Amontonamiento sindical
La internación de Cristina aportó una cuota de zozobra al cuadro político de cara al 2015. El sindicalismo, dividido, busca compensar el retroceso salarial debido a la inflación. Las vertientes cegetistas discuten el futuro modelo gremial e industrial con preferencias al PJ.
DOMINGO A DOMINGO
Por supuesto que les preocupa la inflación. Hasta los más cercanos al gobierno, como el «tiempista» Antonio Caló, reconocen en privado que sus representados ya sufrieron una merma salarial que ronda los cinco puntos. Sin embargo, resignándose a que no se modifique este año el impuesto a las Ganancias en la cuarta categoría (lo que piensan compensar presionando al sector empresario para obtener algunos morlacos navideños extras), dirigentes de las fraccionadas centrales obreras, sin descuidar la puja electoral general del 2015, discuten acerca del «modelo sindical», mayoritariamente peronista.
«Los imperios no son destruidos desde afuera, se demuelen desde adentro por las peleas intestinas», recita un secretario general de un poderoso gremio que le reprocha al camionero Hugo Moyano haber sumido en una crisis terminal a la «columna vertebral» del justicialismo, por haber hecho proliferar pequeños sindicatos, en forma transversal, en lugar de fortalecer a las grandes organizaciones.
En efecto, la tan meneada unidad de la CGT es hoy una quimera. «Sólo hay amontonamiento en función de intereses circunstanciales», admite un estudioso del tema que recuerda que sólo en dos ocasiones todos tiraron para el mismo lado: cuando se juntaron detrás de José Ignacio Rucci, en la década del 70, para lograr el retorno al país del general Juan Domingo Perón, por entonces exiliado en España; y al resistir el proyecto del radical Raúl Alfonsín, quien pretendió en el retorno a la democracia, en 1984, reordenar y acotar a los peronistas a través de la frustrada ley Mucci. En el segundo caso, dado el desprestigio de muchos referentes, se buscó a un exponente sin antecedentes oscuros. Recayó la designación en el cervecero Saúl Ubaldini.
En los últimos meses, desde el sector más opuesto al gobierno se promovieron paros generales y movilizaciones hacia Plaza de Mayo, que no terminaron de prender en la ciudadanía, y eso que la situación económica viene sufriendo bajones. Desde la Rosada se denunciaron intentos desestabilizadores. Los duros Moyano, Hugo Piumato, Gerónimo Venegas, entre otros, decidieron aislar al gastronómico Luis Barrionuevo y transitar el conflicto de manera más razonable. Atendiendo en este caso las recomendaciones hechas llegar desde Roma por el papa Francisco.
Sofocada esa suerte de conspiración (que tuvo un antecedente en la rebelión policial de fines del 2013), miembros de La Cámpora, como «Wado» De Pedro, de buen trato con el gobernador Daniel Scioli, deslizaron sospechas sobre intendentes del Gran Buenos Aires que responden a Sergio Massa, líder del Frente Renovador.
Scioli, inserto en el Frente para la Victoria (FpV), Massa, con los pies fuera del plato pero con un fuerte componente peronista, reeditan una pulseada clásica en el justicialismo. «Se reciclan, engaña a la gente», sostiene el jefe del Pro, Mauricio Macri, apoyado desde Unen por Lilita Carrió, quien acuñó una sentencia: si gana Scioli, todos los massistas se hacen sciolistas; si triunfa Massa, hay pases furibundos del sciolismo al massismo.
«Podrá haber síntomas de alarma, pero aun con complicaciones, la actividad fabril se mantiene. No es el momento de agarrar baldes de nafta para avivar el fuego», se le escuchó decir al metalúrgico Roberto Bonetti a su referente Caló, luego de que éste hiciera un examen provincia por provincia. Córdoba, comprobó, es una plaza problemática.
Al margen de la exhortación papal («cuiden a los porfiados Kirchner», es otra de las frases que se le atribuyen), los más intransigentes del sindicalismo aceptan que no es posible doblarle la apuesta a Cristina. «Le tiramos un ladrillo y nos responden arrojándonos dos por la cabeza», se rinden. Y exploran, paralelamente, acomodarse con los diferentes candidatos.
Los gremialistas peronistas no tienen buena sintonía con Macri, pese a que éste no ceja en su propósito de seducirlos. Se sienten más cómodos con Scioli, Massa, Florencio Randazzo o Julián Domínguez, a los que ubican en una misma franja, más proclives a satisfacer demandas de los trabajadores, por encima de las empresarias.
La enfermedad de la presidenta agrega una cuota de incertidumbre importante. En su convalecencia, afloran los posicionamientos. Como el que expuso el titular del bloque de senadores del FpV, Miguel Pichetto, al cuestionar la iniciativa del Ejecutivo para regular las telecomunicaciones.
El rionegrino aclaró que no votará en contra. Empero, pidió no privilegiar a multinacionales como Telefónica («que no invierte nada», protestó) en desmedro de firmas nacionales pequeñas del interior profundo.
Arnaldo Paganetti
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