Alimentar sin “cebar”
Hemos recibido una consulta desde Villa La Angostura.
NEl grupo de jardinería Las Fucsias planea la compra en conjunto de fertilizantes para agregar a sus rosales y se ha abierto una diferencia de criterio entre sus integrantes, por lo que consultan mi opinión.
DOS CRITERIOS
“… estos serían los ingredientes por rosal, medidos en taza y en gramos: harina de hueso 1 taza (200 gramos), superfosfato 1/2 taza (150 gramos), sulfato de potasio 1/4 de taza (110 gramos), sulfato de magnesio (sal inglesa) (140 gramos)”. Sería interesante si nos unimos y así poder comprar por bolsa los productos a un mejor precio”.
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“No adhiero a este plan de fertilización en base a productos químicos. Lo único que logramos es embellecer unas pocas plantas para contaminar la tierra que, con riego, seguirá penetrando los estratos hasta llegar al lago, contaminando todo en su paso hacia lo más bajo. Tengan en cuenta que contaminar el lago significa el agua del que dependemos para vivir. Me opongo fervientemente a ser partícipe de esta movida. El Grupo de Jardinería Las Fuchsias tenía como fin la conservación de la flora autóctona, nativa, entendiendo que es de mayor importancia defender el medio ambiente y difundir la defensa del mismo con fertilizantes naturales, buscando esos productos naturales que combatan pestes”.
MI OPINIÓN
Desde Justus von Liebig en adelante, la industria de los fertilizantes químicos se ha incrementado hasta alcanzar una portentosa dimensión. Su principal consumidor es la “industria agroalimentaria”, representada por enormes monocultivos intensivos que, por ser tales, se han hecho dependientes de los fertilizantes para tratar de reemplazar lo que extraen del suelo… nuestra fruticultura valletana es un ejemplo cercano.
Para que la industria frutícola siga funcionando, se han creado mecanismos de análisis de suelo y foliares que permiten determinar el punto óptimo de fertilización para cada monte frutal. Sin esos datos, la fertilización se vuelve tremendamente errática y por lo general se aplica en exceso.
En un jardín es prácticamente imposible determinar la necesidad óptima para cada planta, no sólo por su alto costo sino porque la gran diversidad impide tener “patrones” o tablas fehacientes por los que guiarse, como sí los hay para manzanos y perales. De allí a la sobredosificación hay un solo paso.
La fertilización en plantas ornamentales tiene más importancia para nosotros los humanos que para las plantas en sí, ya que ellas son sumamente frugales y en Villa La Angostura (y toda la región) bastaría con mirar en derredor para observar que la naturaleza es pródiga en vegetación y flores sin necesidad de los humanos… diría incluso “a pesar de los humanos”.
Realizando un correcto manejo orgánico del jardín, con el reciclado de la materia orgánica del jardín y de la huerta, es totalmente suficiente y hasta se podría prescindir de los residuos de la cocina para un buen compost o mulch, que se puede agregar permanentemente todo el año pues contribuirá a la economía del agua y no causará desequilibrios en el biorritmo vegetal por su lenta degradación. Aquí vale el concepto de hierro de la jardinería orgánica: alimentar el suelo y no a las plantas.
Como resumen, digo que no debemos confundir una alimentación natural con el “cebado”, al que solemos someter no sólo a nuestras plantas sino al resto de nuestras mascotas.
Teodorico Hildebrandt
eljardin@rionegro.com.ar