Argentina: cara para los de adentro, ¿barata para los de afuera?

El país está ante el desafío de su segunda recuperación en veinte años. La carga impositiva, el contexto internacional y el acceso al crédito, son parte de las causas. Economistas analizan el escenario y lo que puede llegar a venir. El Gobierno es optimista.





En la Argentina por $4,79 se pueden comprar dos caramelos masticables o la acción de una de las empresas líderes del Merval. Asar un trozo de carne, para la mayoría, roza lo suntuoso. Pero si alguien viene del exterior puede alojarse en un hotel cinco estrellas por chirolas. El país es caro para los de adentro y ¿barato para los de afuera?


Son imágenes de una Argentina rota. Si no fuera por los subsidios directos del Estado, la indigencia alcanzaría al 27,7% de la población y la pobreza, al 53,9%, según la UCA.

Pero como el Estado también está desfinanciado y es deficitario, emite moneda para atender la demanda social, retroalimenta la inflación y profundiza la degradación del propio peso.
En Argentina, desde hace muchos años, pagar un alquiler o mantener un auto generan gastos muy significativos a las familias. La canasta básica para una pareja y dos hijos pequeños cuesta $67.577.

El ingreso medio de los asalariados es de $42.294: al dólar oficial, son u$s410; al dólar “solidario”, u$s249; y a la única cotización libre (blue), u$s232. Natalia Motyl, economista de la Fundación Libertad y Progreso, explica que, en los últimos ocho años, el salario promedio perdió 40 puntos porcentuales de poder de compra.

40%
es la perdida acumulada para el poder de compra de los salarios argentinos en los últimos ocho años.


“Es cierto que la Argentina está muy barata en dólares, pero el problema es el nivel de empobrecimiento de su población”, señala Motyl. Por ello, todo lo que se compare con el ingreso medio parece excesivo. Con una media de $39.603, las jubilaciones, por ejemplo, han sufrido una corrosión de 30 puntos porcentuales desde 2011 respecto de la canasta básica, indica la economista.

Tres años horribles


Entre enero de 2018 y la actualidad, el peso perdió el 89% de su valor frente al dólar. Esa devaluación fue por la crisis financiera que le estalló al macrismo y el posterior desembarco de la pandemia (con derrumbe de generación de riqueza), que encontró a la Argentina en default y sin mercado de capitales local suficiente para financiarse.


Entre 2018 y 2020 la recesión fue profunda: hubo destrucción del capital productivo y comercial. El Producto Interno Bruto cayó 37% en dólares, al pasar de u$s643.600 millones en 2017 a u$s401.300 millones en 2020 con el colapso generado por la pandemia de Covid-19, según el Banco Mundial.


Hoy el país está ante el desafío de la segunda recuperación de gran magnitud en veinte años. En 2021, según el ministro de Economía, Martín Guzmán, se crecería 8%. No se recuperará así el desplome del 9,9% de 2020. Y se necesitará el 2022 (y quizás el 2023) para volver a niveles prepandemia, es decir, sólo a un estado de crisis menos profunda.

89%
se devaluó el peso argentino desde enero de 2018, por la crisis financiera del macrismo y los efectos de la pandemia.


Gustavo Pérego, economista director de la consultora Abeceb, indica que “la Argentina, en valor de sus activos, está barata”, pero depende para qué y de cómo se mida. “Está barata para quien estima que habrá una regularización de la economía y de los factores macroeconómicos en el mediano plazo. La gran dificultad es que no hay horizonte de mediano plazo”, advierte.


Motyl coincide: “Hay muchas señales negativas. Argentina bajó en su categoría de mercado financiero (a stand-alone) y eso restringe el ingreso de capitales y de inversiones. No existe consenso alguno entre oficialismo y oposición. Y el Gobierno de Fernández está siempre amenazante sobre la propiedad privada: el caso Vicentín marcó un hito en la destrucción de la confianza”.

s allá de las vacunas y la caída de los contagios

Más allá de las vacunas y de que mengue la pandemia, lo que viene tampoco es fácil. Pérego señala que los precios internacionales tienden a desinflarse. Y agrega que la estrategia de “tapering” de la Reserva Federal estadounidense impactará. Es decir, hay temores globales de una política estadounidense más contractiva (con suba de tasas), lo que generaría un ajuste en las acciones y en los commodities.


En lo local, precisa Pérego, el superávit comercial de Argentina viene en parte por volumen, pero más por precio. Y eso es un problema a la hora de analizar el potencial real para la generación de divisas. “El rebote es heterogéneo. Hay sectores volando como el del litio y el petrolero. Y otros muy atrasados”, expone.


¿Por qué el escenario actual es distinto al de despegue del 2002? En aquel momento, el tipo de cambio saltó 300% y la inflación subió al 40,9%, pero rápidamente bajó a un dígito. Según el Cippec, la carga tributaria fue del 21,7% hasta el 2004; 27,1%, hasta el 2008; y 33,8% hasta el 2016, bajando al 30,9% en 2019. Para el Ieral de la Fundación Mediterránea, este año cerrará en 33,1%.


Sebastián Domínguez, socio de SDC Asesores Tributarios, hizo un estudio que indica que en el país hay 18 impuestos creados o incrementados por Fernández. Según el analista, “el país está librando la lucha incorrecta” al subir impuestos en vez de ir contra la evasión. Motyl agrega: “Una pyme con 60 empleados paga 106% de impuestos sobre su ganancia neta. Es decir, tributa para poder invertir.


El Gobierno no tiene previsto bajar impuestos. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, lo pone de manifiesto: “Las inversiones van donde hay demanda, no donde bajan los impuestos”. Y para Guzmán, se están dando cambios en la matriz tributaria con perspectiva progresiva.

Javier Álvarez

Buenos Aires


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