Bariloche: La muerte de Jonathan fue por un disparo imprudente

Procesaron a un adolescente por el homicidio culposo de su amigo en la víspera a la Navidad. Con el mismo disparo hirió a otro.

Por Redacción

INVESTIGACIÓN

“Dale, pegame un tiro, dispará” le dijo, en broma, Jonathan Maximiliano Ramírez a su amigo de 17 años que manipulaba un arma de fuego. El adolescente no sabía que estaba cargada. Segundos después, un proyectil atravesó el pecho de “Maxi”. La misma bala impactó además a la altura de la clavícula izquierda de Daniel Marinao, que estaba en la habitación. Los tres amigos salieron a la calle a pedir ayuda para Daniel, porque sangraba. No advirtieron que Ramírez había sido herido de muerte hasta que el joven se desplomó sobre la calle Las Lengas del barrio Arrayanes.

La autopsia estableció que Ramírez murió a raíz de una herida de arma de fuego. El proyectil ingresó por la zona del hemitórax izquierdo con orificio de entrada y de salida por la espalda del joven.

El fiscal Eduardo Fernández promovió la acción penal e imputó al adolescente de 17 años el delito de homicidio simple con dolo eventual y de lesiones culposas. Sin embargo, el juez de Instrucción Bernardo Campana dictó el procesamiento del muchacho por el delito de homicidio culposo y de lesiones culposas, informaron fuentes judiciales. Además, el juez dispuso que el adolescente quede bajo la guarda de su madre y a disposición del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia para que articulen el programa o tratamiento correspondiente. El fallo de Campana se dictó el 1 de enero pasado, pero trascendió este jueves.

El hecho ocurrió la mañana del 24 de diciembre pasado, en una habitación de la casa ubicada en Las Lengas al 900 del barrio Arrayanes. El adolescente estaba solo, porque su madre y su padrastro habían salido.

Jonathan y Daniel llegaron a visitarlo. Según las fuentes, uno de los visitantes extrajo un arma de fuego y se la pasó al adolescente, que comenzó a manipularla sin advertir que estaba cargada. En esas circunstancias salió el proyectil que mató a Ramírez y lesionó a Marinao.

Los tres salieron a la calle en busca de ayuda. Pero en el trayecto, Ramírez cayó al suelo y murió cerca de una despensa.

Un vecino avisó a la Policía y dos agentes de la comisaría 28 llegaron al lugar donde hallaron al joven que agonizaba. Los policías dialogaron con el adolescente que estaba muy nervioso y que relató a los policías lo que había ocurrido. Mientras Marinao se había marchado en un vehículo que lo llevó hasta el hospital zonal, donde quedó internado y días después declaró. El arma de fuego nunca apareció.

Para Campana, los testimonios y pruebas recolectadas indican que no tuvo intención de matar a su amigo. “No obró con dolo pero sí lo hizo con culpa, el resultado ocurrió por su imprudencia”, sostuvo el juez en el procesamiento.

DeBariloche


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