A esquiar con tapabocas, control de temperatura y equipos desinfectados

Los cerros presentaron sus protocolos para operar. Si hay luz verde de las autoridades sanitarias, empleados y esquiadores usarán barbijos, guantes y antiparras, habrá menos pasajeros en los medios de elevación, 1,5 m de distancia en las filas y se alentará la venta on line.





En las sillas cuádruples irán dos esquiadores. Foto: Patricio Rodríguez

En las sillas cuádruples irán dos esquiadores. Foto: Patricio Rodríguez

Los centros de esquí de la región presentaron sus protocolos tras consultas con especialistas y aguardan el visto bueno de las autoridades. Aunque no hay certezas sobre si podrán abrir en la temporada invernal, apuestan a una flexibilización progresiva de la actividad.

Las medidas de prevención establecen tres metros de distancia entre vehículos en el estacionamiento, controles de temperatura y consulta sobre síntomas en los accesos. Proponen evitar las filas y que haya un metro y medio de distancia entre personas cuando son inevitables e incentivar la venta online.

En cuanto a los medios de elevación, subirá un pasajero en las sillas dobles, dos en las cuádruples y uno en las telecabinas cerradas excepto grupos familiares o de amigos. Habrá un metro y medio de distancia entre esquiadores en las magic carpets (cintas transportadoras).


Visitantes, personal del cerro y de las áreas de servicios utilizarán tapabocas, guantes, máscaras o antiparras. Se desinfectarán los tablas y los bastones que devuelvan los esquiadores, que dejarán sin tomar contacto con los empleados. Habrá alcohol en gel en sitios estratégicos.

A la hora de comer, los paradores reducirán su capacidad en un 50 % y se darán turnos. “Nuestra idea es que haya un servicio de comidas rápidas, para que los clientes pidan y pasen a buscar sin quedarse”, explica Agustín Neiman, gerente general de Chapelco.

Si bien reina la incertidumbre sobre si habrá o no temporada y cuándo podría comenzar en el caso de que se permitiera, los cerros decidieron avanzar en la elaboración a la espera de que las autoridades sanitarias den luz verde para poder operar.

Los equipos serán desinfectados y los esquiadores los dejarán sin que los reciban los empleados.

No es el caso de Las Leñas (Mendoza) que ya comunicó que no abrirá este invierno. Al ser un enclave en la cordillera alejado de ciudades y centros de salud, eso sumaba un factor de complejidad alto. Y La Hoya (Esquel, Chubut) informó que por el momento no están dadas las condiciones para abrir.


En una ciudad de 43.000 habitantes, son 1.244 las familias que encuentran su sustento en el movimiento turístico, un ejemplo a escala de la importancia de la actividad en la cordillera y de los centros de esquí como factor dinamizador de su economía.

Y si es un momento en la industria donde se monitorea la situación minuto a minuto y el panorama puede cambiar de un día a otro, el turismo de cercanía asoma como la clave en el año de la pandemia.
“Aspiramos a contar con la autorización para que los chubutenses puedan circular por la provincia y así favorecer la apertura de La Hoya”, señala Mariano Riquelme, secretario de Turismo de Esquel.

Una ciudad en la nieve

En el caso del cerro Catedral en Bariloche (es el más grande de Sudamérica) a diferencia de otros centros de nieve de Argentina, hay una gran cantidad de prestadores independientes que en conjunto atienden al público visitante para satisfacer sus diversas necesidades.
Por ese motivo, la Asociación Empresarial Cerro Catedral con el asesoramiento de un especialista en infectología diseñó un protocolo con el objetivo de que sea respetado por todos.

“El acatamiento a estas recomendaciones y su puesta en práctica con el control de las autoridades responsables será fundamental para el logro del objetivo deseado que es el de minimizar la posibilidad de contagio de esta enfermedad”, señala el reporte de la entidad. El protocolo toma recomendaciones que podrían ser modificadas o actualizadas aun durante la temporada invernal.

Los cerros neuquinos


En el caso de Chapelco en San Martín de los Andes, los empleados que ponen a punto del cerro, cada mañana se toman la temperatura y la informan en el grupo de Whatsapp.

Si alguno de ellos supera los 37,5 grados, no concurre a trabajar y se activa el protocolo médico. “Esto no significa, claro, que tenga el virus, pero necesitamos descartarlo y saber qué tiene antes de reincorporarse”, explica Agustín Neiman.

A las antiparras habrá que sumar tapabocas.

“Apuntamos a que cuidarnos sea una responsabilidad compartida entre los empleados, el cerro y los turistas”, agregó. El centro de esquí ubicado a 19 kilómetros de San Martín de los Andes elaboró el protocolo con Cerro Bayo (Villa La Angostura) y Cerro Caviahue.

Como en el caso de Esquel, la expectativa en Chapelco es que haya una flexibilización paulatina que comience el permiso de la circulación de los habitantes de Neuquén y que luego se pueda extender a todos los del Alto Valle en una escala progresiva. “Eso sería muy importante”, dijo Neiman.


Esa es la temporada que se viene, si es autorizada. Sin visitantes extranjeros, con los residentes en las ciudades primero y luego los de la provincia. Y, más tarde, quizás los de provincias con situaciones sanitarias similares. Sin dólares ni reales. Con muchos menos ingresos que en 2019, pero mucho más que cero.

Los seis pilares de la temporada

Los plantea el protocolo presentado por la Asociación Empresaria Cerro Catedral con la supervisión del doctor Carlos Barclay.
- No ir a trabajar enfermo.
- Respetar la distancia social de 1,5 metros.
- Cumplir con las medidas de protección personal (barbijo y máscara o antiparra).
- Higiene de manos rigurosa y frecuente, siempre contando hasta 20.
- Higiene del ambiente de trabajo con los elementos recomendados.
- No compartir vasos, mate y cubiertos.


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