Bajar al mar en Las Grutas: riesgoso para todos, pero casi imposible para personas con discapacidad

Todas las bajadas a las playas de la villa balnearia presentan riesgos, pero son aún más complejas para las personas mayores, o con discapacidades motrices o visuales.





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Escalones cortitos donde no entra todo el pie. Con una distancia mínima entre ellos, y sin descansos. O separados de tal forma que, entre paso y paso, hay que levantar muchísimo las piernas. Escaleras sin barandas. O colocadas por tramos, y en una sola pared. Rampas terminadas en un escalón, que, en lugar de ayudar al descenso, provocan accidentes. O son tan empinadas que dan vértigo. En cada una de las bajadas céntricas de Las Grutas, llegar al mar es una misión riesgosa. Y, para muchos, directamente imposible.


“Tenemos lugares lindos y queremos disfrutarlos. Pero se nos imposibilita. Y no poder llevarlo al mar te frustra. A veces quisiera que realmente existiera empatía, para que nuestra vida se hiciera más fácil. Porque si el descenso a la playa es traumático el nene llega nervioso, tenso. Y la salida deja de ser placentera. Tenés que esperar un rato para que vuelva a estar bien. Y a veces eso no se logra, y nos tenemos que volver”.

La que habla es Mayra Hoquart, mamá de Valentín, un niño de 11 años que tiene parálisis cerebral y se moviliza en silla de ruedas.

“Desde que es bebito visitamos el balneario y nos conocemos todas las bajadas. Rampas casi no existen. Y las dos que hay no me dan seguridad. Por eso descartamos bajar con Valen en la silla. Lo bajamos alzado, mientras la silla la lleva otro. Así y todo, da miedo. Porque los escalones son cortitos y podés resbalarte. En la primera bajada un día estuve a punto de caerme con él a upa”.


La mujer, que vive en San Antonio, por estos inconvenientes optó por llevar a su hijo a lugares sin acantilados, como Piedras Coloradas (que queda a 5 km al sur del centro grutense) o a balnearios sanantonienses como La Mar Grande. “Pero ir a las playas de la costanera de Las Grutas debería ser accesible para todos” reflexionó, dolida.


“Hay que pensar en la funcionalidad” opinó, por su parte, Cristian Alonso, que es disminuido visual y tiene problemas motrices. “Acá las pocas rampas que existen están hechas para autos. Entonces terminan en un desnivel, y si bajás te tropezás o pegás el salto. Y en el caso de las escaleras que bajan al mar sus escalones no respetan la medida estándar, porque no te entra el pie entero. Además, las barandas no existen, o no son dobles, como deberían. Y así, uno pierde la autonomía que tendría que tener para manejarse a la hora de descender a la playa. Y eso no es cualquier cosa. Porque depender de la buena voluntad del otro también te quita dignidad como persona. O dejas de hacer cosas para evitarte el disgusto, o de visitar lugares porque te da un stress enorme hacerlo” se lamentó el joven.


Condicionarse, sin embargo, dejó de ser una opción para él desde que se convirtió en papá. “Ahora mi hijo tiene 3 años, y cuando lo traigo a Las Grutas me veo afrontando exigencias o riesgos que no tomaría. Porque el nene se “manda”, y si se largó por una escalera que no tiene baranda lo tengo que seguir, porque es preferible que me caiga yo o que tenga que subir en cuatro patas antes de que le pase algo a él” graficó Cristian, risueño.


Las dificultades que poseen las bajadas, que tienen fallas estructurales y de diseño en su mayoría, no sólo son un riesgo para los que tienen algún problema motriz o discapacidad. Mauro Scalesa, que es guardavidas y coordina la labor de sus pares durante la temporada, detalló los problemas que se ven en las que llevan a las playas más populares.


“En la segunda bajada tenés que ser maratonista para descender porque la escalera no tiene descanso, y te deja muy agitado. La de la primera es como un embudo en horas pico, y la gente se queda varada en los primeros tramos de las escalinatas. Y la tercera, que supuestamente es la más inclusiva, también es la que más accidentes ocasiona. Porque tiene una rampa que viene con una pendiente y termina en otra, y, al bajar, la gente se patina y cae, por eso ahí hemos tenido hasta fracturas de cadera”, enumeró Mauro


“Hace años, cuando Las Grutas fue creada, estos accesos se hicieron de la forma en la que nuestros antecesores pudieron. Pero ahora hay que tener otra visión. La geografía del lugar es complicada, pero hay que lograr que las playas sean accesibles para todos. Porque todo el que llega debería tener la posibilidad de disfrutar” reflexionó el guardavida.


Los problemas y las posibles medidas para abordar el tema

* En las bajadas que existen a lo largo de la costanera, que incluyen las que van desde la 1º a la 7º y las que se extienden desde la bajada Pewans hacia el acceso norte del balneario, como la de Los Acantilados, Terraza al Mar y La Rinconada, existen sólo dos rampas.

-Una rampa, ubicada en la 1ª bajada, es definida como “muy empinada” por las personas que poseen discapacidad motriz y sus familiares. Por ella tampoco se puede descender con sillas anfibias. Además, no siempre cuenta con su baranda en condiciones. Hay momentos en la que falta por tramos, o, directamente, no está, debido a que las labores de mantenimiento se distienden a lo largo del año.

-La otra rampa, ubicada en la 3º bajada, culmina con un desnivel. “Muchos accidentes se produjeron allí, incluso fracturas de cadera” manifestó Mauro Scalessa, el coordinador de los guardavidas. “Es que está diseñada para autos en realidad” aportó Cristian Alonso, un joven disminuido visualmente con problemas motrices.

- ¿Existe un ránking de bajadas en malas condiciones o diseñadas de modo poco funcional?  Los vecinos y turistas consultados por Río Negro coincidieron en que en la mayoría de ellas los escalones están mal ideados. Entre las más criticadas están Terraza al Mar, la de la 1º bajada, la de la 3º y la de la 2º. Aunque la mayoría carece de accesibilidad y posee problemas estructurales.

-La buena noticia es que el tema del estado de las bajadas y su accesibilidad sería abordado, en breve, por las autoridades municipales. “Me convocaron para que les cuente mi experiencia y realice aportes de las vivencias que deja el trato con el público cada temporada, cuales son los inconvenientes y demandas. Así que la idea de encarar esta problemática está vigente. Y eso es un gran paso” manifestó el guardavida Mauro Scalesa


Sillas anfibias, una excelente opción

Una excelente incorporación para que puedan disfrutar del mar los niños o adultos que cuenten con alguna dificultad motriz es la de dos sillas anfibias, que están diseñadas, justamente, para ingresar al agua y gozar de la experiencia sin problemas.

Las sillas fueron donadas al municipio por una empresa a mediados del mes pasado, y se encuentran a disposición del público en la tercera bajada, estacionadas frente al puesto de Prefectura. Los que quieran solicitarlas para su uso deben justamente dirigirse a Prefectura y, desde allí, activarán el mecanismo para que los guardavidas se ocupen de completar el proceso.

“Sólo les pedimos que nos digan en qué sector van a estar para que se las entreguemos a préstamo por unas horas. Si la demanda no es alta durante ese día se las pueden quedar toda la jornada de playa” manifestó Mauro Scalesa, el coordinador de los guardavidas.

Desde su llegada, las sillas tuvieron una alta demanda, y permitieron que muchos disfrutaran a pleno del agua.

“Antes nos habían donado otras dos sillas pero que quedaron obsoletas. Tenían otro sistema. Y hace dos años Lotería de la Provincia entregó otras dos, pero que son para traslado en la playa, y no para ingresar al mar. Así que esta donación fue más que bienvenida” apuntó Mauro.


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