De galpón a refugio soñado de 25 m2: la casa de Andrea quedó tan linda que ya es un boom  

Dos arquitectas jóvenes transformaron un depósito en Armstrong (Santa Fe) en un monoambiente lleno de luz, color e ingenio. Con bajo presupuesto, mano de obra familiar y reciclaje, lograron un diseño que impactó en las redes y revolucionó el día a día de su estudio.

Por Javier Avena

Andrea en su luminosa casa en Amstrong (Santa Fe) con Lupita, la más mimosa, a upa. Su hogar está en una zona agrícola a 95 km de Rosario.

¿Cómo transformar un galpón en un monoambiente de 25 metros cuadrados pleno de luz, calidez y colores? Andrea y Yamila encararon ese desafío profesional y encontraron la respuesta en tres meses de trabajo en Armstrong, una ciudad de 13.000 habitantes a 95 kilómetros de Rosario. Publicaron el video que mostraba todo el proceso y el resultado fue una avalancha: más de un millón de visualizaciones, 75.000 corazoncitos rojos y 2260 comentarios en apenas tres semanas. Como en el caso de Yesica y David o el de Antonella, son parte de una movida cada vez más convocante en la Argentina que propone reciclar esas antiguas construcciones. Ellas lo hicieron con su propio sello y el resultado está a la vista: no les podría haber quedado más lindo.


De trabajar en estudios a fundar el propio

Son arquitectas, son amigas, son socias. Andrea y Yamila se recibieron juntas en la Universidad Nacional de Rosario en 2022 y tuvieron sus primeras experiencias en estudios cada una por su lado, hasta que decidieron unirse para abrir el propio y desarrollar proyectos en la provincia de Santa Fe.

Cuando empezaron con los primeros en Armstrong, Bombal y Rosario, ya sabían que el interiorismo y el mundo de las reformas integrales les apasionaba. Había muchas chances de llevarlo a la práctica en la zona: casas, galpones y depósitos. Que hubiera un nicho en algo que les gustaba tanto era una oportunidad, pero nunca imaginaron que el proyecto para el monoambiente de Andrea les abriría una puerta tan grande para mostrar lo que hacen.

Un año y medio atrás, Andrea necesitaba encontrar un lugar para alquilar: quería independizarse, irse a vivir con sus gatos Lupita y Darwin. Pero todo lo que veía en Armstrong le resultaba demasiado caro o demasiado grande.

Fue entonces que su padre le dijo que si le gustaba la idea podía usar un sector de su galpón, de cinco por cinco metros para hacerse un pequeño departamento.

Antes. El galpón visto desde el patio antes del comienzo de las obras, ya con el pasto cortado. Funcionaba como depósito.

Después. Así brilla el patio hoy.

A partir de esa frase, todo se precipitó. Lo primero fue el entusiasmo: con el piso, las paredes y el techo resueltos, la inversión sería económica y la compensaría rápido con el alquiler que se ahorraría: cerraba por todos lados. Por si faltaba un detalle, tenía algo que soñaba: un patio.

–Al toque empecé a a pensar cómo podía ser, a diseñar el espacio y a buscar de dónde me iba a traer los muebles -cuenta Andrea una mañana de primavera, mientras disfruta del solcito en el patio y apura su café antes de salir rumbo a una de las obras que tienen en marcha.


Menos recursos, más diseño


El desafío ya estaba planteado. En ese galpón debían proyectar una casita monoambiente con bajo presupuesto, fieles a sus ideas: embellecer con poco lugares abandonados o apagados, transmitir vida, reflejar la personalidad de quien habita, ser funcionales, cómodos, luminosos, ventilados, dejar que entre el sol. Eso piensan. Eso hicieron.

Antes. El depósito cuando comenzaron las obras.

Después. Luz natural: con orientación norte, fue la clave para la onda cálida del monambiente. Un blackout lo oscurece cuando es necesario.


Como el ingreso al monoambiente es por un pasillo lateral con acceso al patio, decidieron traer de una casa abandonada esa gran abertura que reciclaron para el ingreso a la casa. Así la llenaron de luz natural.

–Parecía que estaba para tirarla a la basura, pero confíen, quedó increíblemente hermosa -dice Andrea.


Un mundo de 25 m²


Todas las aberturas fueron recicladas, como los muebles y mesadas de cocina. Mantuvieron el piso y fue necesario hacer instalaciones de cloacas, agua, gas y electricidad, albañilería, cielorrasos de durlock y pintura.

¿Cuál fue la inversión? De unos 7.000 dólares en abril de 2025, cuando arrancó la transformación que estuvo lista en julio de ese año.

El acceso al monoambiente.


-La distribución es muy cómoda. En el ingreso tenemos el comedor y el living integrado. En el lateral que da al pasillo ubicamos la cocina para que pudiera tener ventilación y estar vinculada con el garage en el frente. En el otro lateral, está el dormitorio. Y, enfrentado, el baño de 1,40 x 2,40 metros que construimos desde cero, con una puerta al interior -describen las arquitectas.

El baño, de 1,40 x 2,40 mts, lo único construído desde cero.

