Arte y realidad en la era digital

Con unas búsquedas en Google se descubre la dirección, las fotos privadas uelgan en facebook y Amazon sabe todo lo que compro. En estas condiciones, ¿qué sigue siendo privado? Los filósofos y artistas buscan dar respuesta a este tema central de nuestros tiempos.

Por Redacción

En el museo, una cama revuelta: botellas vacías de licor, unas medias del revés, paquetes de medicamentos, condones usados y un muñeco de peluche… Cuando la artista británica Tracey Emin declaró “obra de arte” en 1999 su cama y la expuso en una galería de Londres, puso de manifiesto un tema de amplia discusión en la actualidad: el final de la privacidad.

Ha cambiado el significado de lo privado, señala la profesora Beate Rössler, autora del libro “Der Wert des Privaten” (El valor de lo privado). Antes de la invención de Internet, cuando se hablaba de estar “en casa”, esto se entendía por oposición a estar “en la calle”. La generación del 68 consideraba además que lo privado era “político”. En opinión de esta profesora de filosofía que enseña en Ámsterdam, hoy habría que redefinir el término: “lo privado son las informaciones sobre mí misma que yo controlo”.

“Si supiéramos todo de todos”, señala, entonces “la sociedad se ahogaría”. No habría espacios para que el individuo se moviera y tomara diferentes roles según su interlocutor. Si es cierta la tesis de que “lo privado ha muerto”, eso significa que hemos perdido sobre todo autonomía. Por eso, Rössler cree que es un tema que afecta a la sociedad como un todo.

En la sala de exposiciones Schirn, en Fráncfort, se exhibe hasta febrero una muestra dedicada a lo privado en el arte. Un total de 30 artistas abordan “las frágiles fronteras entre lo público y lo privado”. La curadora, Martina Weinhart, ha estudiado la exhibición pública de hechos privados a partir de 1950.

En 1960, Andy Warhol filmó a un amante mientras dormía, y Stan Brakhage el nacimiento de su primer hijo. En los 70 y 80, la exposición de lo privado se utilizaba sobre todo para hacer una crítica a la sociedad. Richard Billingham fotografió a sus padres alcohólicos, Leigh Ledare a su madre teniendo relaciones sexuales con jóvenes amantes. En 1999, Tracey Emin creó con “My Bed” “un ícono de la era post-privacidad”, según Weinhart.

Pero aquello que los artistas avanzaban se ha vuelto normal con facebook y YouTube: la publicidad de los hechos privados. Ya no se trata de arte, pero los artistas reaccionan ante esta tendencia, y hacen arte con las revelaciones de otros. Por ejemplo, Mark Wallinger pesca de la red fotos de personas dormidas en el transporte público hechas con móviles, y el colectivo artístico belga Leo Gabin trabaja con cortes de videos colgados online.

No siempre la “muerte de lo privado” se ve de manera negativa. Christian Heller, autor del libro “Post-Privacy”, asegura que se puede vivir “perfectamente sin esfera privada”. A su vez, Kathrin Passig, autora con Sascha Lobo de “Internet: ¿bendición o maldición?”, cree que la respuesta a ello depende de las experiencias que se hayan tenido en la red.

Su opinión personal es que “no pasa nada grave”. Hace 15 años, Passig escribió un libro sobre sadomasoquismo y quien buscara podía encontrar fácilmente su número de teléfono.

El que tenga miedo de dejar demasiadas huellas en Internet puede evitarlo, señala el psicólogo Christoph Engemann, especializado en identidad digital. Antes, las puertas protegían los muros de la privacidad. ¿Cuáles son las cortinas del mundo digital? “En la red, lo privado significa que no se pueda leer, hacerse ilegible”, asegura Engemann.

Y eso es justamente lo que evita a toda costa el artista más conocido de la exposición en la sala Schirn: Para el chino Ai Weiwei, los blogs y tuits son a veces su única forma de libertad. Los comentarios sobre asuntos personales de este crítico del régimen de Pekín son en opinión de los organizadores de la muestra incluso una nueva forma de arte, una “escultura social del siglo XXI”.

dpa


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