Antes y después de Francisco

En el PJ disidente aceleraron los pasos para lograr unidad y aspirar al recambio pacífico en el 2015.

Por Redacción

ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

Por más que los relatos –el de Cristina, que disciplina a los K, el disperso de los opositores, que los convierte en deudores de la sociedad a la que pretenden representar– son importantes para la construcción política, no es posible evadirse de la realidad. Una realidad sacudida, en estos días, por la entronización en el Vaticano, como papa Francisco, del exarzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, un hombre modesto y tozudo que predica la unidad y el diálogo y una de cuyas sentencias de cabecera es “no te la creas”. No hay duda de que habrá un antes y un después y que el magisterio universal de un porteño del barrio de Flores sobre 1200 millones de fieles de una Iglesia sumida en un proceso de restauración, influirá de manera muy sutil, con hilos invisibles, sobre la vida de 40 millones de argentinos, que muchas veces se debaten en situaciones en exceso crispadas. El “habemus papam” cayó como una bomba, de júbilo y esperanza para la mayoría. En medio de las críticas de algunos de sus seguidores, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner envió un saludo formal, pero de inmediato anunció su viaje a Roma donde, antes que nadie, intercambió gestos de afecto y comunión con el santo padre, ante quien incluso se permitió pedir su intermediación para reflotar las negociaciones con Gran Bretaña sobre las islas Malvinas, en el marco de las resoluciones de las Naciones Unidas. Después de los cuestionamientos kirchneristas, referidos al papel de Bergoglio durante los oscuros años de la dictadura militar, la discusión se saldó en una proporción de 9 a 1 a favor del religioso. “No fue un héroe, pero tampoco fue cómplice”, sintetizó Ted Harris, exdiplomático de Estados Unidos entre 1977 y 1979. Y salieron a la palestra defensores intachables, entre ellos el Nobel de la Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel; el titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti; y Graciela Fernández Meijide, de la Conadep. Hasta quienes habían reaccionado negativamente volvieron sobre sus pasos y le abrieron crédito en su cometido de luchar contra la pobreza y el esclarecimiento del pasado. Aquí figuran Estela Carlotto y Hebe de Bonafini, de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, objeto de la suspicacia de peronistas disidentes empeñados en ofrecer una alternativa, primero en las legislativas de octubre, y luego en las presidenciales del 2015. En “Carta Abierta”, el foro de intelectuales kirchneristas, se consideró un “retroceso” adscribir a un “papa peronista y argentino”, pero Cristina, le puso un límite al “vamos por más” de los fanatizados. Luego, en un debate televisivo, el filósofo Juan Pablo Feinmann sintetizó el criterio predominante de la Rosada: “Cristina bajó la línea… este papa tiene que ser nuestro. El que se lo gane, va a ganar mucho. No hay que dejárselo al peronismo de derecha… hay un combate a su alrededor y hay que posesionarlo… Muchachos no jodan más con Bergoglio, ahora es Francisco y la derecha no nos lo puede sacar”. Por supuesto, no es ese el criterio imperante en el Justicialismo no K, donde abrevan entre otros José Manuel de la Sota, Hugo Moyano, intendentes tironeados desde ambos lados (el de Tigre, Sergio Massa, por caso) y el exministro Roberto Lavagna, a punto de cerrar un acuerdo con Mauricio Macri en la capital federal. “Necesitamos aire fresco”. Aun intrigante, eso le confesó Massa al diputado Alberto Assef, abocado a construir un gran frente, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde tendrán gravitación emblemas comunales como el radical Gustavo Posse y el justicialista Jesús Cariglino. Massa prometió un pronunciamiento a fines de abril o comienzos de mayo. Podría dar luz verde a una fórmula “ordenadora” integrada por Felipe Solá y su esposa Malena Galmarini. Assef es refractario a la participación en el espacio común del gobernador Daniel Scioli, visto como variante de recambio por algunos de sus compañeros. “Su ambigüedad e indefinición lo han marcado y lo convierten en una persona no confiable”, manifestó luego de que el exjefe de gabinete, Alberto Fernández, lo promoviera como candidato para dentro de dos años. En apariencia, la serenidad debería dominar los ánimos. Sin embargo, las dificultades económicas y los aprestos electorales siempre oportunistas, auguran una tranquilidad no muy prolongada. Algunos “gurkas” K, como el expiquetero Luis D’Elía se atribuyeron la postergación del viaje de Francisco a la Argentina, hasta después de los comicios legislativos de medio turno, decisivos para saber hasta donde llegan los intentos re-reelecconistas. “Venir antes de la puja doméstica, hubiese contradicho la sapiencia de dos mil años de Iglesia”, replicó Assef, para quien, Francisco será a partir de ahora un factor aglutinante, que facilitará el “retiro pacífico” del kirchnerismo de la Casa de Gobierno. Su estimación choca con otras elucubraciones del poder que ya lleva diez años de mandato. Están los que piensan en una figura que represente el modelo abierto el 25 de mayo de 2003 y los que, como Julio De Vido, baten el parche con la profundización del “proyecto transformador”, con reforma constitucional previa. “Compañeros, no hay derechos adquiridos. Las conquistas hay que defenderlas. Hay que obtener un fuerte triunfo. Hay que pelear, no dar un paso atrás y avanzar todos los días”, predicó al anunciar obras ante el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, uno que no habla y está en las gateras.

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