Arafat conquistó un relativo apoyo de la Liga Arabe
Los derechos de los refugiados y la soberanía no son negociables.
EL CAIRO.- El frágil apoyo ofrecido por los árabes al líder palestino, Yasser Arafat, para aceptar con reservas el plan de paz con Israel del presidente de EE.UU., Bill Clinton, anuncia un largo camino hacia un acuerdo.
Los ministros de Asuntos Exteriores de ocho países árabes y los palestinos tuvieron ayer una reunión de emergencia en El Cairo para examinar las propuestas de paz de Clinton, dentro de los intentos de poner fin a más de cinco décadas de conflicto palestino-israelí.
El jefe de la diplomacia egipcia, Amro Musa, declaró tras la reunión que sus homólogos árabes apoyan la posición negociadora de los palestinos, a condición de que se respeten las resoluciones de Naciones Unidas en lo que se refiere al problema de los refugiados y la soberanía palestina sobre el sector árabe de Jerusalén.
Según fuentes palestinas, Arafat explicó a Clinton, durante su última reunión, que los palestinos insistirán en la plena aplicación de la resolución 194 de la ONU que exige permitir el regreso de los refugiados a sus hogares, que abandonaron tras la creación de Israel, en 1947.
Arafat también rechazó la propuesta de que la soberanía sobre el Muro de los Lamentos, situado en la parte inferior de la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, quede en manos israelíes.
En El Cairo participaron los jefes de las diplomacias de Egipto, Siria, Jordania, Líbano, Marruecos, Arabia Saudita, Bahrein, Túnez y los palestinos, que forman el comité de seguimiento de las resoluciones de la última Cumbre Arabe, celebrada en Egipto en octubre pasado en apoyo a la “Intifada” (levantamiento popular) palestina. Varios de los mencionados países están involucrados de forma directa en el proceso de paz por acoger a decenas de miles de refugiados palestinos o por tener intereses en los lugares sagrados del Islam en Jerusalén.
“No hay que permitir que el tiempo sea como una espada sobre nuestros cuellos”, dijo el titular de Exteriores egipcio en alusión a los intentos de Clinton de conseguir un acuerdo entre los palestinos e israelíes antes de traspasar la presidencia de EE.UU. a George W. Bush, el 20 de enero.
Paralelamente, un diplomático de confianza de Ehud Barak, Gilead Sher, se entrevistó ayer con Dennis Ross, enviado especial de EE.UU. a Medio Oriente. El objetivo de la misión de Sher es tratar de determinar si las reservas que israelíes y palestinos han puesto a las líneas marcadas por Clinton pueden ser reconciliables.
Pero Barak circuló en otro sentido. Ayer advirtió sobre el riesgo de “confrontación global” con los países árabes si no se llega a un acuerdo de paz.
En general, los países árabes consideran que la propuesta de Clinton es “precipitada”, ya que se ofrece pocas semanas antes de que entregue la presidencia a Bush, y en vísperas de las elecciones para primer ministro en Israel, convocadas para el 6 de febrero.
Tras la victoria del republicano Bush en los EE.UU., los países árabes mostraron su satisfacción por el resultado, al considerar que el nuevo Gobierno tendrá menos influencia judía que el de Clinton y adoptará una postura menos parcial a favor de Israel en su labor mediadora en el proceso de paz de Oriente Medio. “El objetivo del plan (de Clinton) es poner fin a la ‘Intifada’, y llevar a los palestinos a abandonar sus derechos históricos y religiosos” en Jerusalén, opina Salahedin Hafez, uno de los destacados escritores del diario egipcio “Al Ahram”. (Télam- SNI, DPA, EFE)
Diferencias insalvables
Las diferencias entre palestinos e israelíes en las cuestiones clave de su centenario conflicto son tan pequeñas como nunca antes. Sin embargo, parecen insuperables porque, en esta “hora de la verdad”, ambas partes han llegado al límite de su capacidad de alcanzar un compromiso en relación a las negociaciones sobre sus cuestiones más sagradas, y se han atrincherado en sus posturas.
Los principales escollos son la cuestión de la soberanía sobre el Monte del Templo, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, y el “derecho al retorno” de los 3,7 millones de refugiados palestinos. Los palestinos exigen la completa soberanía sobre el Monte del Templo, enclave que es el polvorín en el conflicto. Según sus planes, Israel sólo controlaría una parte del Muro de los Lamentos, el lugar más sagrado del mundo para los judíos. Pero Israel reclama todo el Muro y los Palestinos no lo aceptan. (DPA)
Mientras, la violencia
ISRAEL.- El Ejército israelí ha sustituido los bombardeos aéreos de ciudades de Cisjordania y Gaza por la “eliminación” sistemática de dirigentes políticos y jefes militares palestinos en represalia a los ataques de los milicianos de Al-Fatah y de los grupos islámicos.
Al menos 15 dirigentes palestinos fueron asesinados durante el último mes y medio en operaciones concretas -casi quirúrgicas- de israelí.
La política de asesinatos selectivos fue confirmada públicamente por el Gobierno de Israel, aunque éste sólo acepta la autoría de ocho de las quince muertes. Esta política ha creado cierto pánico entre los líderes palestinos, y aunque en estos momentos no se teme por la vida de Yasser Arafat, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina no deja de ser en definitiva un objetivo como cualquier otro.
Pero la violencia no se aquieta. El grupo radical palestino Hamas instó a rechazar el plan Clinton por “sionista” y la CIA decidió involucrarse en el conflicto.
El director de la agencia americana, George Tenet, representará a EE.UU. en la comisión trilateral con Israel y palestinos para frenar tres meses de violencia, reveló un funcionario israelí. (Reuters)