“Aquella juventud maravillosa”
Vi por última vez al “Turco” Juan Carlos Mereb en un tren de la línea Sarmiento a principios de los 70. Él viajaba desde Ituzaingó y nos encontramos en el mismo vagón cuando ascendí en Castelar. En esa media hora de charla, hasta que descendió en Flores, me contó que venía de ver a “Galimba” y, por ende, de su activismo en la JP. La había comenzado y la continuaba –a pesar de que entonces creo que Perón ya lo había defenestrado por insistir en la necesidad de crear milicias populares– muy cerca de Rodolfo Galimberti, el referente del jotapeísmo en esos tiempos. Guardaba la misma actitud apacible que le había conocido en el pensionado en el cual compartimos algunos años de nuestra época de estudiantes, él de medicina y yo de periodismo. Aquella charla, sin embargo, se pareció muy poco a tantas otras, en particular a la que habíamos mantenido durante cinco horas en un banco de la plaza Pereyra Iraola una noche de primavera, luego de haber llegado tarde al pensionado y encontrado el portón cerrado por el cura Eugenio Amitrano, párroco de la basílica del Sagrado Corazón donde aquél funcionaba. Al lado de ésta, en el mohoso edificio conventual de la UCA, se encontraba la Facultad de Agronomía de esa casa de estudios y en el cuarto y último piso –con sus galerías y sus enredaderas– las habitaciones alquiladas por el Colegio Mayor Pío XII, que se cerró a mediados de los 70 como medida “precautoria” frente al compromiso militante de algunos de los residentes. Así me lo refirió, al menos, uno de los que se vieron obligados a buscar imprevistamente dónde hospedarse. Quizás el “Turco” fue uno de ellos y terminó sus estudios lejos de aquel antro de sueños. Al conocer la noticia de su fallecimiento, lamenté que la vida, esa gran dispersora, nos hubiera puesto tan cerca sin que lo supiéramos –ni uno ni otro– a lo largo de treinta años. Hoy me he enterado de que, lejos de su Tandil natal, adoptó estas regiones de la Patagonia como marco para una vida, no me cabe duda, dedicada a honrar su especialidad pediátrica en Epuyén, El Maitén y El Bolsón. Y sus pobladores han sabido apreciarlo. Lo mismo que lo hemos apreciado y querido otros patagónicos, como él lo fue por adopción: el “Teti” Michelena, hoy médico en Viedma; el “Galenso” Williams, de Trelew y hoy en Madryn, y los barilochenses Eduardo Mignacco y “Eddy” Suárez. Jorge A. Sabatini, DNI 8.850.113 Cutral Co
Jorge A. Sabatini, DNI 8.850.113 Cutral Co