ese entorno sólo aflorará cuando el mandatario exprese su participación en la próxima elección, consciente de que la gestión ya ingresó en su segunda mitad. No será él quien exponga ese deseo. Ya lo negó y dice que esperará al último trimestre. El temor se generaliza entre los suyos porque saben que la diáspora es el primer efecto de la incertidumbre. Río Negro tiene un único haz institucional y lo ejerce Weretilneck, pero conviven líneas difusas de poder. Expresan, para el gobernador, adversarios reales y socios ambiguos. El vicegobernador Carlos Peralta constituye su mayor aliado. Weretilneck aprecia su adhesión en momentos centrales, como la crisis con Miguel Pichetto y su favorable desempate para aprobar el presupuesto. Presagia esa presencia como puntal justicialista para su futuro. Así, Peralta atesoró un papel central y su opinión desterró o sostuvo ministros. Vale un repaso. Ángel Rovira Bosch quedó afuera después de una fuerte discusión con el vicegobernador, quien hasta entonces había sido su mayor sostén. Fernando Vaca continúa en Obras Públicas porque Peralta, que lo abriga en su dominio, le aconsejó al gobernador que no aceptara la renuncia y, por ahora, el ministro sigue. El roquense también desbarató una pretendida renovación de Weretilneck en Canal 10, llegando al exsecretario Julián Goinhex y Victoria Argarañaz, colaborador y cuñada del intendente Martín Soria. Esa modificación se sostenía en una crítica a esa administración y, también, un ensayo de la reformulación que el gobernador se había decidido a plantear frente a las diferencias inocultables con Soria. Creía que era hora de cortar con la duplicidad del roquense, partícipe en el Estado con algunos referentes y, simultáneamente, un titánico censor del poder provincial. En definitiva, por Peralta, nada ocurrió. En el gobierno se asegura que sólo es un aplazamiento. El vice capitaliza bien el lugar otorgado por el gobernador. Esa sociedad sólo se explica en la convicción de que el 2015 significará la continuidad para ambos. ¿Será así? Falta advertir qué hará Pichetto. Weretilneck vaticina un acuerdo con él. Si así fuese, más allá del reparto entre ellos, ¿qué pasaría con Peralta y sus pretensiones? Esa misma posible intemperie desvela al resto de los justicialistas cercanos al mandatario. Pichetto nada dice, espera la evolución gubernamental y mantiene su ilusión. Los suyos no se comprometen demasiado con el gobierno, garantizando fragilidad a la proximidad superior. Una sociedad creada sí está en análisis. Weretilneck planteó al ministro Ernesto Paillalef el corrimiento de funcionarios de Desarrollo Social y el Movimiento Evita se plantó, liderado por Silvia Horne, y lo hará bajo ciertas condiciones. El gobernador no quiere forzar esa ruptura, pues valora el voto parlamentario de Horne. Otro socio endeble. El intendente Soria ya no figura en ese círculo. El gobernador no acepta más su destrato. ¿Podrían confrontar en el 2015? El roquense niega esa posibilidad, pero no se desatiende de la proyección, desde su dominio en Roca. Igual, su mejor plataforma consiste todavía en la añoranza que persiste en el electorado por la gestión que no fue de su padre, Carlos Soria. Weretilneck tampoco lo posiciona en el 2015. Afloró un ingrediente adicional de un descuidado artículo de la Constitución provincial. En el oficialismo se relee el apartado 172 de las “inhabilidades” para ser elegido gobernador o vice. Allí se consigna a los “cónyuges y parientes hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad del gobernador o vice en el mismo período o en el siguiente al mandato en ejercicio”. El mandatario descree que ese texto lo inhabilite, pero ese material está incorporado en el universo político. Ese andamio de expectativas y frustraciones subsistirá en este cuatrimestre de complejidades de un Estado desfinanciado. Será, además, una etapa en la que el oficialismo tendrá la difícil contienda con su pasado reciente y su discurso de cambios propuestos. Hay demasiadas palabras borradas por las acciones. Todos sus partícipes tienen saldos negativos. Se forzó la renovación de los órganos de control externos para transformar su vigilancia estatal y deportar el histórico usufructo personal o sectorial que reinaba en esas estructuras. Nada pasó en sentido contrario, salvo perfeccionaron el marco legal para continuar en el liderazgo remunerativo. Además, el tiempo demostró que la multiplicación de los haberes de funcionarios no garantiza por sí mismo la jerarquización del cargo, eficiencia en la función y compromiso en la gestión provincial. Los ejemplos sobrarían porque, en realidad, el peor estigma del oficialismo se conforma con el recuerdo de su prédica y su posterior proceder. Cada acción tiene un antecedente. Por eso, la fuerte repercusión negativa por la operación “aplazada” –según aclaró el secretario general Matías Rulli al difundirse el trámite– de un leasing para incorporar un automóvil para el mandatario, inicialmente un Audi A6. La misma unidad que Horizonte compró para el exgobernador Miguel Saiz y que el FpV denostó por su evidente opulencia. El gobierno de Weretilneck no lo compró pero, en su caso, alcanza su tramitación para exponer la discordancia. Nadie, ni antes ni ahora, puede desentenderse de la seguridad o comodidad del primer mandatario. Pero, ¿siempre hay que recurrir a los extremos? ¿El poder, otra vez, deshizo de lógica y sentido común a los funcionarios? Las urgencias económicas tornan más sensible a la gente ante estos desvaríos. Y también existe, en el medio de esos contrastes, una manifiesta carencia de autocrítica en los actores políticos.

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar