De Dina Huapi a Milán: aquel chico que aprendió de su padre hoy llega a la meca del diseño
Con sus muebles inspirados en la geología y los tonos de la estepa que rodea a su pueblo en la Patagonia, Aldo Montes de Oca fue seleccionado para exponerlos en la Semana del Diseño en Italia. Del aserrín en el taller de Bariloche a la vidriera más influyente del mundo, la historia de un rionegrino que apuesta a construir su futuro.
Cinco meses atrás, mientras calentaba el agua para el mate del desayuno en su casa en Dina Huapi -allí donde hacia el este se extiende el horizonte infinito de la estepa y hacia el oeste la magia andina con el lago y las montañas a 15 km de Bariloche– el diseñador industrial Aldo Montes de Oca vio en el teléfono que le había entrado un correo electrónico enviado desde Milán ese mismo día, pero cuatro horas antes por la diferencia horaria. Leyó el asunto: Proceso de selección. Un segundo más tarde hizo clic y se encontró con la noticia más deseada: había sido elegido para exponer su producción inspirada en las capas de la tierra de la Patagonia y en el paso del tiempo en el Salone del Mobile durante la feria de diseño más convocante del mundo en el norte de Italia, del 21 al 26 de abril del 2026.
-¡Che, viejo, mirá! – exclamó y le pasó el celular a Carlos, su papá. De chico lo acompañaba al taller en Bariloche, lo veía fabricar chimeneas, darle forma con sus manos a las artesanías. No se animaba aún a participar, pero no se perdía detalle. Carlos le hacía carretillas para jugar y con Oriana, su madre, preferían regalarle los ladrillos de Rasti antes que las piezas de Lego, estimular la imaginación a seguir paso a paso un proceso constructivo sin salirse del libreto, como dice Aldo. Aquellas escenas en el kilómetro 13 frente a Playa Serena dejaron huella.
-Pero esto está en inglés -le contestó el padre aquel jueves de fines de octubre: del 2025 junto a Oriana, esperaban ansiosos la traducción. Y entonces les contó y el desayuno se transformó en festejo.
-Estaban más contentos que yo -recuerda ahora Aldo con su sonrisa contagiosa y la tonada que se le pegó cuando se fue a estudiar a Córdoba.
La colección Estratos
Nacido y criado en Bariloche, recibido en el 2023 en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba, pronto desembarcará en Milán con una mesa ratona y otra de arrime, un banco largo y una silla, la colección que tituló Estratos. Mientras tallaba el fenólico con la amoladora emergían los colores que emparentaban esas piezas con las capas geológicas que lo inspiraron en la estepa.
-En cada pasada aparecían de forma impredecible las distintas capas del material -explica.
Con esos trabajos se postuló y gracias a ellos se ganó el derecho a ser uno de los 120 diseñadores emergentes de todo el mundo seleccionados para participar en el Salón del Mueble durante la Semana del Diseño en Milán.
La mudanza a Dina Huapi
Esta etapa de la historia transcurre en Dina Huapi: emergente es también la palabra que utiliza el sitio oficial de Turismo de Río Negro para presentar a ese pueblo rodeado de ríos, lagos, picos nevados y estepa que pasó de tener 3.730 habitantes según el censo 2010 a 5.879 de acuerdo con el del 2022.
El crecimiento fue del 53,4%, solo superado en la provincia del norte de la Patagonia por Fernández Oro, que pasó de 8.629 habitantes en 2010 a 15.789 en el 2022, una suba del 82,9%.
Si la ciudad del Alto Valle crece y crece por la onda expansiva de Neuquén que superó los límites de Cipolletti, hay quienes piensan que hay un razonamiento similar en dejar Bariloche para elegir Dina Huapi a solo 15 kilómetros de la meca del turismo en la Argentina.
Aldo y su familia son parte de esa movida y por eso aquella estadística los incluye. Cuando se mudaron , él y su padre restauraron con sus propias manos una casa antigua de ladrillos y machimbre grueso como las de antes. Entre otras refacciones, colocaron un techo de chapa para evitar las filtraciones.
Ahí funcionaba una remisería y en el cuarto que ahora ocupa de Aldo se recibían los pedidos de autos. En la planta alta instaló su estudio, donde diseñó los muebles de fenólico que en abril viajarán a Italia y que talló con la amoladora en forma manual en el taller de la planta baja,
El viaje a Italia, vía Santiago de Chile
En menos de un mes, Oriana lo llevará en auto desde Dina Huapi con destino a Osorno, al otro lado de la Cordillera de los Andes. Tras cruzar la frontera, en la ciudad chilena se subirá a un ómnibus rumbo a Santiago de Chile.
De allí volará a Milán, con un pasaje que pagó la mitad de lo que le hubiera costado si salía de Buenos Aires. Una vez allí, hará otros 20 km hasta Casorezzo, un pueblito antiguo de cinco mil habitantes donde alquilar un departamento por dos semanas le salió 900 euros, cuando en Milán le pedían 3.000.
Alquiló un pequeño auto para moverse: era más práctico y de valor similar a ir y volver en tren. ¿Y cómo viajarán los muebles? Lo acompañarán desarmados en el auto, el colectivo y en el avión, como equipaje sobredimensionado con pago extra.
-Se hacen planos, se encastran y se terminan de fijar con tornillos. Eso sí, llevo una mini atornilladora a batería para no desgastar la muñeca -explica Aldo y vuelve a reírse. En el audio se escucha de fondo el sonido del viento. Está en la calle, frente a su casa: le cambia un repuesto al auto, el Clío 2000 que lo lleva a todos lados. Cada vez falta menos para el viaje y la felicidad no le entra en el cuerpo.
La inspiración
Ocurrió en el verano del 2025, mientras caminaba con amigos en Ñirihuau, a cinco kilómetros de su casa pero ya en plena estepa patagónica, entre los arbustos bajos y los pastizales, los suelos arenosos y los cañadones de esa inmensidad árida y ventosa.
Como en tantas otras salidas, Aldo se maravilló con la magia de esos colores, las capas con los matices de tonos tierra que se escalonaban como las mesetas en el horizonte. Pero aquella vez, hizo algo más: sacó la libreta y el lápiz y trazó el boceto con ideas de muebles inspirados en lo que veía.
Meses después, cuando supo que era el tiempo de la postulación para en el Salone del Mobile durante la Milano Design Week, busco la libreta, desempolvó aquellos bocetos y se dispuso a producir. Si lo convencía el resultado, se presentaría.
Sabía que era una oportunidad única, que en esos días de exposición caminan reclutadores de empresas a la pesca de nuevos talentos con la misma naturalidad con la que él recorre la estepa. Y se propuso estar ahí, que vieran sus muebles, que supieran que él los imaginó y los hizo en un pequeño pueblo cordillerano a 12.000 km de distancia.
-El que no arriesga no gana -dice Aldo. Su colección Estratos empezó aquel día, en aquel trekking, mientras observaba los paisajes.
-Me gustó dejar un poco de lado lo digital y llevar todo más a mano, trabajar la madera, dibujar, usar mucho el lápiz. Traté de materializarlo gracias al fenólico, un material fabricado en capas de madera que generan esa representación de los estratos de la tierra -explica.
El resultado es una familia de productos que junto al realizador audiovisual Stefano Androetto colocaron en el mismo lugar donde nació la inspiración para las fotografías y el video: el banco, las mesas, la silla con respaldo alto, cada pieza integrada a la paleta de colores de ese rincón de la Patagonia y que parecen emerger de la tierra.
Las influencias
-Crecí muy influenciado por mi papá. Es artesano y creador de corazón. Desde chico lo veía trabajar con sus manos, transformar materiales y construir objetos. Creo que muchas de esas imágenes y aprendizajes quedaron guardadas en mí. Y que, con el tiempo, empezaron a aparecer de forma natural en mi manera de diseñar -dice Aldo.
Paradojas del destino, luego de recibirse de bachiller en el colegio San Patricio de Bariloche, de donde salió con el manejo del inglés que le permitió leer la carta a sus padres, optó por estudiar ingeniería mecánica en su ciudad natal. En pocos meses se dio cuenta: era todo demasiado estructurado para su vocación más profunda. “Esto no me gusta”, les dijo a sus padres. Y dejó. Fue su amigo Gaby el que puso luz en la nebulosa con una frase clave.
-Yo te veo más como diseñador industrial -le dijo una mañana.
-¿Qué es eso? -preguntó Aldo.
-Hacen cosas. Tengo un amigo en INVAP que estudió eso y hace cosas. Está contento.
-Qué copado -respondió Aldo y ni tardó mucho en decidirse a estudiar esa carrera que parecía justa para él. De las opciones universitarias disponibles, eligió Córdoba. Como es celíaco, ya tomaba fernet, pero allá bajó la proporción de gaseosa. Lo cuenta, claro, con una sonrisa, como también que con los amigos que hizo supieron distinguir siempre entre el día del boliche y los del estudio: Nico y Joaquín lo acompañaron toda la carrera hasta la tesis sobre mobiliario urbano.
Encontró en Córdoba las herramientas para potenciar lo que traía de fábrica y para eso exploró materiales, procesos y la relación entre lo artesanal y lo industrial. Y con eso salió a la cancha, convencido de que debía sumar a esa síntesis el espíritu del territorio donde transcurre su vida, esa geología patagónica que tanto lo influye: “Cada capa cuenta una historia», dice y se despide con una sonrisa. Ya es tiempo de volver al taller y empezar a tallar una nueva pieza.
Contacto: @aldo.mdo
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