Armas “potencialmente letales” que requieren manejo muy especializado



Lic. Juan Moratto*

Las armas de electroshock se introdujeron en las fuerzas de seguridad con el fin de evitar el uso de armas de fuego cuando las circunstancias no lo ameritaban o cuando se trataba de someter a un agresor de manera rápida y efectiva, sobre todo en países como los Estados Unidos, Inglaterra, Suiza, Australia y Canadá.

En este sentido, como muchas otras medidas de defensa, las opiniones se concentran tanto sobre el instrumento -el arma eléctrica- como sobre el que tiene la responsabilidad de usarla -el policía-.

Ambas visiones representan “el árbol que tapa el bosque”. El bosque está conformado por el cúmulo de procedimientos y capacitación, implementado en conjunto con el arma de electroshock.

Estos procedimientos están generalmente ausentes en muchas fuerzas policiales, otros son incompletos y los castigos por violar un procedimiento incompleto son, en consecuencia, insuficientes y poco ejemplares.

Los procedimientos que conllevan el uso de un arma de electroshock forzosamente deben tener en cuenta el riesgo de “muerte súbita” e implicancias sobre la salud de la persona víctima de su uso.

Sin lugar a dudas ni a interpretaciones personales, los pocos antecedentes fuerzan a considerar al Taser como un arma “potencialmente” letal. No es “un arma 100% letal”, sino que conlleva la posibilidad de provocar en ciertos casos daños irreversibles, sobre todo si no se respetan los procedimientos respecto de su aplicación.

En base a esa “potencialidad” de letalidad, solo deberían usarse cuando el daño que puede llegar a infligir un determinado individuo en actitud agresiva es de índole grave a letal y nunca en casos comunes de resistencia a la autoridad, desobediencia pública, resistirse a un arresto y demás incidentes menores que pueden ser resueltos por otros medios menos riesgosos para la vida de la persona. ¿Por qué estoy haciendo estas aclaraciones? Porque el riesgo en su uso existe, es real. Clínicamente real.

El uso de las pistolas de electroshock es tan especializado que requiere un entrenamiento similar al de un arma de fuego, en todo caso dictada por un instructor de tiro habilitado, en el caso de Argentina por Anmat, junto con un instructor táctico certificado para la simulación de enfrentamientos. Caso contrario, el resultado puede ser impredecible.

Estas armas funcionan en base al dolor y parálisis muscular infligido por la penetración de uno o dos dardos bajo la piel del agresor. El voltaje de carga asciende a los 50.000 voltios pero es menor al impactar a la distancia de 10 metros. Este voltaje permite descargar 19 veces 0,0021 amperes con una sola presión del disparador. Suficiente para paralizar los músculos afectados.

El mayor peligro es su uso contra niños, adultos mayores, embarazadas, personas de contextura pequeña o con afecciones; impactos en la zona superior del tórax, genitales o rostro.

El amperaje es muy bajo, el problema se produce cuando el policía acciona el disparador más de una vez por un entrenamiento deficiente, procedimientos inadecuados o inexistentes. No todos los seres humanos tenemos el mismo organismo y esto los médicos lo saben muy bien. Un determinado medicamento que no tiene efectos negativos en una persona puede enviar a terapia intensiva a otra. Y lo mismo ocurre con estas armas.

Veamos algunos datos:

A los 400 milisegundos (menos de medio segundo) después del impacto, la presión sanguínea del afectado (diastólica) escala de 80 a 120 mmHg y comienza la fibrilación ventricular del corazón, luego cesa y se normaliza. Pero si la persona tiene algún problema físico (infartos previos, estado de alta excitación, drogas como la cocaína o meta-anfetaminas, diabetes, asma) y no es atendido a los 5 minutos o más, sus posibilidades de supervivencia decrecen hasta un 30%. Si está sano, no drogado o no padece ninguna enfermedad, no hay consecuencias.

Estos efectos ocurren cuando se repite la descarga eléctrica, y son acumulativos en el receptor. De allí los casos fatales, como el de éste registrado en EE.UU.

La peor aplicación de un arma eléctrica es contra niños, adultos tercera edad, mujeres embarazadas, personas de pequeña contextura física, impactos en la zona superior del tórax, genitales o rostro, personas que sufren afecciones como las antes mencionadas y, sobre todo, si no reciben atención médica inmediata posteriormente al disparo.

En muchas fuerzas policiales los procedimientos de capacitación en su uso no existen o son incompletos y los castigos por violar un procedimiento son insuficientes y poco ejemplares.

En síntesis, el uso Taser es una decisión difícil que debe tener en cuenta: entrenamiento profesional, instructores capacitados, procedimientos y sanciones por su uso inapropiado con intervención judicial.

Sin estos recursos la posibilidad de daño físico y psíquico es alta y, muchas veces, irreparable; sin embargo, cumpliendo con estos prerrequisitos, el arma de electroshock ha salvado incontables vidas desde su introducción, evitando el uso de armas de fuego. ( Aquí el caso de un agresor con una espada o machete en el metro de Londres, neutralizado por la policía)

*Consultor en Seguridad, Perito Judicial (TSJ), Neuquén. Matr. 1


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