¿Cómo darle vida y personalidad al espacio? Se apoyaron en tres ejes: la luz natural que ingresa por su orientación norte, los colores distintivos en cada objeto y a las plantas, convencidas de que aportan mucho al diseño interior.


El dormitorio es uno de los rincones preferidos de Lupita.

Otro detalle contribuye a esa armonía: el mural del patio que pintaron amigos colombianos que estaban de paso. Las estrellas son los gatos: la mimosa Lupita que suele quedarse en casa y Darwin, el explorador incansable de los tapiales de los vecinos.


Los muebles y la abertura


Mientras avanzaban con el proyecto, Andrea y Yamila recordaron que en otra obra habían retirado los muebles de cocina y las mesadas porque los clientes querían modelos nuevos. Entonces, Andrea les preguntó si los podía comprar para restaurarlos.

-Me los vendieron a muy bajo costo y me quedaron exactamente de las medidas que necesitaba -relata.

La cocina. Ubicada en el lateral opuesto al del dormitorio para garantizar una buena ventilación.

Dos grandes protagonistas de la obra: el ayudante más mimado (el sobrino de Andrea) y la abertura que restauraron.

La abertura estaba muy deteriorada, pero salió al rescate: la tenía entre ceja y ceja desde que la vio en una casa abandonada que se iba a demoler.

-Era superpesada y todos me decían que hiciera una nueva, pero yo les respondía que no, que quería esa, que pintándola y con un poquito de amor iba a quedar espectacular. Conseguí alguien que la trajera y la restauramos. Limpiamos los vidriecitos de colores y los pegué. Mi papá y mi mamá la lijaron toda y la pintaron. Y quedó así de linda -relata.


Mano de obra familiar


Ahora que todo terminó y ya está instalada, Andrea rescata la ayuda enorme con la que contaron. Además de sus padres, se sumaron amigos, hermanos, cuñados, sobrinos y su novio.

–Hubo un día en que éramos como 15 acá adentro: unos pintaban, otros limpiaban o pegaban vidrios, otros ponían las luces. Fue hermoso ver eso -dice y agrega que esa mano de obra casera fue clave para bajar los costos.


Familia y amigos se pusieron la obra al hombro.

Chin chin. El brindis para celebrar con su novio.

Cuando estuvo listo lo indispensable, se mudó la misma noche que terminaron de pegar los vidrios de la famosa abertura. Con el correr de los días, le dio los toques y la decoración que quería para que tomara la forma que ahora disfruta cada día. Pero aunque faltaban tantos detalles, nunca olvidó la felicidad que sintió la primera mañana que se despertó en su lugar en el mundo.


Las arquitectas

Andrea Marconi Czop y Yamila Olivieri se recibieron en la Universidad Nacional de Rosario en 2022. Tras sus primeras experiencias individuales en estudios de arquitectura, se unieron para crear el suyo.

Yamila y Andrea.

Hoy, su radio de acción en la provincia de Santa Fe abarca Armstrong, Bombal y Rosario y zona de influencia en forma presencial y con dirección de obra. Y se extiende a otras ciudades y provincias en forma virtual. Se especializan en reformas e interiorismo.

La viralización del video en el que mostraban el paso a paso de la transformación del galpón en la casa de Andrea en Armstrong generó una oleada de consultas de potenciales clientes.

Otro gran detalle de la historia: Andrea editó el reel una tarde y le consultó a Yamila si le parecía bien que lo subieran para mostrar lo que hacen y ver si podían sumar algún nuevo proyecto. Estuvo de acuerdo.

En el segundo contacto, Andrea le dijo a su socia que no estaba convencida de cómo había quedado, que se había olvidado de decir algunas cosas, que prefería diseñar a editar. «Subilo así, está muy bueno», dijo Yamila. Y lo publicaron. «Fue impresionante lo que generó, aun hoy nos cuesta creerlo», dice Andrea.

Contacto: @pulso.estudio.arq


Dónde está la casa

Esta historia transcurre en Armstong, al sudoeste de la provincia de Santa Fe, una ciudad ubicada en la intersección de la Autopista Rosario Córdoba con la Ruta Nacional 178. Está a 214 km de la capital provincial, 95 km de Rosario y a 20 km de Cañada de Gómez. Es una zona conocida por su actividad agrícola y la fabricación de maquinaria agroindustrial.


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Andrea en su luminosa casa en Amstrong (Santa Fe) con Lupita, la más mimosa, a upa. Su hogar está en una zona agrícola a 95 km de Rosario.

¿Cómo transformar un galpón en un monoambiente de 25 metros cuadrados pleno de luz, calidez y colores? Andrea y Yamila encararon ese desafío profesional y encontraron la respuesta en tres meses de trabajo en Armstrong, una ciudad de 13.000 habitantes a 95 kilómetros de Rosario. Publicaron el video que mostraba todo el proceso y el resultado fue una avalancha: más de un millón de visualizaciones, 75.000 corazoncitos rojos y 2260 comentarios en apenas tres semanas. Como en el caso de Yesica y David o el de Antonella, son parte de una movida cada vez más convocante en la Argentina que propone reciclar esas antiguas construcciones. Ellas lo hicieron con su propio sello y el resultado está a la vista: no les podría haber quedado más lindo.

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